Excusas protocolarias y gasto militar: los entresijos de la exclusión europea de Sánchez
El presidente español es considerado «tóxico» en la UE tras la regularización masiva de inmigrantes

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, a su llegada a la reunión del Consejo Europeo en Bruselas. | EP
España ha vuelto a quedarse fuera de una cumbre internacional. Esta vez, en una reunión informal sobre cómo profundizar el mercado único y mejorar la competitividad de la Europa comunitaria. ¿Por qué el presidente Pedro Sánchez no acudió a esa reunión preparatoria de un Consejo Europeo tan trascendental? Fuentes diplomáticas de países implicados en la organización del evento, y también del Ministerio de Exteriores, mezclan cuestiones protocolarias con una desconfianza creciente del Gobierno después de haber tomado dos decisiones que han generado malestar entre los socios. La primera tuvo que ver con el rechazo a incrementar el gasto militar y la segunda, con el anuncio de una regularización masiva de migrantes.
A la reunión preparatoria del pasado jueves acudieron 19 mandatarios europeos. Entre ellos estaban los de Italia, Francia, Alemania, y entre los excluidos, España e Irlanda, entre otros. El Ejecutivo transmitió su malestar a la prensa nacional y señaló a Italia como responsable de esa exclusión. Italia era, en efecto, uno de los países encargados de coordinar las invitaciones a la cumbre informal, que se celebró en un hotel próximo al castillo de Alden Biesen, en la localidad belga de Bilzen. Pero la primera ministra, Giorgia Meloni, dijo no haber recibido ninguna queja oficial.
El asunto se acabó enfriando, pero en los ámbitos diplomáticos afectados deslizan que la exclusión de España es la prueba de una relación cada vez más tensa entre el Ejecutivo de Sánchez y los demás socios comunitarios. Las fuentes consultadas sostienen que el problema, al menos desde el punto de vista formal, pudo tener que ver con una incomprensión. Las cumbres informales europeas se celebran para acercar posturas antes de los encuentros oficiales, y lo cierto es que Meloni ha promovido recientemente varios encuentros multilaterales en los que, por diferentes razones, no participan todos los miembros de la UE.
Un plante peligroso
Los encargados de la organización sostienen no haber detectado ningún interés por parte de España. El Gobierno manifestó su oposición a este tipo de encuentros informales y, tras su exclusión, Sánchez afirmó que esas reuniones minan el «principio» fundacional de la UE. El escaso interés de España habría justificado a nivel protocolario la exclusión de Madrid. O, mejor dicho, la no invitación al evento por parte de Italia y de Bélgica, y también de Alemania, involucrada en la organización.
Pero esta exclusión, supuestamente protocolaria y hecha de buena fe, puede tener otra clave de lectura. A eso apuntan fuentes conocedoras de la cumbre, que señalan las posiciones del Gobierno sobre asuntos tan delicados como el incremento del gasto militar y la regularización masiva de inmigrantes.
La cumbre del jueves puede así convertirse en el símbolo de una desconexión de España de la locomotora europea, aunque la desavenencia viene de lejos, afirman las fuentes consultadas. En junio, España se desmarcó de los demás socios y anunció su rechazo a incrementar el gasto militar hasta el 5% del PIB en la cumbre de la OTAN. Aquel plante sonó a show. Pero fue criticado porque se entendió que podía dinamitar una estrategia acordada para dar a Donald Trump una excusa para enfriar la guerra arancelaria.
Los mandatarios europeos querían ofrecer a Trump una victoria simbólica, a cambio de resolver los problemas comerciales. La decisión de Sánchez se interpretó como una traición a los demás miembros del Consejo, y su posición, el resultado de una estrategia para desviar la atención de la opinión pública de sus problemas internos.
Miedo migratorio
En Bruselas circula la idea de que España está «exportando» sus problemas internos, y esto preocupa e irrita. Como publicó este diario, fuentes europeas hablaron de «teatrillo» de Sánchez, y la sensación de falta de confianza hacia el mandatario español es cada vez más palpable. Todos los líderes europeos afrontan problemas políticos internos y una situación económica de fragilidad, pero ninguno se desmarcó del pacto para interrumpir la guerra arancelaria. Todos fueron al unísono menos Sánchez.
