
Jordi Sànchez defiende que las movilizaciones frente a la Conselleria de Economía "fueron pacíficas"
Jordi Sànchez ha reiterado en el juicio del procés que es un “preso político” y que nunca ha defendido los actos violentos

Jordi Sànchez ha reiterado en el juicio del procés que es un “preso político” y que nunca ha defendido los actos violentos

Tras dos primeras jornadas dedicadas a las cuestiones previas, el juicio del procés en el Tribunal Supremo aborda este jueves uno de los momentos más esperados: las declaraciones de los acusados. La delincuencia en España creció en el año 2018 un 4,1% respecto al año anterior. A este crecimiento contribuyeron especialmente los fraudes por internet, que aumentaron un 46,8%, y las violaciones, con un 22,7% más de denuncias.

Ha comenzado el juicio a los líderes políticos catalanes que participaron en el diseño y la ejecución del procés y la Declaración Unilateral de Independencia (DUI). Las vistas se producen en un contexto político marcado por la caída del proyecto de Presupuestos y el inminente anuncio de elecciones generales anticipadas. La imagen de los acusados en el banquillo del Tribunal Supremo compite así con otras noticias políticas, pero acaba por imponerse en nuestros telediarios y conversaciones en redes. Durante meses, hemos escuchado que este sería el momento de los argumentos técnicos, de la aséptica narrativa jurídica, y que nada de lo que hasta entonces habíamos opinado unos y otros tendría sentido ahora: se impondría una verdad judicial, ajena al ruido, las preferencias y los sentimientos de los espectadores.

De la ciudad –que es la comunidad política– Aristóteles dijo dos cosas: que está hecha de diferencias, y que la amistad la mantiene unida. Mis amigos catalanes me lo recuerdan todos los días. No estoy seguro de que sepan lo mucho que les admiro.

El juicio del procés arranca este martes 12 de febrero y durante los próximos tres meses cualquier ciudadano interesado puede seguir en directo su desarrollo a través de la web del Poder Judicial. Algo excepcional para un juicio igualmente excepcional.

Una de las ventajas de la democracia representativa es que no te obliga a mostrarte como lo que votas. El voto es secreto y la opinión no es obligatoria (aunque no lo parezca). Pero lo que es una ventaja desde el punto de vista personal, supone una constante espada de Damocles para el propio sistema democrático, porque nadie ni nada garantiza que los ciudadanos no opten en secreto por las peores opciones. Jesús Gil gobernaba en Marbella porque todo el mundo lo votaba pero nadie admitía que lo hacía.

Puigdemont más que a poner una pica en Flandes, que es lo único pendiente que tenemos los españoles en Bruselas desde la Guerra de los Ochenta Años, ha ido a izar su cobardía por bandera. Se fue de tapadillo como un preludio del esperpento. Ayer al fin dio señales de vida. Y las dio en rueda de prensa para añadir un capítulo nuevo a este ridículo internacional en el que ha convertido su cruzada particular para eludir a la justicia española. La prolongación de un ridículo que ya sólo se explica con ayuda de un psiquiatra o si hubiera vendido los derechos a ‘Netflix’ con el objetivo de lucrarse obscenamente. Porque de este onanismo independentista cada uno que saque lo que pueda.

Algo sabe de psicología revolucionaria Gero von Randow, quien en su juventud fue un excitado radical izquierdista. Sabe, y lo explica bien en Revoluciones (Ed. Turner), que éstas son una forma de vivir que siempre acaba en decepción. Sabe que “todavía no se ha producido ninguna revolución cuyo resultado no haya sido una nueva dominación”. Nunca consiguen la igualdad prometida, sino un nuevo reparto de privilegios. Así, no es de extrañar que sea una constante que, tras su triunfo, el revolucionario profesional se apropie del más bello o imponente palacio para ejercer su nueva rutina. El chalé con piscina y casa de invitados es un simple aperitivo que nos demuestra que tras la apariencia de sentimientos igualitarios solo hay esa envidia que don Quijote despreciaba como “carcoma de las virtudes”.

Advierto que, más que una columna, lo que sigue es una reflexión melancólica. Por mucho empeño que uno ponga en que su texto sea algo original y sugestivo, por más que uno tache y vuelva a empezar, hay veces que lo único que sale es el garabato triste de un problema irresoluble.

Poco después de la llegada de los presos del ‘proces’a Madrid y su ingreso en las prisiones de Soto del Real y Alcalá Meco, cerca de 20 activistas de la Assemblea Nacional Catalana (ANC) han ocupado la sede de la Comisión Europea y el Parlamento Europeo en Barcelona, en protesta por el juicio del 1-O y para reclamar poder ejercer el “derecho a la autodeterminación”.

El traslado de los nueve presos preventivos del procés desde Cataluña a dos cárceles de Madrid iniciado esta mañana se desarrolla sin apenas incidentes, según informan medios locales.

