Muere Rifaat al Assad, tío del exdictador sirio e imputado en España por blanqueo de capitales
La Audiencia Nacional le acusó en 2023 de orquestar una trama societaria para lavar activos por valor de 700 millones

Rifaat al Assad, en una imagen de sus tiempos en Marbella. | Foto: Reuters
Rifaat al Assad, tío del exdictador sirio Bachar al Assad, ha fallecido este martes en Emiratos Árabes Unidos a la edad de 88 años, según revela la agencia Reuters. El que fuera vicepresidente de Siria en tiempos de Hafez al Assad, se refugió en este país árabe tras volver a su Siria natal por un breve espacio de tiempo antes de la caída de su sobrino.
La Audiencia Nacional estuvo cerca de juzgarle en 2023 por blanqueo de capitales. Fue acusado de orquestar una compleja trama societaria que lavó activos por valor de 700 millones de euros en nuestro país con la compra de inmuebles. La Fiscalía pidió para él ocho años de cárcel y seis para ocho personas de su entorno, entre ellas sus dos esposas y seis hijos. Los investigadores sostuvieron que Rifaat Al Assad llevaba blanqueando dinero en Europa desde los años ochenta. Francia ya le había condenado a cuatro años de prisión en 2020.
Sin embargo, el propio presidente de la Audiencia Nacional, el magistrado Francisco Vieira Morante, decidió en mayo de 2023, tras haber estudiado la petición de la defensa de los acusados, que esta instancia judicial no tenía la competencia para juzgar el caso, por lo que remitió la causa a los juzgados de Marbella, donde se le conocía como El Príncipe por sus negocios inmobiliarios a lo largo de varias décadas.
Exilio de Siria
Al Assad era miembro del partido Baaz en Siria y participó en el golpe de Estado de noviembre de 1970 que dio el poder a su hermano Háfez. Él se convirtió en vicepresidente para asuntos de seguridad, cargo con el que controlaba los servicios de información. También era jefe de las llamadas Brigadas de Defensa, que tenían la función de proteger al régimen. Además, organizó y dirigió Shabisha, un grupo paramilitar con el que conseguía extorsionar.
El escrito de acusación de marzo de 2023, al que tuvo THE OBJECTIVE, señaló que Al Assad no procedía de una familia rica de Siria, sino que se favoreció de su posición política para «comenzar una sistemática campaña de enriquecimiento por medios irregulares». El auto judicial sostuvo que se basó en cuatro ejes: el contrabando desde Líbano, el expolio del patrimonio artístico de su país, la usurpación y venta de propiedades, y el tráfico de estupefacientes.
El todopoderoso vicepresidente de Siria cayó en desgracia en 1984, cuando intentó desplazar a su hermano del poder mientras estaba enfermo. Restablecido Háfez, le obligó a marchar al exilio a cambio de dinero. Los investigadores cifran la cantidad en 214 millones de dólares de la época que salieron de las arcas públicas. Hay que añadir otros 100 millones de un préstamo concedido por Libia.
Tras abandonar su país, y previo paso por Suiza, Al Assad se estableció en Francia. En el país galo adquirió propiedades que superan los 90 millones de euros. También compró varias en Reino Unido, donde se hizo con una mansión de tres plantas y 65 habitaciones construidas en un terreno de 4,5 hectáreas. La segunda residencia privada más grande del país, solo superada por el Palacio de Buckingham, hogar de la Familia real británica.
Negocios en España
Las primeras adquisiciones de Al Assad en España comenzaron en 1986 con la compra de 244 plazas de garaje a través de una sociedad radicada en Gibraltar. Desde entonces se hizo con numerosas propiedades, inmuebles y locales comerciales en las zonas más exclusivas de Marbella. Pero también en la localidad malagueña de Benahavís (8.000 habitantes), donde adquirió una finca de 3.300 hectáreas, la cuarta parte del término municipal, donde proyectó construir una urbanización de lujo.
La investigación judicial atribuyó al expresidente de Siria medio millar de propiedades en España cuyo valor alcanza los 700 millones de euros. El juez de la Audiencia Nacional José de la Mata, que inició la investigación en diciembre de 2016, argumentó que Al Assad puso en marcha desde los años ochenta «una estrategia de ocultación, transformación y blanqueo» de fondos ilícitos a través de un complejo entramado de sociedades en España y varios paraísos fiscales.
Al frente estaban algunos de sus hijos, sus dos esposas y algunas personas de su confianza, pero él nunca aparecía. No obstante, los investigadores señalaron que, aunque no figuraba, «la gestión de las sociedades muestra unos patrones de conducta que acreditan que forman un todo». Un todo en el que Al Assad era el beneficiario final, la cabeza de una estructura piramidal. Además, los principales gestores, dos de sus hijos también acusados, «le rinden cuentas de todas las decisiones».
El escrito refería un sinfín de sociedades creadas con el propósito de ocultar el verdadero propietario de los bienes inmuebles. Por ejemplo, se apuntaba a que Rifaat también controlaba un restaurante en Puerto Banús (Marbella), varios apartamentos, un lounge de shisha y hasta una pizzería. Y que con el dinero ilícito también se adquirieron tres Toyota Land Cruiser blindados, relojes, joyas, metales, alfombras y marfiles por valor de 271.878 euros.
Gestión de sociedades
La Fiscalía solicitó para el exvicepresidente de Siria ocho años de prisión y una multa de 2,7 millones de euros. Estaba acusado de delitos de blanqueo de capitales como jefe. El resto de los acusados fueron calificados como partícipes. El Ministerio Público pidió para ellos seis años de cárcel y una multa de 2,1 millones, pero el juicio se suspendió inicialmente por sus achaques de salud y finalmente no se llevó a cabo.
Francia ya condenó a Al Assad en junio de 2020 a cuatro años de cárcel y la incautación de su patrimonio. Un tribunal de París le halló culpable de apropiación indebida y blanqueo de capitales procedente de fondos públicos sirios entre 1996 y 2006 y de fraude fiscal agravado. A pesar de «la gravedad excepcional» de los cargos, no emitió una orden de arresto ya que se encontraba en paradero desconocido y alegó «razones médicas» para ausentarse de una sentencia que apelaron sus abogados.
Al Assad también fue investigado en Suiza por crímenes de lesa humanidad. Las autoridades helvéticas le persiguieron por su presunta implicación en una matanza de los años ochenta que le valió el sobrenombre de El Carnicero de Hama, una ciudad siria en la que fueron asesinados 3.000 opositores al régimen. La represión del Ejército contra la población civil se desarrolló casa por casa.

