Mayor-Sánchez, envés y revés de la decencia
«Hay que coincidir con el autor del libro ‘Una verdad incómoda’ en que ETA ya no mata, pero no deja vivir»

El expresidente del Gobierno José María Aznar (i) durante la presentación del libro ‘Una verdad incómoda’, del exministro del Interior Jaime Mayor Oreja. | EP
Hoy en Pamplona —territorio comanche durante los años de plomo— presenta su libro Una verdad incómoda Jaime Mayor Oreja. Es una mezcla muy bien articulada de Memorias, Denuncia, Crónica, Reflexión y Fe. Léase todo con mayúsculas. Jaime Mayor es, con certeza, uno de los políticos más dignos que han trabajado en España desde la Transición hasta el momento. En un país como el nuestro en el que a posteriori una buena parte del gentío se ufana en haber sido víctima u objetivo de la banda terrorista ETA, en Mayor sí se puede reconocer la gran animadversión de aquellos criminales y ¡de qué manera! Su libro de ahora recorre, sin presumir como hacen otros con menor enjundia, las fechorías letales que los facciosos de la mafia etarra perpetraron desde 1959 hasta su presunta disolución.
Escribo con justeza disolución porque hay que coincidir con el autor del libro en que ETA ya no mata, pero no deja vivir… más que a los suyos, que siguen siendo cantidad. Es una forma de asesinar un poquito más refinada. Sin sangre presente. Este cronista asistió en su tiempo a algunos de los entierros o funerales de personas a las que esta ralea de criminales ejecutó sin piedad, presumiendo además de sus brutales ekintzas. En Navarra, lugar donde Jaime Mayor presenta hoy su obra, se rememoran 27 asesinatos, de los cuales 8 permanecen sin resolver. Y 33, creo, atentados de diversa índole. Pues bien, algunos fautores de aquella espantosa carnicería comparecen ahora mismo por nuestras calles y nos desafían incluso en el Parlamento de la Nación. El testimonio de Mayor Oreja relata, con la precisión de un entomólogo, cómo gran parte de la sociedad vasca —también en menor medida de la española— fue (y lo es todavía con su silencio) cómplice de aquellos matarifes y, en todo caso, conmilitón de un ejercicio de olvido que ha hibernado la protesta del pueblo español.
Nadie como Jaime Mayor ha recorrido con más dignidad, por otra parte, los vericuetos de la política española en estos 50 años. Su conducta ética causa nostalgia en una comunidad actual como la nuestra, que vive de espaldas a los principios más elementales del comportamiento social, el respeto a la verdad y la concordia con la memoria. Jaime Mayor es la noticia más estricta de una dedicación política movida por esta tríada elemental: la consagración irrenunciable a la verdad, la defensa de la España histórica y el afecto a la fe comprometida. Es decir, los fundamentos que, día a día, vulnera y transgrede, sin el mínimo rubor, el revés de Mayor, Pedro Sánchez-Pérez Castejón. Jaime ha ordenado su vida en pro de dos objetivos: el entendimiento nacional para que nunca más se repitan tragedias como la de 1936, y la formación de un núcleo político y permanente de centroderecha que pueda oponerse a la izquierda rabiosa que siempre termina (no hay más que constatar lo que ocurre ahora) en un peligroso Frente Popular. Si ha fracasado en estos dos fines, no puede decirse que el fiasco haya que situarlo en la mochila de su responsabilidad. Todos sus esfuerzos —lo deja bien escrito en su obra— se han topado con la ceguera de los protagonistas primeros, empeñados siempre en combatirse a sí mismos, imposibilitando un acuerdo nacional, y con los esfuerzos sin desmayo de las izquierdas socialistas y comunistas en asentar la especie de su presuntuosa superioridad moral, en el dogma de que únicamente ellos tienen derecho a gobernar España.
Jaime Mayor, como recorre en su obra, se ha opuesto desde muy joven a ese frentismo terrible que ahora encarna su rival ideológico, Sánchez. Si se recorren ambas biografías, se comprenderá adecuadamente cómo este individuo es el revés, la cara ensuciada del envés, Jaime Mayor Oreja. Pocos políticos pueden presumir como el exministro del Interior en los peores tiempos del terrorismo de ETA de combatir, en una lid democrática impecable, a los que quieren, como Sánchez, acabar con la España monárquica y constitucional para convertirla en un remedo de aquella nefasta República que nos condujo a la Guerra Civil, destructora de todo el enjambre nacional. El libro que comentamos no ahorra ejemplos de la situación actual.
Siempre hay que recordar a este respecto los permanentes avisos del autor sobre el riesgo absoluto de caer de nuevo en los factores del drama que nuestros antepasados vivieron hace más de ochenta años. A este comentarista le interesan más del presente relato las muchas páginas dedicadas a la reflexión histórica, social y política sobre este peligro que las dedicadas a la crónica, incluso pormenorizada, de todas las vivencias que ha gozado o incluso soportado el autor. A este respecto, un consejo: acudan al índice onomástico que corona el libro y constatarán que ninguno de los actores de este medio siglo de la Historia de España está fuera de esta muy interesante relación. También Pedro Sánchez.
No es posible enredarse en las profecías retroactivas que supondría la hipótesis de un Jaime Mayor Oreja presidente del Gobierno, pero sí se puede afirmar que su Administración hubiera sido radicalmente opuesta a la de este individuo destructor que aún sigue sorprendentemente incólume en España. Jaime Mayor pudo ser presidente, pocos con tantos méritos; Pedro Sánchez nunca debió serlo. Uno que, al estilo quizá de Aznar, su promotor ministerial —¡vaya faena enviarte a Interior, Jaime!—, se hubiera ocupado de dos menesteres igualmente decisivos: primero, asentar la España eficaz, unida, que siempre ha sido la más propicia de nuestra Historia; segundo, el de mirar al mundo en igualdad de condiciones con los más favorecidos, de forma que nuestro clásico aislacionismo fuera solo un mal recuerdo de las peores etapas de nuestra trayectoria secular.
Pedro Sánchez se ha empeñado con éxito —eso hay que reconocerlo— en constituir una nueva leyenda negra para uso interno que ahora mismo está a punto de concretarse en la desgracia de la disolución nacional. El testimonio de Mayor Oreja se alza en este libro contra el silencio y la mentira. Quizá podríamos añadir también contra la postración de un país que asiste sin reaccionar adecuadamente a su propia lisis. Jaime Mayor lo denuncia claramente en su libro, una manifestación que se ha convertido en la antítesis de toda la política del peor gobernante español desde el felón Fernando VII. Este, Sánchez, es el revés repugnante, indecente, del envés sincero, precautorio, patriótico de Jaime Mayor Oreja, el denunciante de Una verdad incómoda, el título de su libro.
