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Política

Espinosa de los Monteros aglutina apoyos para forzar un congreso extraordinario en Vox

El exportavoz parlamentario necesita alrededor de 6.000 firmas para provocar un debate sobre el futuro del partido

Espinosa de los Monteros aglutina apoyos para forzar un congreso extraordinario en Vox

El exportavoz de Vox Iván Espinosa de los Monteros durante la presentación de Atenea, su ‘think tank’. | EP

Iván Espinosa de los Monteros quiere que Vox celebre un congreso extraordinario, el primero del partido, para que se debata el futuro del proyecto. El exportavoz parlamentario ha emprendido una gira mediática con este objetivo. Este pasado sábado lo explicó en esRadio: «Es el momento de que Vox celebre un congreso para hablar de por qué nos estamos reposicionando ideológicamente en tantas cosas, y cómo nos vamos a relacionar entre nosotros, cómo va a funcionar la organización, en manos de quién está y por qué mandan en este partido personas que ni son afiliadas ni son conocidas, sino que obedecen a un entramado ajeno al partido».

La intención de Espinosa de los Monteros es que se celebre lo antes posible: «Vox se tiene que preparar para gobernar el año que viene, pero no podemos hacerlo con un sistema de purgas, opaco, alejado de la democracia interna», ya que «eso es incompatible con un Gobierno democrático, transparente y con los principios que venimos predicando siempre». Para su celebración, necesitaría entre 6.000 y 7.000 firmas de afiliados, en torno al 20% de los que están con sus pagos al corriente, y un orden del día que incluya todas las cuestiones que se quieren debatir.

Según ha podido saber THE OBJECTIVE, el exlíder de Vox ha aglutinado ya varios apoyos notables, y se habría decidido a dar un paso adelante con las recientes purgas de Javier Ortega Smith y José Ángel Antelo. Ellos serían algunos de sus valedores más mediáticos en esta batalla, junto a otros descontentos, como Juan García-Gallardo, con una cúpula que, a su juicio, descabeza a todos aquellos que hacen sombra a Santiago Abascal. La intención es montar el primer congreso extraordinario de Vox, en el que se debatan tanto la organización interna del partido como su reposicionamiento ideológico, tomando como referencia el XVI Congreso del PP, que tuvo lugar en Valencia en 2008.

Se juntarían, de este modo, perfiles muy diversos, con diferencias ideológicas, pero que comparten un mismo convencimiento: que Vox debería descentralizar su poder para dar más libertad a los líderes autonómicos, y que su fortaleza debería basarse en distintos rostros visibles, que se potencien y complementen. Pero sobre todo, que se debería orillar a algunas personas que lideran el proyecto en la sombra, con los focos puestos en Kiko Méndez-Monasterio, a quien señalan como el que toma las decisiones importantes.

«Ni los más altos dirigentes de Vox tienen trato con Kiko, excepto para recibir una dirección», señalan fuentes de este plan para convocar un congreso, que abundan: «Kiko no comparte estrategias con nadie salvo con Santi». De hecho, de este último se dice que tiene «kikodependencia», por la cantidad de veces que recurre a su asesor para pedirle consejos. Entre los críticos abundan las sospechas de una posible sinergia de Kiko Méndez-Monasterio con el PSOE a través de Pepiño Blanco y Javier de Paz, históricos socialistas con quienes mantendría una muy buena relación.

El consejero áulico de Abascal lleva meses temiendo una maniobra para descabalgar al líder de Vox. Los elementos para la sospecha están ahí. El lanzamiento de Atenea como un think tank que desplace a Disenso, el acercamiento al grupo de Giorgia Meloni para volver a ECR tras la marcha con Viktor Orbán, abandono que ha criticado en público, e incluso un potencial acercamiento a Revuelta, ex juventudes oficiosas del partido, a las que se sumó en una concentración en Ferraz el pasado 30 de noviembre. Sin embargo, desde el entorno de Espinosa de los Monteros niegan que esa sea su intención.

El paralelismo con el XVI Congreso del PP no es baladí. Ahí hubo debates intensos en las ponencias, con una gran batería de enmiendas presentadas, pero la corriente oficialista de Mariano Rajoy —el aparato del partido— se logró imponer. La corriente crítica, el ala dura del PP, capitaneada por Alejo Vidal-Quadras y Santiago Abascal, salió muy descontenta y con la idea de formar un nuevo partido.

En 2013, Abascal decidió finalmente abandonar el PP con una carta pública a Rajoy que hoy se vuelve en su contra como un bumerán. En esta, acusó al expresidente del Gobierno de «secuestrar» el partido a través de una «inamovible cúpula dirigente», a la que se refirió también como una «implacable maquinaria» contra la disidencia interna, y de haber «pisoteado» los estatutos y los principios fundacionales populares. Justo todo aquello que hoy le reprochan al líder de Vox sus críticos.

Un blindaje paulatino

Desde el entorno de Espinosa de los Monteros denuncian que Abascal se blindó en 2024 con la convocatoria de una Asamblea General Extraordinaria ante la intuición de que Ortega Smith quería disputarle el liderazgo. Tras esta, comenzó su defenestración, y se le degradó en el CEN, pasando de vicepresidente a mero vocal. Un año y medio después, se le fue retirando paulatinamente de todos sus puestos de responsabilidad —una «purga», a juicio del afectado— hasta ser expulsado del partido la semana pasada.

Lo mismo —una expulsión del partido— se buscó con Espinosa de los Monteros, al que se abrió un expediente interno por un presunto delito de tráfico de influencias relacionado con una llamada que supuestamente hizo a la portavoz municipal de Vox en Collado Villalba (Madrid). En esa llamada, según el partido, Espinosa habría pedido que recibiera a un promotor inmobiliario interesado en un proyecto urbanístico (Cantos Altos) que se votaría en pleno, destacando que era un «empresario serio» y que ya se había reunido con otros grupos, aunque añadió que votara lo que creyera conveniente.

Vox denunció también estos hechos ante la Fiscalía, que archivó el caso por falta de indicios. El comité de garantías tampoco pudo sancionar a Espinosa de los Monteros, que se querelló por revelación de secretos contra dos miembros del área de Cumplimiento Normativo por haber filtrado el caso a la prensa con el objetivo de perjudicarle. El caso sigue judicializado y los querellados han declarado.

Pero hay más. Estas mismas fuentes interpretan que la salida de los Gobiernos autonómicos tenía como objetivo último, además de buscar un revulsivo tras meses de caídas en las encuestas hasta tocar suelo, cortar de raíz la popularidad creciente de José Ángel Antelo y Juan García-Gallardo, entonces vicepresidentes con mucho tirón entre los jóvenes, y blindar aún más su liderazgo.

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