The Objective
Entrevista

Elena Valenciano y Soraya Rodríguez: «La polarización es un arma contra el feminismo»

Autoras de ‘Después del minuto de silencio’, un libro con los testimonios de las familias de víctimas de violencia de género

Después del minuto de silencio es el título del libro de Elena Valenciano y Soraya Rodríguez, recién publicado y que se explica inmediatamente después de su título: hablan las familias víctimas de la violencia machista. Un libro sobre la soledad de esas familias después de la tragedia. Un libro que pone voz a madres y padres, a hermanos y a hijos de las mujeres asesinadas para colocar nombres e historias donde muchas veces solo vemos estadísticas.

En la página 207 habla el padre de una de estas mujeres: «Cuando sales del cementerio y dejas atrás la tumba de tu hija, comienza un verdadero infierno. Al llegar a casa, ambos nos miramos a los ojos. ‘¿Pero qué nos han hecho?’, me dijo mi mujer. Abrazados y solos, lloré todo lo que no había llorado antes. Sentí un vacío imposible de expresar. Un vacío que ya iba a estar ahí, siempre en nuestra casa, entre nosotros, para el resto de nuestra vida».

PREGUNTA.- Elena Valenciano, toda una vida en la política española europea e internacional, con responsabilidades en el Gobierno y el Partido Socialista. Una vida dedicada a los derechos humanos, a los derechos de la mujer, a la igualdad. Ahora es consejera electiva del Consejo de Estado y presidenta de la Fundación Mujeres. Aquí, en este libro está Blanca, madre de Teresa; está Yoshua, hijo de Sesé; está David, el hermano de Sonia; Carmen, la madre de Leticia. Todas las familias cuyas vidas quedan destrozadas para siempre. Habéis dado voz a estas familias. ¿Por qué y para qué?

Elena Valenciano.- Porque hemos pensado que acercarnos a la realidad, a la verdad de lo que las familias de las mujeres asesinadas viven, era una manera de reactivar la lucha de alguna forma, de comprometer al conjunto de la sociedad. Porque la empatía no puede acabarse después de la manifestación o del minuto de silencio. Porque son gente, como tú muy bien decías, cuya vida queda completamente segada, completamente herida para los restos. Pero no se les escucha. Normalmente, después del minuto de silencio, se acabó. Una cifra más. Una muerta más. Una asesinada más. Pero están los niños y las niñas. Hijos de esa mujer, las hermanas, las madres, los padres, los cuñados, las amigas. A esos nunca se les escucha, pero escuchándolos hacemos que esta realidad estuviera más cerca del conjunto de la sociedad. Para nosotras también ha sido un aprendizaje y eso que llevamos toda la vida en esta lucha. Es un libro para que se oiga la voz de quienes sufren las consecuencias de un asesinato machista. 

P.- Soraya Rodríguez, otra vida dedicada a la política, también dentro y también fuera de España y del mundo. También pasó por responsabilidades socialistas y de gobierno, y ha estado en dos ocasiones en el Parlamento Europeo. Al principio de su vida profesional fue abogada de la primera casa de acogida de mujeres maltratadas que hubo en Valladolid. Soraya, no había un libro como este. ¿Escribirlo ha sido para vosotras una especie de de mandato moral? ¿Sabéis de lo que estáis hablando y teníais que escribirlo?

Soraya Rodríguez.- Era una necesidad, porque es verdad que no hay ningún libro que recoja los testimonios de las familias de las mujeres asesinadas por violencia de género. Y es verdad que después de los asesinatos, apenas se las escucha, porque no las interpelan, porque no las preguntan, pero también, indudablemente, porque el dolor, el desgarro, el impacto del asesinato y la cantidad de cosas a las que tienen que enfrentarse —en muchos casos hacerse cargo de sus nietos— impide a las familias expresar lo que supone este drama para mínimamente comprender su dolor y sufrimiento. Elena, presidiendo la Fundación Mujeres y el Fondo de Becas para Huérfanos de Violencia, tenía mucho contacto con familias de víctimas. Y yo por mi trayectoria profesional, pero sobre todo también por esta última etapa en el Parlamento Europeo, pues había estado entrevistándome con muchísimas asociaciones de víctimas a nivel europeo, tanto por la Directiva de Violencia de género, de cuyo equipo negociador formé parte, como por la revisión de la Directiva de Víctimas. Y la pregunta era: «¿Cómo es posible que siendo la violencia de género contra las mujeres un verdadero drama a nivel social —porque no sabemos exactamente la cifra, pero el Instituto de Derechos Fundamentales de la Unión Europea hace dos años lanzó una encuesta y dio una cifra terrorífica: cerca de 50 mujeres son asesinadas a la semana, una cada seis horas en la Unión Europea—, cómo es posible que no haya un recopilatorio como este?». Porque claro, todas esas mujeres no son una cifra, tienen un nombre, una vida por delante llena de posibilidades, pero sobre todo, un montón de personas a su alrededor que las quieren y necesitan como necesita un hijo a su madre y como necesita una madre o un padre a su hija. Escuchar este testimonio, esta voz, nos parece absolutamente necesario para que la sociedad española y la europea recobren la conciencia, la empatía y se rearmen. Porque no podemos asumir que lo que nos pasa nos va a seguir pasando. No podemos asumir que las diez mujeres asesinadas en 2026 y los dos menores vayan creciendo según se van sucediendo los meses. Y no puede ser que digamos que no podemos hacer más de lo que hacemos…

