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Comunidad Valenciana

Catalá (PP) encarga a un exdirigente del PSOE crítico con Mazón el plan del futuro de Valencia

El nombramiento de Joan Romero genera malestar interno en el PP en pleno ascenso de Vox en las encuestas

Catalá (PP) encarga a un exdirigente del PSOE crítico con Mazón el plan del futuro de Valencia

María José Catalá, este lunes en Valencia. | Rober Solsona (Europa Press)

El Ayuntamiento de Valencia, gobernado por el PP y Vox, ha nombrado al exlíder de los socialistas valencianos, Joan Romero, como director del Plan Director del Área Metropolitana. El anuncio, realizado este lunes por la alcaldesa María José Catalá, sitúa al frente de uno de los principales proyectos estratégicos a un histórico dirigente socialista con una trayectoria política intensa, convicciones catalanistas explícitas y críticas públicas al expresidente de la Generalitat, Carlos Mazón.

El nombramiento ha generado sorpresa e incluso estupefacción en sectores del propio Partido Popular en la ciudad. Varios cargos consultados admiten en privado su desconcierto: «No se entiende que se coloque al frente de un plan estructural a alguien que ha estado atacando al presidente del partido», señala un dirigente local. Aunque Romero ya no ocupa responsabilidades orgánicas en el PSOE, su posicionamiento público reciente sigue muy presente en la memoria política del partido.

Las críticas a Mazón

Por ejemplo, tras la dana que asoló parte de la provincia de Valencia, Romero fue especialmente crítico con el expresidente de la Generalitat Valenciana y máximo dirigente del PP de la Comunidad Valenciana, Carlos Mazón. Acusó al entonces jefe del Consell de intentar desprestigiar organismos del gobierno como la AEMET y enmarcó esa actitud en lo que denominó «negacionismo estructural» al cambio climático. Según su análisis, existía una estrategia consistente de descrédito de universidades, investigadores y ciertos medios de comunicación por parte de Mazón.

Cuando fue preguntado por si el entonces presidente debía haber dimitido tras la riada afirmó que él no habría podido dormir si hubiese sido consciente de no haber estado a la altura y de que una decisión diferente pudiera haber evitado víctimas. Incluso relató un episodio familiar para ilustrar la trascendencia de las decisiones adoptadas ese día.

Estas declaraciones son recordadas por representantes del PP que consideran contradictorio que el Ayuntamiento confíe ahora en quien cuestionó de forma tan directa al máximo responsable institucional del partido en la autonomía. No se trata, por tanto, de un perfil técnico sin posicionamiento público, sino de una figura que ha intervenido activamente en la crítica política al expresidente autonómico del mismo partido que gobierna la ciudad.

Convicciones catalanistas

Joan Romero, originario de Albacete, fue consejero de Educación y Ciencia en la Generalitat (1993-1995) y secretario general del PSOE valenciano entre 1997 y 1999, siendo el principal líder de la oposición de las políticas del PP durante el gobierno de Eduardo Zaplana. En sus tiempos como consejero de Educación, Romero impulsó las políticas de equiparación del valenciano con el catalán, promoviendo la unidad lingüística y la homologación de los títulos académicos del catalán al valenciano, de forma que se daba legitimidad de convalidación a los títulos universitarios cursados en catalán con los diplomas equivalentes obtenidos en valenciano.

En esa etapa también se encargó de subvencionar a las entidades pancatalanistas arraigadas en suelo valenciano, como las del empresario y editor, Eliseu Climent, que recibió cientos de miles de pesetas, hoy decenas de miles de euros, para el ejercicio de sus actividades de proselitismo de los ‘países catalanes’ como puede verse en la imagen inferior. La llegada del diplomático valenciano del PP Fernando Villalonga, como sucesor, al frente de dicha consejería acabó con unas políticas que habían generado un amplio rechazo social.

Su liderazgo al frente de los socialistas valencianos terminó de manera abrupta. En marzo de 1999, Romero dimitió como secretario general y como candidato tras sentirse desautorizado por Ferraz, que modificó de forma sustancial las listas electorales que él había propuesto. La votación evidenció una profunda división interna en el socialismo valenciano. Romero denunció entonces que las candidaturas respondían a la «suma de estructuras tribales» y se negó a ejercer como «secretario general subalterno». El PSOE valenciano quedó en manos de una gestora a tres meses de las elecciones donde el PP de Zaplana arrolló con mayoría absoluta.

Es autor de varias obras como Los límites del territorio: El País Valenciano en la encrucijada, un libro que hace uso no de la denominación oficial de la Comunidad Valenciana sino que recurre a la fórmula que emplean quienes defienden la idea de los países catalanes.

Un momento político delicado

La decisión de la alcaldesa de Valencia no se produce en un momento fácil. A menos de un año del arranque de la precampaña municipal de 2027, distintos sondeos sitúan a Vox en crecimiento en la capital valenciana, con la posibilidad de ganar hasta dos concejales más, mientras el PP podría perder uno respecto a la actual corporación.

En ese contexto, algunos cuadros populares temen que decisiones como la de este lunes alimenten el discurso de Vox y refuerce su narrativa de que el PP diluye su perfil ideológico haciendo las mismas políticas que la izquierda. «Con Vox creciendo, no parece la mejor idea darles munición», resume otro miembro del PP. Existe además el temor de que decisiones de este tipo no movilicen al votante tradicional del PP y puedan favorecer la abstención en un electorado que exige coherencia ideológica.

El nombramiento de Romero se suma a otro asunto sensible en la ciudad de Valencia: en junio Valencia acogerá una nueva edición de los Gay Games, un evento impulsado por el anterior gobierno de izquierdas y que el actual ejecutivo del PP ha decidido mantener y promocionar.

Para parte del electorado conservador, estas decisiones dibujan un patrón de continuidad simbólica con la etapa anterior de la izquierda. Mientras Vox intensifica su discurso identitario y cultural, el PP parece optar por una estrategia de transversalidad ideológica.

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