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Benjamin Moser: «Susan Sontag no quería ser feminista porque eso era ponerse una etiqueta»

Se publica la biografía de la intelectual norteamericana que hubiese podido prever la pandemia en su libro ‘La enfermedad y sus metáforas’

Benjamin Moser: «Susan Sontag no quería ser feminista porque eso era ponerse una etiqueta»

Beowulf Sheehan | Editorial Anagrama

El ojo del traductor, filólogo y biógrafo Benjamin Moser se hace más asertivo con la edad, dice él. Luego de la biografía de la escritora brasileña Clarice Lispector, el autor vuelve al ruedo con Sontag: Vida y obra (Anagrama, 2020), un libro de más de 600 páginas para contar la vida de otra mujer titánide del pensamiento: Susan Sontag.

“¿De dónde serán estas fotografías?”, me pregunta Benjamin Moser mientras estamos en el lobby de su hotel esperando conseguir una mesa para sentarnos y empezar la entrevista. No es casual que después de siete años investigando, entrevistando fuentes y escribiendo sobre Susan Sontag entienda muy bien los conceptos fotográficos sobre la imagen y la representación expresados por la intelectual norteamericana.

En su español particular, que es una mezcla de los acentos peruano y venezolano, Moser explica que “estaba jubilao” en Río de Janeiro cuando le llegó el encargo para escribir sobre la autora. “Me llegó un email de la familia de Susan diciendo: ‘Hemos leído tu libro y nos pareces la persona perfecta para hacerse responsable de la biografía de Susan Sontag’”. Fue ahí que comenzó su duda sobre el encargo: estaba consiguiendo demasiado fácil un caramelo que endulzaría toda su carrera. 

“Yo sé cómo es la geografía de Nueva York. Sabía en qué me estaba metiendo y eso me daba un poco de miedo porque sé dónde están las fracturas sísmicas de mi país”, asegura Moser al comparar el miedo que ejercía este libro en comparación con su biografía anterior. “En Brasil todo el mundo me detesta por ser un extranjero que escribió la biografía de Clarice Lispector y es una guerra personal, pero no acabaría con mi carrera”. 

Escribir una biografía de una gran figura siempre tendría una guerra alrededor, sin embargo aceptó el encargo porque lo que encontró en el personaje de Sontag fue una forma de conocerla intelectual y físicamente, además de comprender la geografía de los Estados Unidos debido a las múltiples mudanzas de la autora. “Yo leí como ocho bibliotecas para entender lo que ella decía, porque era una mujer de una cultura enorme. Era una figura mayúscula”. Por eso tardó tanto tiempo en escribir la biografía y en resumir en tan solo 600 páginas la historia de una mujer de la que se hubiesen podido escribir varios volúmenes. Sin embargo, ese resumen y la construcción tan íntima del personaje de Sontag no le valieron demasiadas guerras, pero sí haberse ganado el Premio Pulitzer

Benjamin Moser: “Susan Sontag no quería ser feminista porque eso era ponerse una etiqueta” 1

“Vas acumulando información aunque sabes que vas a utilizar la parte chiquita”, me explica Moser, quien también afirma que no es el libro que venden de 1000 páginas y ratifica entre risas que son 600 páginas más las notas. “Susan se lo merece porque ella habitaba tantos mundos, tantos países y tantas visiones políticas que eso no se puede explicar en pocas páginas”. La biografía no entra en detalles históricos ni ideológicos; la explicación sobre la postura de la escritora sobre la guerra de Vietnam o el feminismo lo evidencian. “Son asuntos enormes pero no quería aburrir al lector; si tú quieres saber sobre la guerra de Vietnam hay muchos libros que la relatan”.