P.- …para que no caiga todo esto en el agujero negro de la indiferencia. Después de estar hablando con los familiares tan a fondo, después de acercaros a ellos, ¿qué se os queda más adentro? 

EV.- La sensación de que a pesar de todo lo trabajado, de todo lo peleado —mucho, porque este país partía de una situación en la que prácticamente no se podía hablar de la violencia de género y se ha convertido en uno de los países con legislación más avanzada—, darnos cuenta de lo lejos que estamos, de la realidad que viven los seres humanos, las dificultades y el dolor y el sufrimiento de los seres humanos reales. Y en un momento en el que la verdad ha dejado de tener importancia, en el que todo son eslóganes y construcciones culturales, escuchar la verdad de una madre que ha perdido a su hija de esta manera o de un hijo que ha perdido a su madre, las verdades de familias, además enormemente generosas y honestas con nosotras, dichas directamente por un ser humano que sufre, tiene una fuerza impresionante y te hace pensar que por mucho que hayamos hecho, realmente nos queda todavía mucho más por hacer. Para nosotras, aparte del privilegio de haber podido escuchar a estas personas que nos han abierto sus casas y sus corazones, yo creo que un aprendizaje de que hay que estar sobre el terreno para saber lo que pasa. 

«Estamos lejos de lo que viven los seres humanos, de las dificultades y el dolor y el sufrimiento de los seres humanos reales»

P.- Para escuchar la verdad, Soraya. 

SR.- En el relato de Yoshua, hijo de una madre asesinada, se tiene que hacer cargo de un hermano pequeño, convirtiéndose de un día para otro en un huérfano de madre y en un padre para su hermano. Su madre era una mujer excepcional, fuerte y poderosa. Justo acababa de salir de un duro tratamiento de cáncer, durante el cual había dejado a su compañero porque se dio cuenta de que tenía que salir adelante, luchar, y que aquel hombre no solo no la ayudaba, sino que realmente le quitaba las fuerzas que necesitaba para salir adelante. Y Sesé salió adelante, se curó. Y en febrero de 2017, ella escribió algo precioso: «Me mutilaron un pecho y después de las alas blancas, y después del silencio y el miedo, me creció el cuerpo y mis pechos son más hermosos porque no se rinden y esperan caricias, amor, abrazos y besos». Sesé no solo se había curado y salido adelante con sus dos hijos, sino que había dejado atrás esa relación desigual de maltrato psicológico y se había vuelto a enamorar y por eso la asesinó. En este libro la mayoría de las mujeres son asesinadas por querer ser libres y romper el hilo de la dominación y del control psicológico que han ejercido sus maltratadores sobre ellas. Por eso también el objetivo de este libro es demostrar que no es verdad lo que dicen que todos los asesinatos y la violencia es igual. No, la violencia machista es otra cosa. Los asesinatos machistas son actos, pero responden a una cultura machista, a esa ridícula, cruel y vil cultura que hace que un chico de 24 años coja un avión para viajar a Bruselas y meter 102 puñaladas en el cuerpo de Teresa, una niña preciosa de 24 años que estaba haciendo su máster allí y que en el ejercicio de su libertad tuvo una relación y decidió romper. Esto es también un objetivo del libro, esto es, demostrar que no hay clichés, no hay estereotipos, no hay familias desestructuradas ni adicciones, no. La violencia machista es un aceite que recorre toda la sociedad, que deja un reguero de víctimas todos los años. Que detrás de esas víctimas hay muchas más víctimas. Que la violencia machista la sufren las mujeres porque son las que mueren. Pero las víctimas somos todos. Y que mientras esto exista, nadie está a salvo de que mañana sea tu hija, sea tu hermana, sea tu madre. 

