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Inverfest: Fuel Fandango y James Rhodes en un mismo festival, abstenerse puristas

Inverfest es el desprejuiciado y exitoso festival madrileño que llena de música una época del año más tendente al páramo festivalero

Inverfest: Fuel Fandango y James Rhodes en un mismo festival, abstenerse puristas

La ortodoxia no está de moda. Lo políticamente correcto ya no es mainstream. Y las formalidades son aburridas. Estas tres afirmaciones podrían servir para definir a Fuel Fandango y James Rhodes, que el pasado fin de semana colgaron -por separado- el cartel de sold out en el Circo Price. Era el segundo fin de semana del Inverfest, el desprejuiciado festival madrileño que llena de música una época del año más tendente al páramo festivalero, y el éxito ya se palpaba en taquilla.

Los primeros en inaugurar este fin de semana rebelde fueron los hipercinéticos Fuel Fandango, que están girando con Aurora, su último disco. El espectáculo que desplegaron Ale Acosta y Cristina «Nita» Manjón sobre el escenario fue tan apoteósico que dio cabida para gritar “olés” y saltar con la catarsis electrónica. Y es que Fuel Fandango es flamenco, pero también es soul y sintetizadores. La cohesión de estos estilos tan antagónicos se pudo comprobar gracias a un directo sólido y bien hilado. Un maridaje que da como resultado una auténtica fiesta. Tal es la combinación que en algún interludio podías trasladarte al Space de Ibiza, pero sin megatrón, o a un tablao flamenco del centro de la capital.

Fuel Fandango en Inverfest | Foto: LaGafa via Fuel Fandango Facebook
Fuel Fandango en Inverfest | Foto: LaGafa via Fuel Fandango Facebook

El tronío flamenco vino de la mano del guitarrista Dani Morón, que acompañó a la frenética Nita en Not True y Always Searching. Otras de las sorpresas de la noche fue cuando apareció Niño de Elche -otro rompedor de reglas- y se fundió con Nita tejiendo Todo y la nada con una solemnidad apoteósica.

El poderío desplegado por Nita merece una mención aparte. Enfundada en un vestido negro con capa, la cordobesa hizo gala de su aura mágica desde el minuto uno con los acústicos de Fragile y Today. Y supo mantener el clímax hasta la clausura con Salvaje.

Madrid quiere a Fuel Fandango, y Fuel Fandango quiere a Madrid. Hace menos de dos meses llenaron La Riviera y este sábado hicieron lo propio en el Circo Price. Por eso no es de extrañar que Ale Acosta dijera con profundo gozo: “Me quedaba a vivir en este concierto”. Y nosotros en él.

James Rhodes y su sudadera de Chopin

El domingo fue el turno del pianista inglés James Rhodes. Quien haya leído su desgarradora confesión en Instrumental, necesita poca presentación. Para aquellos que no lo hayan hecho, basta decir que es un genio que trata de liberar a la música clásica de sus encorsetadas ceremonias. Se presentó ante 1.800 entusiasmados espectadores en vaqueros y con una sudadera que rezaba Chopin, sin abrir la boca ya se había ganado al respetable con estos dos simples detalles. Y cuando decidió romper el imponente silencio que se instaló en el teatro, lo primero que soltó por su boca fue: «Fuck brexit« y «really, really fuck Donald Trump«. No había tocado ni una tecla y ya daba a entender que su concierto de música clásica, iba a ser de todo menos clásico. Hasta se tomó un Kit-Kat en el ecuador del concierto. Lo dicho, rompiendo reglas.

Abrió la veda con Preludio número 1 en C Mayor de Bach. La solemnidad del teatro a oscuras con la única espita de luz que iluminaba el piano impregnaron de magia tras una presentación más propia de una estrella de rock. Pese a las advertencias de los acomodadores y la voz en off de megafonía que advirtieron que estaban prohibidas las fotos y los vídeos, la ortodoxia de un concierto clásico se rompió hasta en eso. Sonaba Fantasía fa menor y la Polonesa-fantasía, de Fréderic Chopin y la Sonata para piano núm.31 de Ludwig van Beethoven y los smartphones del público trataban de captar lo que para muchos sería su primer acercamiento a la música clásica. Ahí radica la labor de Rhodes y que él define de forma franca y meridiana: «liberar la música de la tiranía de los imbéciles».

Además de interpretar y acercar la música de Beethoven, Bach, Chopin al gran público, también despliega una actitud pedagógica al contar las historias humanas que esconden las partituras. Entre pieza y pieza habló de cómo Bach le salvó la vida y del paralelismo vital de dos genios como Beethoven y Goya, que murieron deprimidos y sordos. Rhodes no se considera un virtuoso, sino más bien un pianista correcto. Una humildad que no es capaz de asumir que su querencia a romper las reglas ha supuesto una revolución y ha servido de inspiración a miles de personas.

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