Jorge San Miguel

El macguffin socialista

El macguffin socialista

La moción de censura que dio la presidencia del gobierno a Pedro Sánchez se nos anunció como una operación de necesaria limpieza democrática frente a la corrupción del Partido Popular, plasmada en la sentencia del Caso Gürtel, y la, en el mejor de los casos, dejación del hasta entonces presidente Rajoy.

Otro día histórico

Otro día histórico

Llevo poco tiempo “en política”, pero me ha tocado en suerte un período prolijo en días históricos. Así, a bote pronto, diría que ha sido de media uno cada tres o cuatro meses; contando con que hubo un tiempo en que Podemos nos regalaba una jornada epocal casi cada quince días. He vivido dos elecciones generales, dos mociones de censura, dos negociaciones de investidura o gobierno, dos presupuestos generales, un rosario de reprobaciones y alguna que otra defenestración.

Viva la clase media

Viva la clase media

En Grandes esperanzas, Dickens retrata el personaje de John Wemmick, un empleado del abogado Jaggers que aconseja y cuida -a su manera- al protagonista Pip. Se ha señalado con justicia que Wemmick es el personaje más moderno de la novela, y que su vida escindida entre la frialdad con que se mueve en el entorno profesional y la calidez doméstica de su “castillo” en Walworth, al sur del Támesis, es quizás el primer gran ejemplo en la literatura europea de esa existencia demediada de la pequeña burguesía. El castillo no es (sólo) metafórico: es una casa con almenas, puente levadizo y foso que Wemmick comparte con su padre anciano, y que simboliza tanto el refugio frente a la banalidad del mundo exterior del trabajo y los negocios, como la consabida aspiración burguesa a ser algo más que un producto aventajado de ese mundo.

The Terror: Truculencias decimonónicas

The Terror: Truculencias decimonónicas

The Terror, la serie sobre la expedición de Franklin al Paso del Noroeste basada en una ficción de Dan Simmons y producida por Ridley Scott, es la última sensación en la televisión española. Se beneficia, cómo no, de una producción lujosa, que al confinar a los actores en los dos navíos encajados en la masa de hielo adquiere una forma se diría que teatral; y de unos actores que recordamos de otras series de éxito como Roma y Juego de tronos. Ciarán Hinds hace un estupendo Franklin: dubitativo, débil, benévolo, fatuo y breve.

El regreso de la clase

El regreso de la clase

Escribe Foucault en Microfísica del poder (“Curso del 14 de enero de 1976”): “No considerar el poder como un fenómeno de dominación masiva y homogénea de un individuo sobre los otros, de un grupo sobre los otros, de una clase sobre las otras; sino tener bien presente que el poder, si no se lo contempla desde demasiado lejos, no es algo dividido entre los que lo poseen, los que lo detentan exclusivamente y los que no lo tiene o lo soportan”. Si el lector o lectora arruga el gesto, y más en un día como hoy, Foucault prosigue, explicando cuál es para él la naturaleza del poder: “El poder tiene que ser analizado como algo que circula o, más bien, como algo que no funciona sino en cadena. No está nunca localizado aquí o allí, no está nunca en las manos de algunos, no es un atributo como la riqueza o un bien. El poder funciona, se ejercita a través de una organización reticular. Y en sus redes no sólo circulan los individuos, sino que además están siempre en situación de sufrir o ejercitar ese poder, no son nunca el blanco inerte o consintiente del poder ni son siempre los elementos de conexión. En otro términos, el poder transita transversalmente, no está quieto en los individuos”.

Marrakesh

Marrakesh

Viajo por tercera vez a Marrakesh. Fui la primera vez con aprensión, la segunda vez sin ganas. Siempre me marcho con la idea fija, con la necesidad de volver.

Nuestro MacGuffin

Nuestro MacGuffin

Hace seis años comenzó en España lo que se ha denominado un ciclo de politización. La secuencia es conocida. Las movilizaciones del 15M, más transversales e indefinidas, fueron dando paso a movimientos sectoriales en protesta por los recortes. Los colectivos y redes con más capital organizativo previo, generalmente de izquierdas, fueron capitalizando el descontento, aún de forma inarticulada políticamente. Partidos ya existentes como IU o UPyD crecían en las encuestas, pero no parecían en disposición de alterar radicalmente la cartelización política que convertía a España de facto en un bipartidismo.

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