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Así es la nueva era de internet: nubes oscuras y fantasías digitales

‘La nueva edad oscura’ de James Bridle reflexiona sobre la necesidad de iluminar nuestras capacidades ante la gran información que existe en internet

Así es la nueva era de internet: nubes oscuras y fantasías digitales

Tianyi Ma | Unplash

A día de hoy la tecnología nos ha generado múltiples preguntas: cuál es el papel de las humanidades en la sociedad de la información, cómo integramos a nuestras futuras generaciones futuras y cómo llegó a surgir el mito del robot neutral y objetivo.

Si en la Edad Media Europa vivía sumergida en una “nube de ignorancia”, hoy la nube abarca y observa orwellianamente todo lo que hacemos. En el libro La nueva edad oscura. La tecnología y el fin del futuro de James Bridle, publicado este año por el sello Debate, se ofrece un análisis claro de cómo se ha generado un enredo entre la humanidad y una red de múltiples y complejos procesos tecnológicos que afectan nuestra capacidad de pensar, comprender y actuar, no solo para nosotros mismos, los humanos, sino para las plataformas digitales que se han ido creando y potenciando en los últimos 20 años.

A pesar de que Bridle es tecnólogo, este libro no se presenta como un texto académico formal; sus diez capítulos atraviesan una serie de disciplinas, desde la historia hasta la política, la informática y la geografía, para desarrollar las manifestaciones de la lógica central que Bridle avala: “cuanta más información producimos sobre el mundo, menos somos capaces de entenderlo”.

La tesis de Bridle sostiene que en las manifestaciones sociales contemporáneas -desde el cambio climático hasta las teorías de conspiración, las crisis financieras, la hipervigilancia masiva hasta incluso los alarmantes y engañosos vídeos de Peppa Pig en YouTube o camisetas algorítmicas vendidas en Amazon que constituyen la próxima “nueva era oscura”- nuestra capacidad tecnológica para producir y procesar grandes cantidades de información no se corresponde con un aumento en el conocimiento y, especialmente, la comprensión del mundo. Por el contrario, cuanto más aumentamos el poder computacional y acumulamos mayor cantidad de datos, más nos quedamos en la profunda oscuridad, tropezando y dando palos de ciego a través de un mundo que, cada día, como diría el fallecido filósofo Zygmunt Bauman, es más líquido.

La nueva era de internet: nubes oscuras y fantasías digitales
Imagen vía Editorial Debate.

 

El primer capítulo del libro, Caída en el abismo, el autor afirma que “nos encontramos hoy conectados a vastos depósitos de conocimiento, y sin embargo no hemos aprendido a pensar. De hecho, lo contrario es cierto: lo que pretendía iluminar el mundo en la práctica lo oscurece”. Quizás este es un guiño claro a los estudios de Adorno y Horkheimer que “en el ámbito de dominio del sistema, lo nuevo, el progreso, en cuanto calamidad siempre nueva, es igual a lo antiguo”.

Si la escuela de Frankfurt adelantaba una crítica de la racionalidad instrumentalizada de la sociedad de masas, entonces el argumento de Bridle en La nueva edad oscura es un proyecto similar para la era digital: el desarrollo de nuevos modos de pensamiento son distintos al relato hegemónico del «pensamiento computacional» que crea el mundo como una especie de Dios a su propia imagen y semejanza, de tal manera que la visión del mundo producido por la computación se torna tan exhaustivo que se muestra como realmente no es. Bajo su control, la solución a los problemas sociales, económicos y ambientales se han convertido en su mayor aliado: a más poder de procesamiento, más datos, ese nuevo petróleo. Dios creando el caos para sacar provecho. (Si no lo has entendido, te doy un ejemplo, ¿por qué las grandes plataformas no pausan y censuran las fake news?)

Esta búsqueda por ir más allá genera bucles de retroalimentación viciosa, por lo que la búsqueda de soluciones solo termina acelerando los síntomas mórbidos que pretende resolver. Para Bridle, esta es la “nueva era oscura”, en la cual “el valor que le hemos dado al conocimiento es destruido por la abundancia de esa mercancía rentable, y en el que miramos a nuestro alrededor en busca de nuevas formas de entender el mundo”. El autor no cree que su oscuridad sea “literal”, ni “una ausencia u oclusión del conocimiento”, “expresión de nihilismo o desesperanza”; más bien, la oscuridad es tanto “la naturaleza como la oportunidad de la crisis actual: una aparente incapacidad para ver claramente frente a nosotros, y para actuar significativamente, con agencia y justicia, en el mundo, y, al reconocer esta oscuridad, buscar nuevas formas de ver con otra luz”. Más que una opinión filosófica de la escuela de Frankfurt, Bridle está más cerca de Freud, Jung y el psicoanálisis.