Las diferentes Susan Sontag

Sontag. Vida y obra enfatiza en las profundidades de la personalidad de la escritora. Explica cómo llegó a crear su imagen y su representación, su odio a esa ambivalencia entre lo que pensaba y lo que sentía su cuerpo o las diferencias que se contraponían entre la intelectual liberal famosa versus la lesbiana que no podía salir del armario. La biografía de Moser contrapone los diarios de la autora con las contradicciones de su vida y los testimonios que otros cuentan sobre lo que pasaba en la realidad, haciendo ver cómo a la personalidad de Sontag era fácil hacerle un fact checking

“Susan es la buena y la mala”, afirma Moser.La versión de sus diarios es su versión, en la que muchas veces mentía” y la versión de lo que pasaba en realidad era desvelada, posteriormente, en las entrevistas con amigos o familiares cercanos. Hay diferentes versiones de ella tanto en sus memorias como en las entrevistas con sus amigos, afirma el biógrafo.

“Susan es la buena y la mala”

La investigación de Moser desvela que Susan Sontag construyó un mito de ella misma, una imagen que quizás no era totalmente fiel a la realidad pero que no la invalida. “La mitología es una verdad, es un aspecto distinto y yo tendría que haber sido un poco más viejo para entender que las dos Susan son verdaderas, aunque se contradigan. Esa mujer miente mucho pero para mí estaba construyendo una ficción, otra verdad; en el libro expongo las dos cosas y dejo al lector decidir o aceptar que así era ella”, afirma Moser. La personalidad de Sontag era tan compleja que ella podía coexistir entre varias verdades y, posiblemente, “ella necesitaba una mentira para poder creérsela y contar una verdad”.

Mentiras, supervivencia y el amor tóxico materno

Susan Sontag vivió mucho tiempo con una sexualidad fluida pero donde se sentía más a gusto era en sus relaciones con mujeres. “La mentira de su sexualidad era una mentira que ella necesitaba para sobrevivir. Ella necesitaba ser aceptada y ser lesbiana no era aceptable”. 

A lo largo de las páginas de Sontag. Vida y obra, podemos entender cómo la sexualidad era un camino a la libertad y que gran parte de su problemática emocional venía de la relación con su madre. El apego, la rigurosidad y la extraña relación de una madre usando a su hija como sustituta del amor romántico de los hombres. “La madre creó esa relación de poder, de darle amor a la hija cuando la necesitaba y cuando aparecía un hombre se olvidaba de ella”, creando una dinámica de tensión para la autora que la hacía debatirse entre la realidad y la ficción.

Así como muchas de nuestras memorias son una ficción, la vida de Sontag le pasaba lo mismo. “Era una realidad inventada. Las grandes divas son las únicas personas que pueden permitirse excentricidades. Y hoy Susan sería cancelada mil veces. A ella le encantaba toda la genealogía de las divas porque era una de esas personas que tienen el permiso para ponerse fuera de las leyes”. Para Moser, que Sontag se haya criado en la era dorada de Hollywood hizo que esta se convirtiera en una gran referencia para afianzar esa personalidad poderosa y única, donde sentirse especial era idealizar aquello que quería ser en divas del cine como Greta Garbo o Joan Crawford, yendo más allá de la cotidianidad de su vida. 

Moser nos recuerda que en los años treinta en los Estados Unidos no existía ninguna mujer que fuese lesbiana en la palestra pública y posiblemente por esa razón era tan duro hacerlo público si eras Susan Sontag. “Las mujeres de esa época solo leían una sola biografía, la de Madame Curie. Era la única que brindaba a las niñas una posibilidad de ser científicas y no ser iguales a sus madres. No nos damos cuenta que hoy es tan normal que haya una mujer senadora o ejecutiva pero a principios del siglo XX no era así”. 

