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Cultura

Edoardo Albinati, el testigo del caso Alcàsser italiano que se lanzó a la escritura

El autor romano, reconocido con el prestigioso premio Strega, presenta en España su ambiciosa novela –’La vida católica’– sobre la masacre de Circeo y esa «enfermedad incurable» llamada masculinidad

Edoardo Albinati, el testigo del caso Alcàsser italiano que se lanzó a la escritura

Edoardo Albinati es profesor de presos: “Delincuentes, criminales. Algunos por casualidad, otros son profesionales. Violadores, traficantes de drogas, homicidas, ladrones. La corporación de presos es la típica en general en Roma. Desde hombres con delitos muy ligeros a hombres con delitos muy graves, gente condenada a cadena perpetua y también de muchas edades y nacionalidades”.

–¿Qué tipo de creatividad se encuentra?

–La creatividad a lo mejor la manifiestan en su profesión criminal –responde Albinati–. Algunos están dotados para la poesía, otros no tienen creatividad alguna. Igual que las personas que no son presas. La creatividad no la tiene todo el mundo. No hay mucha diferencia en cuanto a dotes personales respecto al mundo exterior. Los que están en prisión representan a la humanidad, más o menos de la misma manera que representamos a la humanidad los que estamos fuera. Con la única diferencia de que ellos han cometido delitos, a veces graves. Son como nosotros, salvo por un plus: el uso de la violencia.

Tres chavales escribieron la crónica negra de Roma el 29 y 30 de septiembre de 2015. Los tres venían de buenas familias, lo tenían todo. Escogieron a dos chicas, fingieron una fiesta y las violaron y torturaron durante horas. Un día y una noche. No hubo rastro de piedad en sus ojos. A Rosario López, de 19 años, la mataron. A Donatella Collasanti, de 17, la dejaron moribunda, pero sobrevivió. La prensa bautizó el suceso como la masacre de Circeo. La sociedad italiana quedó traumatizada.

Albinati conocía a los tres chicos: sus compañeros en la escuela católica San Leone Magno.

“¿Por qué pasó?”. La pregunta ondea en este libro denso, denso, de 1.300 páginas, que llamó La escuela católica y que edita Lumen, dos años después de ser premiado con el Strega –mayor premio literario de Italia–. Esa escuela católica es la Italia tradicional, la masa madre. ¿De dónde vienen los monstruos?, se pregunta en el libro, sin éxito. A fin de cuentas, el esfuerzo se parece más al del escenógrafo que al del forense.

Pasaron muchos años hasta que Albinati se decidió a escribir esta historia.

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Portada de ‘La escuela católica’, de Edoardo Albinati. | Foto: Lumen

Angelo Izzo, hermano mayor de su amigo del alma, perpetrador de la masacre, fue sentenciado a cadena perpetua. Nadie pestañeó ante la condena: toda Italia conoció los detalles del crimen. Sobrecogió, sin embargo, que el asesino volviera a ser noticia cuarenta años después, durante un permiso penitenciario, cuando aprovechó la ocasión para visitar la casa de su compañero de celda, llamar a la puerta y estrangular a su mujer y su hija.

“Sí, pensé en escribir este libro en 2005”, relata. “Después tardé un año en encontrar la voz narrativa. Luego trabajé mucho un par de años, luego me paré, encallé porque el libro tomaba muchos caminos diferentes. Pensaba que el libro iba a naufragar. Durante dos o tres años no escribí nada. Seguí leyendo, tomando apuntes, pero creía que lo había perdido”.

–¿Habló con sus vecinos para hacer memoria?

–En realidad lo hice yo solo. No entrevisté a nadie, no quise verificar ni preguntar a vecinos. Tenía bastante material. Las lecturas sí me han ayudado mucho, más que personas. Tengo una biblioteca entera de todos los libros que he consultado para documentarme. Libros muy interesantes sobre la idea de la virilidad, de la masculinidad. Pero no, no hablé con vecinos. Me habrían confundido.

Le animó a seguir adelante con la escritura la llamada del editor Rizzoli. “¿Tienes algo?”, le preguntó. Albinati dudó, le dijo que algo tenía, algo en lo que llevaba demasiado tiempo. A Rizzoli le interesó. Así que el profesor continuó el trabajo, un esfuerzo que ocupó toda una década, y el resultado publicado le dio algunas alegrías: el prestigioso premio, la noticia de que se adaptará al cine.

Una obra de este tamaño, ¿se abandona o se termina? “El libro acabó cuando acabé yo mismo. Estaba agotado, durante seis meses quedé completamente en apnea, noqueado, sin energía. Normalmente escribo una hora o dos al día, como mucho. Sin embargo, el último verano de trabajo, que no era tanto de escribir como de montar, trabajé ocho o diez horas diarias y estaba hasta arriba, agotado mentalmente, moralmente, físicamente. No me he recuperado. Para recuperarme tendría que volver atrás, diez años atrás, tener la misma energía. Y, claro, mientras tanto uno envejece. Ha durado muchísimo. Entré joven en su escritura y salí anciano”.

Hay biografía y crónica, ensayo y novela en La escuela católica. Hay una historia casi confesional y un dardo contra la masculinidad, un crítica feroz a lo que comprende como una “enfermedad incurable”. Albinati no tuvo reparos para hablar de una “sociedad de la violación”, una sociedad machista y obcecada en reservar a las mujeres rincones muy concretos. La experiencia de escribir este libro debió ser terrible, entonces. En absoluto, dice. “Fue liberador. Un proceso de respirar, de confesión. El auténtico sentido de la confesión no es el perdón, sino la liberación”.

–¿Son muy distintas las opiniones que le dan sobre este libro mujeres y hombres?

–Sí, muy diferentes –sonríe–. En primer lugar, por un hecho que no tiene que ver con el libro, pero sí con la lectura. Las mujeres leen más. Vas a la presentación de un libro y ves que tres de cada cuatro son mujeres. Y luego el hecho de que en este libro tienen muy poco espacio. Es un libro sobre el varón. Los libros sobre los hombres normalmente interesan a las mujeres. He recibido mucha gratitud femenina. Y mujeres que me han escrito para decirme que ahora entienden a sus hijos.

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Edoardo Albinati. | Foto: J.R.P. | The Objective
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