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Tribunales

Cremades reúne a la cúpula judicial para alertar del deterioro del Estado de derecho

Sobre el ‘procés’, Conde-Pumpido: «Es legítimo querer un Estado propio, pero es necesario un proceso legal»

Cremades reúne a la cúpula judicial para alertar del deterioro del Estado de derecho

Manuel Aragón Reyes, Cándido Conde-Pumpido, María Rey y Javier Cremades. | TO

El abogado Javier Cremades, presidente de la World Jurist Association, presentó este martes su nuevo libro Sobre el imperio de la ley en un acto celebrado en el Auditorio del Consejo General de la Abogacía Española que derivó en una advertencia de alto nivel institucional sobre los riesgos que afrontan la democracia y el respeto a la Constitución, en un contexto de creciente polarización política tanto a nivel nacional como internacional.

La presentación congregó a las principales autoridades del constitucionalismo español y europeo y situó el foco, desde el inicio, en la defensa del Estado de derecho. Entre los asistentes destacó el presidente del Tribunal Constitucional, Cándido Conde-Pumpido, cuyas intervenciones marcaron el eje central del debate. Conde-Pumpido felicitó a Cremades por abordar «un tema tan complejo» y alertó de que en la actualidad «se está desvalorizando la ley». Al recordar los 45 años del Tribunal Constitucional, subrayó que la democracia española ha superado desafíos muy relevantes y puso como ejemplo el procés. «Es legítimo querer tener un Estado propio, pero para poder ejecutarlo es necesario un proceso legal», afirmó, señalando que aquel intento supuso una impugnación directa del propio Tribunal Constitucional.

«El respeto a la legalidad y al Constitucional es imprescindible», insistió, antes de advertir de que «los enemigos de la democracia no siempre son externos, también pueden ser internos». En ese sentido, definió la Constitución como «el orden básico para todos, para el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial» y calificó la obra de Cremades como «una lectura obligada para todos los juristas».

El respaldo institucional al mensaje fue amplio. El presidente del Consejo General de la Abogacía Española, Salvador González, destacó que el título del libro «no puede ser más potente y simbólico» y lo describió como «un llamamiento a la defensa colectiva». «Nada puede estar por encima de la ley: ninguna persona y, por supuesto, ninguna institución», afirmó, al tiempo que recordó la fragilidad del Estado de derecho en países como Venezuela e Irán y advirtió de que «nunca hay que darlo por sentado».

El acto contó también con una intervención en vídeo del presidente del Tribunal Constitucional Federal de Alemania, Stephan Harbarth, quien subrayó que «sin proteger y defender el Estado de derecho no hay libertad» y definió Sobre el imperio de la ley como un llamamiento a la defensa de la democracia frente a amenazas crecientes.

Desde una perspectiva académica, el magistrado emérito del Tribunal Constitucional y catedrático de Derecho Constitucional Manuel Aragón Reyes coincidió en el diagnóstico y advirtió de que la polarización es el mayor enemigo de las democracias. «Sin concordia no puede mantenerse el Estado de derecho», señaló, alertando de los procesos de división tanto en Estados Unidos como en España.

El acto fue moderado por la periodista María Rey, presidenta de la Asociación de la Prensa de Madrid, quien abrió la sesión con un recuerdo a las víctimas de Adamuz —«si algo están pidiendo esas familias es una respuesta y justicia»— y planteó la preocupación ciudadana por el cuestionamiento creciente de las bases constitucionales y del respeto a la libertad.

Conde-Pumpido cerró el debate con una advertencia final: «Cuando se juntan la intolerancia, la estupidez y el fanatismo, la situación es preocupante», diferenciando entre criticar la ley y atacarla físicamente, como ocurrió con el asalto al Capitolio. «La polarización es un cáncer de la democracia», resumió.

La jornada concluyó con una defensa de la Constitución de 1978 como la única de la historia de España fruto de un verdadero pacto. Su rigidez —recordaron los ponentes— es una de sus principales virtudes y la razón de que haya funcionado durante décadas, lo que la convierte en una construcción institucional que, subrayaron, merece ser preservada.

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