El director de los Mossos d’Esquadra, Albert Batlle, ha presentado su dimisión lunes dos meses y medio antes del referéndum de independencia, anunciado para el 1 de octubre.

El hasta ahora director del servicio de Emergencias 112 de la Generalitat de Catalunya, Fede Adan, ha presentado este martes su dimisión, según han adelantado varios medios catalanes. Se trata de la tercera renuncia en cadena en el Departamento de Interior de la Generalitat, tras la salida de Jané el viernes pasado y la dimisión este lunes del director de los Mossos d’Esquadra, Albert Batlle. Estas renuncias se producen en medio del proceso soberanista para la celebración del referéndum el próximo 1 de octubre.

El PSOE ha puesto fin este domingo a su 39º Congreso Federal con la aprobación de la nueva Comisión Ejecutiva Federal, con el 70% de los votos a favor, y la proclamación de Pedro Sánchez como secretario general.

El Gobierno de EEUU considera que Cataluña es “un asunto interno” español y está “profundamente comprometido a mantener la relación con una España fuerte y unida”, según afirma este miércoles en un comunicado la Embajada estadounidense en Madrid.

El experimento separatista —empieza a ser difícil llamarle proceso a algo que hace años que gira sobre sí mismo— ha abierto las puertas de la sociedad catalana a una retórica izquierdista, pero no de cualquier izquierda.

“Sí, quiero ser el próximo alcalde de Barcelona. Y esto dependerá de los barceloneses”, ha dicho Manuel Valls al presentar su candidatura por Barcelona para las elecciones municipales del próximo mes de mayo.

Prato, en la Toscana, proporcionalmente es la primera en Italia en número de ciudadanía inmigrante y está considerada la segunda de Europa con mayor número de población china.

El ex primer ministro francés Manuel Valls, que nació en la capital catalana, ha admitido hoy que baraja presentarse a la Alcaldía de Barcelona por Ciudadanos en las elecciones municipales del próximo año.

El columnista de elSubjetivo Fernando Hernández Valls opina sobre lo que le espera al PSOE

El columnista de elSubjetivo Fernando Hernández Valls opina sobre lo que le espera al PSOE

El Consejo de Ministros ha decidido este viernes interponer un recurso ante el Tribunal Constitucional (TC) contra la decisión anunciada por el presidente del Parlamento catalán, Roger Torrent, de proponer a Carles Puigdemont candidato a la investidura como president de la Generalitat en un pleno convocado el martes 30 de enero a las 15.00 horas.

El expresidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, ha jurado este martes por imperativo legal la Constitución y el Estatut y ha añadido que promete actuar con plena fidelidad a la voluntad del pueblo, según recogen varios medios. Este trámite es una condición obligatoria para ocupar un escaño.

Ya sucedió tras las elecciones catalanas de 2015, cuando la aritmética parlamentaria quiso que fuera la CUP quien tuviera en su mano dar el beneplácito al eventual morador de la Generalitat. Tras aquellos azares, por cierto, nadie puede negarle a los antisistema, a la luz de los acontecimientos, ciertas dotes como cazatalentos: el elegido entonces, Carles Puigdemont, ha resultado ser el más fiel discípulo de la doctrina antiparlamentaria e insurreccional, hasta el punto de haber relegado a los cuperos a seis asientos menos en el nuevo Parlament.

Cataluña ante el espejo. ¿Qué imagen devolverá ese espejo después de 5 años de procés? ¿Qué puede construirse después del mismo?

Cataluña ante el espejo. ¿Qué imagen devolverá ese espejo después de 5 años de procés? ¿Qué puede construirse después del mismo?

El cómico Toni Albà llamó el otro día “mala puta” a Inés. Inés a secas. Esta Inés es una persona que, al parecer, se disfraza de demócrata para conseguir votos. Todo el mundo entendió que se refería a Inés Arrimadas, a la que el independentismo desprecia porque va camino de conventirse en la candidata más votada en Cataluña.

José Luis Roig comparte con nosotros los que para él son los 5 aspectos fundamentales que se deben tener en cuenta ante las próximas elecciones catalanas del 21D.

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Fernando H. Valls analiza las consecuencias ocultas que ha dejado el procés en España.

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El presidente del Parlamento Europeo (PE), Antonio Tajani, ha afirmado este sábado que “nadie reconoce ni reconocerá a Cataluña como un estado independiente”

El periodista barcelonés Pablo Mediavilla Costa publicó el otro día en twitter, a cuenta del proceso independentista catalán, algo que me pareció triste y emotivo: «Afortunados los que no habéis tenido que presenciar la caída en este delirio de una persona querida (y perdida)». Todas las palabras son las precisas: caída, delirio, querida, perdida.

