El «jodido» regalo de Salazar a Alegría y la comprensión de Moncloa
Fue «el Moranco», y no Koldo, el cuarto miembro del ‘sanedrín’ que encumbró a Sánchez en las primarias

De izquierda a derecha: Santos Cerdán, José Luis Ábalos, Cristina Narbona, Iván Redondo y Francisco Salazar.
Cuentan en el PSOE que cuando se desterró a Paco Salazar al Hipódromo de la Zarzuela tras la caída de su jefe en Moncloa, Iván Redondo, hizo llevar varios televisores a su despacho para poner todos los programas informativos de la mañana —emulando sus usos y costumbres en Moncloa como director adjunto del Gabinete del Presidente—, y que seguía ejerciendo de facto como gurú demoscópico de Sánchez, que le llamaba constantemente para ver cómo iban las tendencias de voto. La de Salazar era una inteligencia natural, no académica, basada en el olfato y la experiencia, y a Pedro Sánchez le daba tranquilidad.
De la misma forma en que muchos quieren olvidar que a Pilar Alegría la promovieron Santos Cerdán y Óscar López, —y que incluso hicieron circular su nombre en la campaña del 2023 antes de que la campaña del Perro Sanxe comenzara a funcionar—, nadie quiere recordar ahora que Salazar fue la mano derecha del gurú Redondo, y que este tándem fue el artífice de la victoria de Salvador Illa el 14-F de 2021, gracias al desembarco de dos altos cargos del Gobierno durante una semana entera en la recta final de la contienda. Cosas de la política: nadie cuestionó la utilización de fondos y cargos públicos para cuestiones de un partido que ni siquiera era el PSOE (el PSC tiene órganos y estatutos distintos). Ni siquiera cuando la señal de televisión realizada desde la sede del PSC enfocó deliberadamente a Redondo y Salazar durante el discurso de Illa justo en el momento en que agradecía sus servicios. Sic transit gloria mundi.
Fue Salazar, y no Koldo, el cuarto miembro del sanedrín que encumbró a Pedro Sánchez en las primarias, aunque ya por entonces las feministas del PSOE le llamaban «el Moranco», y a ese grupo, «el clan de los machirulos». Si Ábalos era el del control orgánico, y Santos el de la intendencia, Salazar era el de las encuestas, el que olía las tendencias de voto y diseñaba las estrategias. Por ello, su exilio temporal duró apenas un año. En agosto del 2022 volvió a Moncloa bajo el paraguas de Óscar López para trabajar de nuevo en el oscuro objeto de deseo de Pedro Sánchez: las encuestas. En un Gobierno que se ha ido descapitalizando poco a poco, Sánchez le eligió como adjunto a la Organización del partido para tutelar a una mujer —la actual secretaria de Organización, Rebeca Torró— en un momento de crisis de fe en el feminismo socialista. Una operación interna dirigida por sus propios colaboradores frustró su entrada en Ferraz y motivó su dimisión en Moncloa, permitiendo que entrara en su lugar Antonio Hernando, el número dos de Óscar López, que un año atrás se reunió con Leire Díez en Ferraz para recoger un pendrive con información de las saunas de Sánchez, pendrive que nunca entregó a Sánchez.
Cuentan también en el PSOE que «Pedro ya sabe que Antonio y Óscar le han intentado hacer la cama para heredar las ruinas del sanchismo», y que ello ha motivado su salida del foco del Gobierno. López estaba llamado a ser «el portavoz natural», sustituto de Pilar Alegría tras asumir la candidatura en Aragón; no en vano fue él el primer ministro que amplificó el bulo de la bomba lapa y el supuesto magnicidio contra el presidente después de la flamante candidata aragonesa. Pedro Sánchez les pilló la matrícula y nombró a Elma Saiz, con la mala suerte de que, además de amiga de Cerdán, era la consejera navarra que aprobó los Presupuestos autonómicos a través de los cuales se forzó el retraso en la jubilación del presidente de la mesa de contratación de los túneles de Belate. Ya es casualidad.
«Salazar no miente, está muy jodido»
Cuando el pasado jueves Paco Salazar afirmó que nadie en el Gobierno le pidió su dimisión y que lo hizo motu proprio por su familia, decía la verdad. Cuentan en Moncloa que cuando se airearon las denuncias internas de mujeres que llevaban años sin denunciar, hubo miembros del núcleo duro de Pedro Sánchez que abogaron por «aguantar» y mantenerle en el puesto, recelosos ante una evidente campaña de «fuego amigo». Pero, efectivamente, fue Salazar quien, unas horas después de su señalamiento, presentó su dimisión al presidente del Gobierno. «Salazar no miente», me dicen desde Moncloa. Y tampoco miente en que Pilar Alegría no le recriminó su actitud con las mujeres, como aseguró el PP, en la comida que mantuvo con él tras su salida y que publicó Artículo 14. Esta es la afirmación «más grave» que, a juicio de Moncloa, dejó Salazar encima de la mesa. A 24 horas del cierre de campaña en Aragón, el ex gurú electoral de Sánchez le dejó un regalo a su amiga Pilar Alegría, la única que le defendió a la entrada de ese Comité Federal en el que nunca tomó posesión y luego se rectificó a sí misma.
No ha sido esta una vendetta, explican en Moncloa, sino una constatación de su penosa situación. «Salazar está muy jodido. Toda su vida ha sido el PSOE» y el destierro actual no es temporal sino definitivo. Ha vuelto a Dos Hermanas, al lugar donde empezó todo, con la cabeza gacha y la traición en los costados, animado por sus amigos, los otros de los outsiders a quienes Pedro Sánchez debe su victoria en las primarias del 2017, como Quico Toscano o el alcalde de Jun. El reguero de cadáveres es alargado: Ábalos, Cerdán, Koldo, Salazar… Es el cuarto jinete del apocalipsis, otro más que conoce todos los secretos de Sánchez y que, según Ferraz, no está perpetrando una venganza: «Está jodido, pero no está jodiendo».
Pilar Alegría tuvo que dedicar ayer su última jornada antes de las elecciones del domingo a negar la supuesta participación de Salazar en su campaña. Y, al menos esta vez, Alegría no miente. Salazar no ha participado en su campaña porque es tóxico en el partido. Por eso, con nadie ha podido compartir su pronóstico: que Pilar Alegría es la siguiente achicharrada, que el PSOE consolida su caída libre, que Vox le pisa los talones en las ciudades de Zaragoza y Teruel, y que ello anticipa un efecto dominó de derrotas ante las siguientes citas en el calendario: Castilla y León y Andalucía. La portavoz gubernamental del sanchismo encarnará la derrota que tiene el nombre de Pedro Sánchez; otra candidata inmolada, y otro colaborador sacrificado mientras el PSOE calla en público y brama en privado: «¿Hasta cuándo más va a durar esto?».
