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Esta es la televisión en la que Ábalos escondió el pendrive que la UCO no encontró

El dispositivo que ocultó a los agentes el exministro de Transportes contenía información «muy, muy sensible»

Esta es la televisión en la que Ábalos escondió el pendrive que la UCO no encontró

El ministro de Transportes, José Luis Ábalos. | Ilustración de Alejandra Svriz

La escena no transcurre en un despacho ministerial ni en una sede de partido. Ocurre en un dormitorio. En una vivienda de Valencia. En el lado derecho de una televisión doméstica, conectada mediante una clave casi imperceptible, descansaba un disco duro externo con varias carpetas que, según el testimonio de quien lo vio, contenían material «muy, muy sensible». Ese aparato —una televisión aparentemente inofensiva— es hoy una de las piezas más reveladoras del rompecabezas que rodea a José Luis Ábalos.

El 10 de junio de 2025, la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil irrumpió en su domicilio. Buscaban pruebas, dispositivos, rastros digitales. Se llevaron 34 evidencias: discos duros, tarjetas SIM, memorias externas, libretas, teléfonos móviles clonados in situ. Pero no todo salió por la puerta en bolsas precintadas. Algo quedó atrás. O, mejor dicho, quedó conectado.

Según el testimonio de Anaís D. G., amiga del exministro y presente durante el registro, detrás de la televisión de la habitación de Ábalos había un disco duro azul y negro que no fue incautado. No estaba a simple vista. Permanecía conectado a través de una clave en el lateral derecho del televisor, camuflado entre cables y sombras. En su interior, asegura, había varias carpetas con todo tipo de material. Entre ese contenido destacaba documentación sensible. No se trata de una anécdota doméstica. Es un dato capital.

«Esconde esto»

La mañana del registro comenzó con sobresalto. «Cuando llegó la UCO yo estaba durmiendo», relata Anaís. «Me despertó José y me encontré con la Policía». La vivienda se llenó de agentes. También había una abogada amiga de su anterior letrado. El ambiente era de tensión eléctrica. En ese contexto, Ábalos tomó una decisión precipitada.

En el pasillo, mientras los agentes desplegaban el operativo, le entregó a Anaís un disco duro. «Me vino con un disco duro y estaba toda la policía por ahí y me lo dio y me lo escondí», explica. La instrucción fue directa: ocultarlo. La maniobra resultó burda. Anaís llevaba mallas y el volumen se notaba. Los agentes detectaron el gesto. Le retiraron el dispositivo antes de que saliera a pasear al perro acompañada por un guardia civil. Ese disco duro fue intervenido.

Pero la atención concentrada en esa escena —en el movimiento visible, en el objeto que sobresalía bajo la ropa— pudo desviar la mirada de otro punto de la casa. Mientras la UCO centraba sus esfuerzos en los dispositivos al alcance inmediato y en el registro personal de la mujer, otro soporte de almacenamiento permanecía conectado, inmóvil, silencioso, detrás de la televisión del dormitorio. No fue desconectado. No fue precintado. No fue inventariado.

El disco duro de la televisión

Anaís asegura que en alguna ocasión vio a Ábalos conectar ese disco duro a la televisión. En pantalla aparecían carpetas bajo el epígrafe «Mis archivos». No era un dispositivo olvidado en un cajón. Era un soporte en uso. Un repositorio digital que, según su testimonio, almacenaba información relevante.

La clave está en el detalle técnico: el disco duro estaba conectado mediante una clave en el lado derecho del televisor. No se trataba de un pendrive visible en el frontal, sino de una conexión lateral menos perceptible. Integrado en el conjunto de cables, quedaba fuera del foco inmediato de un registro que, aunque exhaustivo, debía abarcar decenas de dispositivos y estancias en un tiempo limitado. La imagen es poderosa: mientras los agentes clonaban teléfonos y revisaban memorias externas sobre la mesa del salón, un disco duro seguía conectado tras una pantalla apagada.

¿Qué contenía exactamente? Esa es la pregunta que sobrevuela el caso. Según Anaís, material «muy, muy sensible» relacionado con la etapa en la que Ábalos ejerció como secretario de Organización del PSOE. Información que, de hacerse pública, podría afectar a la estabilidad interna de la formación. Ábalos, por su parte, ha defendido ante el magistrado del Tribunal Supremo, Leopoldo Puente, que los dispositivos intervenidos contenían únicamente «información personal y parlamentaria». La distancia entre esa versión y el nerviosismo descrito por quienes estuvieron presentes es abismal.

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