La Ley de Propiedad Horizontal lo confirma: si el perro de tu vecino causa ladridos extremos, un juez puede expulsarle de su casa
Si la situación es insostenible y el implicado no cambia la situación podría enfrentarse a situaciones complicadas

Perro ladrando en casa | Canva Pro
Una de las principales razones de que surjan disputas entre los vecinos de una comunidad es el ruido, pero ¿qué pasa cuándo este se debe a los ladridos de un perro? En este tipo de situaciones la confusión entre los residentes suele aumentar, ya que es habitual pensar que no hay mucho que puedan hacer al respecto. Sin embargo, la Ley de Propiedad Horizontal (LHP) es tajante: si los ladridos son constantes e impiden el descanso de los demás, ese vecino podría ser expulsado de su propia casa.
Sigue habiendo mucha gente que piensa que en su casa «puede hacer lo que quiera», pero esto no es así, ya que es necesario respetar las reglas mínimas de convivencia para que todos puedan estar a gusto. ¿Eso quiere decir que mi perro no va a poder ladrar nunca por si molesta a mis vecinos? La respuesta es que no, esta regla solo se aplica a situaciones extremas.

¿Cuándo se convierten los ladridos en delito?
Si tu perro ladra de forma puntual no tienes porque asustarte, es algo normal. El problema viene cuando los ladridos son extremos, a deshoras o constantes. En ese momento, la ley lo considera una “actividad molesta”. El artículo 7.2 de la LPH lo explica de manera muy clara: «Al propietario y al ocupante del piso o local no les está permitido desarrollar en él o en el resto del inmueble actividades (…) que resulten dañosas para la finca o que contravengan las disposiciones generales sobre actividades molestas, insalubres, nocivas, peligrosas o ilícitas».
¿Qué castigo puede recibir el dueño?
Si ya se ha hablado previamente con el vecino y este no ha hecho nada por intentar cambiar la situación, la comunidad de vecinos puede demandarle. Si el juez aprueba la demanda podría imponer al vecino un castigo enorme: expulsarle de la vivienda durante tres años. «Si la sentencia fuese estimatoria podrá disponer (…) la privación del derecho al uso de la vivienda o local por tiempo no superior a tres años, en función de la gravedad de la infracción y del perjuicio causado a la comunidad», establece el artículo 7.2 de la LPH.
Esto quiere decir que aunque la casa sea suya, si el juez lo decide, este tendría que buscarse otro sitio dónde vivir durante ese periodo de tiempo.
Pasos a seguir para solucionar el problema
Si realmente los vecinos no pueden más con la situación, hay una serie de pasos que han de seguir para poner ponerle fin:
- Hablar con el vecino: es la solución más sencilla, hay ocasiones en las que el vecino puede desconocer que s perro ladra cuando este no está.
- Dar un aviso oficial: si ya se ha hablado con el vecino y la situación no cambia, el Presidente de la comunidad debe enviarle un papel oficial pidiéndole que pare. Esto es obligatorio para poder ir a juicio después.
- Llamar a la policía: si la policía realiza un informe sobre la molestia de los ladridos será una prueba fundamental en el juicio.
No solo importa el ruido
La Ley de Propiedad Horizontal no solo protege a la comunidad de los ladridos, sino que también tiene en cuenta la comodidad de esta en todos los ámbitos. Un perro no puede ensuciar zonas comunes ni dejar malos olores en ellas. El dueño está en la obligación de limpiar los desperfectos que su mascota provoque. El Artículo 6 de la LPH se asegura de que los vecinos puedan establecer una serie de normas que faciliten su convivencia: «Para regular los detalles de la convivencia y la adecuada utilización de los servicios y cosas comunes (…) los propietarios podrán fijar, por mayoría de tres quintas partes de las cuotas de participación, normas de régimen interior que obligarán a todo titular», determina.