P.- Esa es una reflexión que recorre a estas familias. Leyendo el libro, casi no hay padre o madre o hijo que haga esta reflexión terrible e ingenua: «¿Pero por qué a nosotros? Pero si nosotros somos normales». El mensaje es claro: esta violencia alcanza a cualquiera. 

EV.- Escuchando a Soraya recuerdo que nosotras siempre decíamos que la revolución feminista era la única revolución sin víctimas, que es la revolución pacífica. Pero no porque estas son víctimas de una revolución feminista, sino por la libertad. Porque como dice Soraya, se juegan la vida por tratar de ejercer un derecho tan básico como el de la libertad. Eso también sirve para mandar un mensaje a todo el movimiento negacionista que está creciendo en el mundo entero y en España. Es muy difícil después de leer este libro mantenerte en una posición negacionista con respecto a la igualdad o a la violencia, porque la violencia contra las mujeres es estructural. Ahora estamos hablando de las mujeres que son asesinadas, pero además de las que asesinan, están a las que golpean, a las que destrozan psicológicamente. Esto un fenómeno enorme. Y sin embargo, no conseguimos que la sociedad empatice del todo con esta situación. Hay movimientos de lucha por la liberación de muchísimas cosas, muchísimos seres, muchísimos animales, la tierra, el planeta y, sin embargo, esto sigue siendo aparentemente un problema de las mujeres, cuando, como dice Soraya, es un problema de absolutamente todos. Y cuando tienes a un padre o a un hijo delante, verbalizando lo que le sucede y por lo tanto estructurando su pensamiento ya de otra manera, pensando: «Es que claro, es que las mujeres claro que son machacadas en esta sociedad», pues eso es muy útil para que los otros hombres que no nos están acompañando suficientemente en esta lucha se sumen. Y es el momento de que los hombres se sumen a esta lucha. 

P.- Ya hemos hablado de algunas cifras, de Europa y de las semanas que llevamos de 2026. Hay otra cifra, las mujeres muertas desde 2003, desde que se lleva la cuenta oficialmente, que son más de 1.350. Cifras que hay que multiplicar por todos los afectados: decenas de miles de personas. La situación, a pesar de todo, pero no ha ocurrido lo mismo con el acompañamiento, con el apoyo, con el problema que hay en los juzgados. No ha mejorado la ayuda a la reconstrucción de las vidas de las familias, ¿no? 

SR.- Ahí hay muchísimo camino por hacer, entre otras cosas porque son muy invisibles. Este libro quiere dar visibilidad a la necesidad que tienen las familias de todo tipo de apoyo. Aquí hay relatos donde hay personas que no han podido hacer el duelo. El relato de Carmen es muy claro porque sus nietecitos tenían el niño dos años y la niña tres años y medio. El padre asesinó a la madre delante de ellos y cuando avisan a Carmen —que les acababa de dejar, porque habían pasado el día juntos en un parque de atracciones— lo primero que tiene que hacer es coger a esos dos niños pequeños, coger una bolsa, llenarla de pañales y de pijamas y llevárselos a su casa. El padre acompañó a la hija que no murió en el acto, pero entró prácticamente en coma cerebral. Pero ella al día siguiente se levantó, les hizo el desayuno, les durmió… ¿Qué necesita Carmen? Necesita mucho. ¿Qué necesitan estas familias? Necesitan muchísimo. Pero hemos decidido no verlas. Tú lo has dicho, más de 1.300 mujeres. Multiplicas las madres, los padres, los hermanos, todo lo que hay detrás. Y este número no deja de crecer y en el libro lo decimos. Permíteme que haga esta reflexión: es muy probable que la gente que ahora nos está escuchando, que nosotras mismas, ahora, cuando salgamos de aquí, nos encontremos al lado de una víctima de violencia de género y al otro lado, al lado de un negacionista. Pero también es muy probable que ese negacionista que niega la existencia de la violencia de género, mañana sea víctima de ella porque lo sea su hija, o lo sea su hermana, o lo sea su madre. 

«La violencia machista es un aceite que recorre toda la sociedad, que deja un reguero de víctimas. Y detrás hay muchas más víctimas»

P.- Lo que hacéis es romper una burbuja de indiferencia, de silencio, de inconsciencia, quizá. Poner los testimonios en primer plano, porque las familias de las víctimas se quedan muy solas. 