Andaba yo descubriendo el Camino Real que une las misiones españolas en California dentro del nostálgico recorrido con el que mi mujer y yo nos despedimos de Estados Unidos en ese lejano verano de 1975 cuando, entre Los Ángeles y San Diego, nos encontramos en un cruce con una carretera, la Portola Parkway, cuyo nombre me llamó la atención porque por allí no parecía haber ninguna población, ningún condado, con ese nombre. Preguntando aquella noche oí por primera vez en mi vida -cosa que me sigue avergonzando, porque un corresponsal en EEUU debería saber esas cosas- el nombre de Gaspar de Portolà.

Hace poco, una partidaria de la independencia me daba un discurso lleno de candor, en el que afirmaba que la nueva Cataluña es un proyecto ilusionante y moderno, ¿No me gustaría una educación de calidad para mis hijos, donde personas como yo, que saben de creatividad, de pasión educativa, tengan voz para construir otra cosa diferente a esto que tenemos? Donde la cultura sea real, donde yo misma, que me dedico a hablar tanto de educación, sería bienvenida para asesorar con todos estos conocimientos que tengo sobre los niños de altas capacidades, por ejemplo. Por unos instantes pensé… qué bonito sería poder acabar con este monopolio de los libros de texto llenos de clichés y papanatería, de los profesores aburridos que sueltan su chapa sin enseñar a pensar porque nadie los enseñó a ellos, de la ciencia, la física, la química, la praxis, la matemática sin sumas aburridas para crear hombres felices y no ciudadanos. Qué bonito sería que el colegio no fuese la forma de fabricar conformismo o una criba de talentos que buscan salirse siempre de la caja. Qué bonito sería, si no fuera un oxímoron en las circunstancias catalanas y en el país educativo que se pretende fundar.

Más que un acendrado sentimiento republicano, en Cataluña existe una alergia revenida y un tanto carlistona hacia el actual jefe del Estado. Recordemos las injuriosas pancartas de la manifestación posterior a los atentados de Barcelona en las que se acusaba directamente al monarca de traficante de armas. La explicación de la inquina es bien conocida: en el relato independentista el cambio de la dinastía Habsburgo por la borbónica, en una cruenta guerra que hay que entender en un marco europeo y no ombliguista, significa, con el permiso del Conde Duque de Olivares, la constatación de la opresión española.

“Esta semana despediremos a dos españoles de la empresa. Ya no cogemos a gente de vuestro país. Adiós, España”. Me piden que no haga un caso de un tweet. Está bien. Ni siquiera voy a hacerlo de los amigos que estos días me dicen que tienen miedo de salir de casa, de los que se van a marchar de Cataluña. Tampoco voy a hacer un caso de las personas cercanas que temen la hora de ir a la oficina, que se plantean coger bajas, que no pueden volver al gimnasio o que tienen que ir acompañadas a hacer la compra por su pueblo. Voy a aceptar que todo eso es evidencia anecdótica.

A Antonio Baños, periodista, músico y cabeza de lista de la CUP en las elecciones autonómicas de 2015, le fotografiaron el fin de semana pasado trasegando gintonics en la terraza del Hotel Casa Fuster, uno de los más lujosos de la ciudad, junto al teniente de alcalde podemita Jaume Asens y el presentador de TV y productor de radio Toni Soler. Todos ellos declaradamente independentistas. Las redes sociales no tardaron en hacer sangre de tan pigmeo acontecimiento y en acusar de hipócritas a los allí presentes.

Todos los niños eran rubios para TV3, y guapos. Sonreían fosforito a la misma cámara que nos mostraba hasta a Otegi como un saludable corderito de paz. Y comían helado sobre los hombros ‘indepes’ de sus padres tan demócratas. Día agradable en Barcelona, ciudad comerciante de donde andan’ volando’ los capitales rumbo a la seguridad jurídica; allá donde no entre la larga manopla de la CUP. Los niños seguían sonriendo, y el helicóptero de TV3 por las calles de Barcelona, en una realización aérea con cargo a ‘tots’, daba con la toma exacta para que no se viesen las calvas en la ‘manifa’. Fue menos gente que a otras diadas, pero un 11-S es meramente simbólico, claro está, y el mambo de Gabriel no está para florecillas poéticas, que ya llegará el primero de octubre con su dialéctica.

Arranca la campaña para el referéndum ilegal. Puigdemont da el pistoletazo de salida en Tarragona, feudo socialista donde su alcalde ha dejado claro que no cederá ni un solo espacio municipal para el 1-O. Y no cesa la propaganda oficialista de la Generalitat, pagada por todos, pero solo al servicio de unos, como no paran de escucharse discursos políticos basados en argumentos falsos. Pero se lo han montado los independentistas, como tantos otros a lo largo de la historia, para hilar un relato en defensa de una causa aparentemente democrática que en realidad es el diseño de un Estado autoritario.