“El valor que le hemos dado al conocimiento es destruido por la abundancia de esa mercancía rentable, y en el que miramos a nuestro alrededor en busca de nuevas formas de entender el mundo”

Lo que sigue en el libro es una exposición de nuestra oscuridad actual para intentar encontrar formas alternativas de ver y comprender el mundo. La ambición del argumento de Bridle a veces puede ser ocultada por sus llamados a la modestia epistémica, aunque esto podría considerarse exactamente como la paradoja en la que se ubica nuestra contemporaneidad. Contra la arrogancia del pensamiento computacional, requerimos formas de “alfabetización” en el conocimiento, modos de lenguaje y metáforas que nos permitan “pensar sin reclamar, ni siquiera buscar o comprender completamente’” formas lingüísticas para pensar a través del sistema sin dejarse absorber por completo por sus propios términos. Bridle sostiene que la red nos enseña que la nada, menos que el todo, es lo que realmente funcionará; sin embargo, es precisamente esta abundancia la que “revela la insuficiencia del pensamiento computacional” y es incapaz de comprender “la interconexión de todas las cosas”.

Esto establece el tono para los nueve capítulos de Bridle que trazan la interdependencia del advenimiento de la informática moderna, la predicción meteorológica, el cambio climático, la hipervigilancia estatal, las teorías de conspiración en internet y mucho más, mientras va señalando cómo desarrollar nuevas formas de pensar a través de la nueva era oscura. Bridle desentraña, por ejemplo, la mala dialéctica resultante del desarrollo inicial de la computación como herramienta de predicción del clima a la complicidad de la subsiguiente búsqueda intensiva de carbono en la acumulación de datos dentro de los procesos de cambio climático. El libro está repleto de estas anécdotas oscuras en las que la búsqueda humana dentro del mundo de la computación ha generado consecuencias emergentes que escapan a su control; la catástrofe climática[contexto id=»381816″] es el arquetipo más obvio para el autor.

Estos ejemplos detallados que corroboran gran parte del argumento de Bridle, desde encuentros con teóricos de la conspiración de las estelas químicas -conspiración chemtrail– hasta productos racistas automatizados de Amazon, son interesantes, poderosos e inquietantes por igual, y Bridle es excelentemente hábil para localizar manifestaciones de la “nueva era oscura”. Bridle cita casos particularmente agudos como los repartidores más pobres de la historia y los que se encuentran al final de la escala de reconocimiento (trabajadores de Uber Eats o Amazon), el flash crash de la crisis griega en 2010 y la aparición de los mercados aumentados dentro del mercado bursátil “donde el rápido despliegue de algoritmos inescrutables, y a menudo implementados de manera deficiente, ha tenido consecuencias extrañas y alarmantes”, las filtraciones de datos de sitios web de citas centrados en la infidelidad o sus críticas al aceleracionismo de izquierda como dependientes de un elitismo que ignora cómo la complejidad de las tecnologías contemporáneas puede conducir a la desigualdad porque están contaminadas de origen.

El rápido despliegue de algoritmos inescrutables, y a menudo implementados de manera deficiente, ha tenido consecuencias extrañas y alarmantes

Tal compromiso con los hilos aceleracionistas y tecno-optimistas prominentes en secciones de la izquierda se requiere con urgencia si queremos desarrollar una relación colectiva, constructivamente crítica con la tecnología que sigue siendo consciente de sus profundos peligros, pero se niega a ceder a un pesimismo determinista. Bridle cree en una ética de cooperación y administración inspirada en el ajedrez cyborg o centauro de Gary Kasparov, donde la máquina es tutelada haciendo el menor daño al presente y teniendo una responsabilidad con las generaciones futuras pero no presume que podemos conocerlas o controlarlas.

La nueva era oscura deja al lector deseando más. Las recetas de Bridle son cónsonas y rigurosas con su tesis sobre la alfabetización que propone al adoptar nuevos términos como “nublado e incierto” dentro esta oscuridad, pero que también cree en la recuperación de palabras como red y colectivo, términos que en los que se crea originalmente internet. Este libro es un llamado a reflexionar sobre lo que no nos dice la tecnología, sobre cómo y por qué no lo están diciendo para no quedarnos estancados en la superficie, dormidos alrededor de una gran cantidad de información.

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