EV.- Yo lo he explicado diciendo que un asesinato machista es como una bomba de racimo, o sea que estalla, mata y luego sigue estallando durante mucho tiempo al resto de la familia, del entorno más directo. Además del dolor, están las dificultades que tienen que enfrentar. Como dice Soraya, una abuela lo primero que tiene que hacer es llevarse a sus nietos a casa, a dormirlos, a ver cómo hace a la mañana siguiente y tal. Pero además tienen que gestionar un montón de problemas administrativos muy complejos para las familias. Y aquí se produce una enorme desigualdad porque las familias con recursos económicos se pueden pagar un buen abogado que haga las gestiones, un buen psicólogo que se ocupe de los niños, pero las familias con menos recursos no. Se produce una una desigualdad lacerante. Pensamos que el Estado ha fallado en la protección de una de sus ciudadanas. Es una obligación del Estado proteger a sus ciudadanos; una de las primeras. Pero es que además sigue fallando después en la reparación de ese daño que se ha producido porque el Estado ha sido incapaz de proteger. La reparación del daño, más allá de la justicia —que también hay mucho que mejorar—, la reparación del daño de esa unidad familiar, de esa gente, no es competencia del Estado; se lava completamente las manos, cada cual se las apaña como puede. Ahí te das cuenta que ves alguna gente destruida para siempre, que no han reaccionado: y otra gente que con otros recursos ha podido seguir caminando o que no tiene más remedio que seguir caminando, como es el caso de Carmen, porque cuando tienes dos niños pequeños ahí lo que te pase a ti no importa nada. Se trata de ocuparte de los niños. 

Desde la izquierda, Soraya Rodríguez y Elena Valenciano. Foto: Carmen Suárez

SR.- El empobrecimiento, que se ve muy directamente en el Fondo de Becas de Soledad Cazorla, porque económicamente es un impacto. Ahí está el cuñado de Lorena. Ella tenía cuatro hijos, cuatro huérfanos en el momento en el que él tenía un hijo, pero se llevan a los cuatro a su casa, como nos explicó el otro día en la presentación del libro: «Yo fui a mi casa esa noche; me llevé a los cuatro hijos de mi cuñada y les acostamos en la alfombra del salón porque tenemos una casa muy pequeña, muy modesta y no había sitio». Claro, esto también produce un impacto y un empobrecimiento terrible. El Fondo de Becas de Soledad Cazorla responde a eso. Un fondo solidario para ayudarles. Pero no debería ser un fondo, sino el Estado. 

EV.- Y es un fondo privado sin absolutamente ni un solo euro público. 

P.- Preocupaciones. Ya hemos hablado del negacionismo. Pero más cosas. Rápidamente se nos va la cabeza a la gente joven. ¿Qué pasa, en qué estamos fallando?

EV.- ¿En qué estamos fallando? Me imagino que estamos fallando en muchísimas cosas. Lo que decimos de que los hombres no nos acompañan, que no hay un modelo mayoritario de hombres que estén en esta lucha, hace que para la gente joven el modelo masculino esté un poco conflictuado porque es… ¿Cómo hay que ser para ser un hombre en esta sociedad? Cuando tienes 17, 18 años, todavía estás pensando quién eres. Es muy difícil saberlo. También se han producido discursos muy hostiles contra la masculinidad en general. ¿Qué es la masculinidad igualitaria? ¿Quiénes son los modelos de masculinidad igualitaria? ¿Cómo se construye eso con un fenómeno que lo acompaña? Y es que las chicas jóvenes, en su inmensa mayoría, como demuestran las últimas encuestas de juventud, han dado el paso de creer en la igualdad. Han decidido ser profesionales, autónomas, han decidido ser libres, tienen mejores resultados académicos en las universidades, mejores en los institutos. Entonces los chicos están un poco en una situación en la que, como decíamos nosotros antes, no tenemos modelo de mujeres, pues ellos empiezan a no tener modelos de hombre. Ese es uno de los muchísimos factores. También tiene mucho que ver con la reacción. Siempre que un colectivo gana espacios de poder cuando ha estado subordinado, sometido, pues hay una reacción por parte de quien controla el poder, porque va perdiendo poder. 