“Las mujeres de esa época solo leían una sola biografía, la de Madame Curie. Era la única que brindaba a las niñas una posibilidad de ser científicas y no ser iguales a sus madres. No nos damos cuenta que hoy es tan normal que haya una mujer senadora o ejecutiva pero a principios del siglo XX no era así”

Sontag. Vida y obra obvia el movimiento feminista y lo resume en pocas páginas, porque para el investigador la intelectual fue una mujer que nunca quiso ser etiquetada. “En los noventa el feminismo no estaba de moda, ahora es una evidencia. Yo era feminista por mi madre, fue la dedicación de su vida y me irritaba escuchar a la gente diciendo ‘yo no soy feminista pero’ y uno tenía que disculparse por serlo. Por eso ahora todo el mundo se está diciendo feminista pero no sabe qué cosa es a pesar de tiene una historia de lucha de muchos años. Y Susan no quería ser feminista porque eso era ponerse una etiqueta, no iba agotar su imagen ahí”.

Al autor le parece particular que el movimiento feminista[contexto id=»381722″] actual use a Sontag como imagen, porque aunque agotan a su icono le hace ilusión que vayan a leer su obra y entender cómo ella veía el feminismo y se posicionaba frente a él. “Al final usamos las mismas palabras: feminismo, lesbianas, mujer, pero el significado es otro. Actualmente la lucha no es si las mujeres son dueñas de casa, esa era la lucha de nuestras madres o abuelas. Mi abuela fue a la universidad y era un alien, entonces creo que nadie entiende lo que fue la lucha, nadie entiende lo que hubiese sido crecer en un desierto imaginario, sin referentes”, afirma Moser.

Sexualidad y libertad

Al igual que la etiqueta feminista, Sontag nunca llegó a ponerse la etiqueta de homosexual. “Yo que soy gay intenté explicar lo que significa salir del armario y la historia homosexual y ya estoy cansado de explicar eso a los heterosexuales, al igual que en Brasil intentaba explicar la migración de los refugiados judíos. No es una identidad que puedas ponerte y estoy harto, por eso creo que esta biografía de Susan Sontag es muy gay”. 

Moser se pone en los zapatos no solo de la autora sino de muchos homosexuales para los cuales el dolor de enterarte muy joven de que estás fuera de la sociedad es realmente agudo y por eso se llega a construir una vida distinta. “A mucha gente le cuesta la vida y mucha gente te va a odiar. Para nosotros es muy difícil y Susan quería seguir disfrutando de la libertad que ella ya había conquistado”.

La relación de Susan con su cuerpo era particular. En la biografía, Moser comenta que el lugar más seguro para la autora era su cabeza, un mundo que no la va a herir mientras leía los clásicos. “Ella pensaba que si se leía toda la lista de los clásicos sería una persona formada y así lo hizo, pero se refugió en un mundo irreal y dejó el cuerpo a un lado, y el cáncer fue una manifestación brutal de eso”.

Los últimos libros de Sontag reflejan quizás un entendimiento mejor del cuerpo a partir de la enfermedad, a partir de los diferentes cánceres que crecieron en ella. Para Moser ella llegó a hacer el pacto con su cuerpo desde la intelectualidad pero no está seguro de que lo haya hecho corporalmente. “Mi dolor personal, mientras hacía el libro y la estaba conociendo, era pensar ‘qué pena’, porque nunca se había reconciliado, porque uno siente su dolor en todo lo que hace pero también es un motivo, y ese deseo de escapar de su cuerpo, la hizo la persona que era”.

Después de esta frase le pregunto a Benjamin Moser sobre su próximo libro. Me dice que hablará sobre las diferencias de ser norteamericano, sobre la visión latinoamericana y que tendrá un capítulo sobre Venezuela, país que el autor visitó en varias oportunidades siendo reportero. Me dice que le fascina esa frase de Simón Bolívar que dice:Si la naturaleza se opone lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca”. Le digo que esa cita también la hubiese podido decir Sontag, entonces termina elucubrando la figura de la mujer que estudió durante siete años, imaginándola como un héroe patrio latinoamericano: “Imagínate si ella hubiese estado en el ejército libertador, hubiese acabado la batalla de Ayacucho en tres minutos”.

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