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Cómo los humanos hemos moldeado el cerebro de los perros

Al ser domesticados, los perros han estado sometidos a un proceso de selección artificial para que cumplieran con determinadas tareas

Foto: Matthew Henry | Unsplash

Beagles, dálmatas, pastores alemanes, labradores… Los llamados perros de pura raza, con los que tantas personas se obsesionan, no son sino el resultado de cruces de canes con características concretas para poder obtener crías con determinadas habilidades que pudieran realizar funciones especializadas. Ahora, un equipo de científicos ha descubierto que estas variaciones están presentes en los cerebros de los perros y que se produjeron “en las ramas terminales del árbol filogenético del perro, lo que indica una selección fuerte y reciente en razas individuales”.

El perro es la primera especie domesticada por el hombre y, en esta relación, el canino ha estado sometido a un proceso de selección artificial para que cumpliera con determinadas tareas. Como resultado, un labrador es un gran guía para ciegos, mientras que un pastor alemán es un formidable aliado para controlar un rebaño de ovejas, a la vez que el perro de agua español es un competente aliado de pescadores y un mastín es el perfecto guardián del hogar que hará que su dueño no necesite instalar una alarma en casa.

Cómo los humanos hemos moldeado el cerebro de los perros

Este labrador tiene en su cerebro marcada la capacidad para convertirse en un estupendo perro guía para ciegos cuando crezca. | Foto: Shridhar Dixit | Unsplash

Los investigadores del estudio, de distintas universidades estadounidenses como Harvard o Emory, consideraron que estas diferencias en las habilidades de las distintas razas debían de ser “el resultado de diferencias neurológicas subyacentes, pero, sorprendentemente, este tema ha estado ampliamente inexplorado”, según escribieron en su estudio, publicado en la revista científica JNeurosci.

De modo que realizaron escáneres cerebrales a 62 ejemplares, tanto machos como hembras, de 33 razas distintas. “Un análisis de componentes independientes de todo el cerebro basado en datos estableció que las subredes regionales covarían significativamente entre sí”, escriben los autores en el documento. “La variación de estas redes no es simplemente el resultado de una variación en el tamaño total del cerebro, el tamaño total del cuerpo o la forma del cráneo, sino que, además, la anatomía de estas redes se correlaciona de manera significativa con diferentes especializaciones de comportamiento, tales como caza con la vista, caza con el olfato o compañía”, explican.

Seegún ha contado a Newsweek la coautora del estudio Erin Hecht, profesora del Departamento de Biología Evolutiva Humana en la Univeresidad de Harvard, “estas diferencias son, al menos parcialmente, debidas a la crianza selectiva para obtener comportamientos particulares“. Según la experta, el estudio señala que “ha habido una presión selectiva fuerte y reciente sobre la organización cerebral de razas individuales de perros, lo que sugiere que los efectos de los humanos en el cerebro de los perros pueden darse muy rápidamente en términos de tiempo evolutivo”. También considera que es “muy profundo” el hecho de que “nuestra especie haya moldeado el cerebro de otra especie del planeta”.

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Criar perros para actividades concretas ha hecho que el ser humano haya modelado el cerebro de estos animales. | Foto: Xavier Balderas Cejudo | Unsplash

Los investigadores entienden que los hallazgos de su estudio son, eso sí, limitados, porque todos los animales que estudiaron se sacaron de clínicas veterinarias y probablemente fueran mascotas domésticas que no pusieran en práctica las habilidades propias de su raza, como la caza o la vigilancia. “Esto significa que, a pesar de que estos perros no emplean activamente estas habilidades, podemos ver especializaciones en sus cerebros”, cuenta Hecht. “Imagino que, si estudiáramos perros que sí utilizan estas habilidades, podríamos ver efectos todavía más claros“, concluye.

Este es precisamente el siguiente paso que quieren dar los investigadores. “La variación neuroanatómica es claramente visible a lo largo de distintas razas”, explican los científicos en su estudio. De modo que ahora quieren ver qué efectos tienen estas variaciones en los perros que ponen en práctica estas habilidades.

En cuanto a las implicaciones de su estudio, Hecht considera que este “sugiere que podríamos usar la neurociencia para entender mejor el comportamiento de los perros y para criar y entrenar perros de formas más efectivas para obtener habilidades especializadas“. Además, apunta, el análisis “abre una nueva ventana para examinar cuestiones científicas básicas y fundamentales sobre cómo el cerebro produce un comportamiento y cómo evolucionan los cerebros a lo largo del tiempo”.

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