SR.- Sí, pero es tan ridículo, desde mi punto de vista, negar la existencia de la violencia de género, negar las víctimas, como afirmar que todos los hombres son unos asesinos. No es verdad. Pero es evidente que los asesinos de las mujeres víctimas de violencia son hombres. Y eso debería ser muy fácil que lo reconozcan los hombres. Ante las últimas encuestas, en las que que estamos viendo cómo ven las nuevas generaciones el feminismo, en las que efectivamente está disminuyendo el número de jóvenes que se pueden sentir identificados, creo también que el feminismo debe recuperar esa voluntad y espíritu que tenía cuando Elena y yo éramos jóvenes, que era un feminismo muy inclusivo en el sentido de que éramos absolutamente conscientes de que mucho más allá de las diferencias ideológicas —absolutamente legítimas en una sociedad democrática—, nos encontrábamos en esa lucha por la igualdad de los derechos entre hombres y mujeres. Esto que hemos dicho muchas veces: no, la igualdad entre hombres y mujeres no es una cuestión ideológica, sino que es la base de cualquier sociedad democrática. No se puede luchar por los principios de una democracia que garantice los derechos de los ciudadanos si tienes a más de la mitad de la ciudadanía en una situación de desigualdad. Eso debería comprometernos a todos, y nosotras pertenecemos a ese viejo socialismo que ha estado luchando toda la vida por incluir y por llegar a acuerdos con mujeres de otros partidos, sabiendo que la diferencia ideológica no era ningún obstáculo para que nos sentáramos en una mesa y llegar a hacer un pacto de Estado y llegar a hacer una ley de igualdad. Necesitamos volver a recuperar ese espíritu de que la igualdad es una cuestión de Estado, la igualdad entre hombres y mujeres. Y también intentar alejarnos un poco de aquellos que quieren dividir y que quieren patrimonializar el feminismo como algo propio y buscan más la exclusión que la integración. 

EV.- En una primera etapa del Gobierno actual, cuando Irene Montero era la la ministra de Igualdad del Gobierno de España, pusimos todo el foco en la identidad, pero es que la identidad es lo contrario a la igualdad. Justamente lo contrario. Porque uno construye su identidad sobre la base de diferenciarse del otro. Entonces, si toda tu agenda está centrada en las identidades, pensando que al sumar identidades consigues la igualdad, te estás equivocando de principio a fin. O sea, desde el punto de vista ideológico o filosófico es justo lo contrario. La igualdad es lo contrario de la identidad. Y estamos en un momento en el que se sacralizan las identidades hasta puntos verdaderamente espantosos, olvidándonos de la otra la que afecta a la inmensa mayoría de las mujeres de este país. Y también hemos hemos abandonado un poco la razón para dedicarnos al corazón, a lo que siento, cómo me siento, en vez de de trabajar, como dice Soraya, con la ley, con la estructura racional de una sociedad que no puede seguir manteniendo a las mujeres en peligro de esta manera en la que están. Yo decía ayer un poco de broma, pero es que hay más gente que más gente que se moviliza, hay más hombres, no digo más gente, hay más hombres que se movilizan por la defensa del lobo que por la defensa de las mujeres. Ya es hora de que eso cambie. Yo creo que cuando eso cambie y como dice Soraya, el feminismo también tiene que hacer ahí una tarea de convocatoria, de abrir la cabeza; cuando consigamos que los hombres se incorporen de verdad a esta lucha, entonces habremos dado un paso de gigante. No sé si habremos acabado con la desigualdad, pero habremos dado un paso de gigante. 

Soraya Rodríguez. Foto: Carmen Suárez

P.- Son reflexiones muy adecuadas a este 8 de marzo. De lo que se habla en este libro no es de un problema del feminismo, sino de la sociedad, de un problema de hombres y mujeres. ¿La utilización del feminismo como arma política es un retroceso?

SR.- Claramente. Mira, en el libro también cuento —muy brevemente— la experiencia última en el Parlamento Europeo en el que, con las cifras que hemos dado antes de 50 mujeres a la semana víctimas de violencia de género en la Unión Europea, hasta el 2024 no había ningún instrumento jurídico a nivel europeo para luchar contra la violencia contra las mujeres y niñas. Es impresionante. Nos hemos ocupado y muy bien ocupados, porque, bueno, tú además lo sabes. Mi trabajo en la Comisión de Medio Ambiente también era mirar cómo debía ser el tapón de las botellas no desechables, pero no habíamos hecho ninguna legislación, ni reglamento ni directiva para luchar contra la violencia. Bueno, pues en la tarea que de la pasada legislatura, trabajamos todas las mujeres codo con codo, de todos los grupos políticos, excepto de la extrema derecha y la extrema izquierda, hay que decirlo. Y la ponente de esta directiva fue una mujer del Partido Popular Europeo, una exministra irlandesa, la artífice de la ley del aborto en Irlanda. 