De ahí que la decisión del pasado jueves de Italia, Alemania y Bélgica pueda interpretarse como un tirón de orejas al líder socialista. Es decir, un aviso a navegantes para que Sánchez no vuelva a anteponer su agenda particular a la de la Unión. Por ejemplo, con la regularización masiva de inmigrantes. Los países europeos quedan a la espera de conocer los pormenores del decreto gubernamental: el Gobierno habló en un primer momento de 500.000 afectados, aunque, como demostró este periódico, esa cifra corresponde a los datos de hace cinco años, y ahora se sabe que los posibles beneficiarios podrán ser hasta 800.000 personas.
Esa política genera tensión entre los socios europeos, conscientes del posible efecto llamada y de que los flujos migratorios son supranacionales, aunque el quid de la cuestión se encontraría en la posición díscola sobre el gasto militar. Entre otras cosas, porque eso afecta a la estrategia de defensa de Ucrania, que comparten Italia, Francia y Alemania. El mismo día en que Sánchez fue excluido de la cumbre informal en Bilzen, la OTAN acordó un plan de 35.000 millones de euros en apoyo militar a Kiev hasta 2026.
Una controvertida decisión de Sánchez
Entre los diplomáticos españoles preocupa, además, que Sánchez haya degradado a su asesora diplomática en Moncloa tras la marcha de Emma Aparici a Londres a principios de diciembre para dirigir la embajada española en Reino Unido. La sucesora de Aparici fue Pilar Sánchez-Bella, su número dos en los últimos años, con la salvedad de que esta última no es diplomática y se ha quedado con el mismo rango de directora general que tenía hasta ahora, por lo que el departamento de política internacional ha bajado un escalón en el citado organigrama y ya no es tan relevante para el jefe del Ejecutivo.
La interlocución con otras capitales aliadas se ha resentido en las últimas semanas, advierten las citadas fuentes. El relevo de Aparici en Moncloa se produjo tras varias polémicas ausencias de Sánchez en cumbres europeas. La primera fue en agosto, cuando el canciller alemán, Friedrich Merz, anunció la convocatoria de una reunión virtual entre los líderes de la UE con la participación de Donald Trump y el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, entre otros, como preparación para el encuentro previsto entre el mandatario estadounidense y el presidente ruso, Vladímir Putin, que se iba a celebrar en Alaska.
Sánchez quedó fuera de la convocatoria, al igual que en la del pasado 15 de diciembre, esta sí de carácter presencial, en Berlín, para arropar a Zelenski en un momento de fuertes presiones del equipo de Trump para que aceptase los puntos del acuerdo de paz que Putin habría puesto sobre la mesa. «Ahora es tiempo para la paz», exclamó Merz en sus redes sociales.
La imagen fue muy llamativa por la ausencia de Sánchez en un cónclave de estas características al que asistieron una decena de mandatarios europeos y que contó con la presencia del yerno de Trump, Jared Kushner. Todos ellos reunidos en la capital alemana en torno a Zelenski con sus respectivas banderas detrás… entre las que no se encontraba la española. De allí salió un comunicado conjunto al que el Gobierno se tuvo que adherir al día siguiente como mal menor y, sobre todo, para no quedar con la cara colorada ante Ucrania y el resto de socios que apoyan al país invadido por Rusia hace casi cuatro años.
Con posterioridad, España quedó luego excluida de una reunión a nivel de sherpas organizada por EEUU para la próxima cumbre del G-20 que va a organizar Trump. Y ahora ha llegado este desplante en una cumbre informal de la UE. La decisión de Sánchez sobre la sucesora de Aparici contrasta, por ejemplo, con los poderes ejecutivos que Trump dio a su secretario de Estado, Marco Rubio, hace casi un año. Este último, que se convirtió en el primer latino de la historia al frente de la diplomacia de EEUU al inicio de la Administración republicana, pasó en mayo a ocupar también el cargo de asesor de Seguridad Nacional en la Casa Blanca.