Trabajábamos junto con muchos hombres del Partido Popular Europeo y también del Grupo Socialista Europeo y liberales. Cuando yo me refiero a volver a ese espíritu inclusivo, de convicción, como en nuestra época, en la que éramos feministas y luego socialistas, éramos feministas y luego demócrata cristianas… Eso es muy importante y yo creo que este 8 de marzo es un drama que haya dos manifestaciones en las calles con un movimiento feminista dividido, que haya también quienes permitan que haya otros objetivos, otras cosas que se reclamen este día. Hay muchos días para muchas causas, pero la del 8 de marzo debería ser el día de la unidad de todos los demócratas que saben perfectamente que no pueden construir sociedades sólidas con grandes desigualdades. Y la desigualdad de género, la desigualdad entre hombres y mujeres, es la más profunda, más transversal que atraviesa hoy nuestra sociedad y que, por cierto, está siendo utilizada como un elemento para retroceder en los derechos y las libertades de otros. También lo decimos en el libro: cuando los derechos y las libertades de las mujeres veas atacar, pon tus barbas a remojar, porque después de nosotras, vienen otros. 

P.- Estamos acabando. Hablamos de inclusión frente a polarización. Estamos en un contexto de polarización que es enemiga de la política y de la convivencia. ¿También la polarización es un arma contra el feminismo?

EV.- Sin duda. La polarización destroza la agenda de la igualdad porque, como dice Soraya, la igualdad entre hombres y mujeres es un principio básico de la democracia. Si todo lo que pasa por la agenda es susceptible de ser un arma arrojadiza de unos contra otros, simplemente la agenda no se construye. Entonces, este 8-M tendría que ser el de «Ni un paso atrás», desde luego, pero también tendría que ser el que recuperara el espíritu del pacto. Nosotras hemos avanzado en igualdad y en muchísimos otros asuntos que no vienen al caso. Hemos avanzado a través de grandes acuerdos políticos e institucionales, porque la desigualdad afecta igual en un pueblo de Burgos que en Barcelona. Es responsabilidad de todos los poderes públicos. Entonces, la agenda de la igualdad tiene que ser una agenda acordada por la inmensa mayoría de las fuerzas políticas, todas las que sean posibles. Si la igualdad también pasa a formar parte de una de las trincheras, no avanzaremos.

«El 8 de marzo debería ser el día de la unidad de todos los demócratas que saben perfectamente que no pueden construir sociedades sólidas con grandes desigualdades»

P.- Vamos a acabar ya. ¿Cuánto tiempo queda para que cada vez haya menos minutos de silencio, para que cada vez haya menos soledad después de esos minutos de silencio? 

SR.- Pues depende de nosotros. Depende de la sociedad, depende de si realmente somos capaces de poner más medios, mejores políticas públicas, más protección a las mujeres y, también, si somos capaces de llegar a grandes acuerdos para que los futuros hombres del mañana, hoy niños, puedan realmente ser educados. Vivir en un entorno mucho más igualitario. Depende de nosotros que muchas familias que se vean ante a un asesinato machista no tengan que pasar por la soledad que han pasado muchas de aquellas con las que nos hemos entrevistado para que tengan el acompañamiento cercano de un psicólogo —que no solo se necesita después del crimen, sino durante mucho tiempo— para que tengan acompañamiento de los servicios públicos, para que tengan también acompañamiento económico. Y lo más importante, también para que tengan a su disposición micrófonos como este, donde puedan hablar y expresar lo que sienten. Blanca, la madre de Teresa, fue a la presentación del libro y nos preguntó si iba a Carmen, otra madre, porque dijo: «Desde que asesinaron a mi hija no he hablado con nadie que le haya pasado lo mismo». Ellas se vieron, se abrazaron, habían leído cada una de ellas el testimonio y yo creo que sería buenísimo que en España hubiera una asociación de familias, de familiares de mujeres asesinadas. Les serviría mucho a ellos, pero sin ninguna duda, a los que nos iba a servir muchísimo y nos daría grandes lecciones, sería a nosotros. 

P.- Muchísimas gracias. Soraya Rodríguez, Elena Valenciano. Después del minuto de silencio: hablan las familias víctimas de la violencia machista. Vuestro libro, recién publicado en La Esfera de los Libros. Muchas gracias a las dos por estar aquí. 

EV.- Muchas gracias a ti. 

SR.- Gracias.

Publicidad