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Cine

Entrevista exclusiva con Vittorio Storaro: Escribir con la luz

Hablamos con uno de los directores de fotografía más importantes de la historia del cine, ganador de tres Oscar y colaborador de Bertolucci, Woody Allen y Coppola

Entrevista exclusiva con Vittorio Storaro: Escribir con la luz

Gregorio Borgia | AP

Su nombre es muy famoso en el mundo del cine, ha trabajado con directores importantes como Bernardo Bertolucci, Francis Ford Coppola, Warren Beatty, Carlos Saura y Woody Allen, entre otros, logrando obras maestras que le llevaron a muchos merecidos premios internacionales de Fotografía, incluyendo tres Oscar, pero el gran público poco sabe de cómo es y qué rostro tiene el maestro Vittorio Storaro.

Tuvimos el honor y la suerte de encontrarlo en el Palacio Merulana y, aunque muy poco vimos su rostro, debidamente semi oculto por la mascarilla anti Covid-19, mucho aprendimos del enorme trabajo que tiene un director de fotografía cuando se hace una película y, más aún, de la profundidad de este modesto gran personaje, mientras nos explica las imágenes de una exposición que reúne lo mejor de su obra con el apropiado nombre de Vittorio Storaro: Escribir con la luz, porque eso es lo que hace la fotografía, como lo indican sus raíces griegas «phos» (luz) y «graphé» (escritura) y eso es lo que ha hecho Storaro, escribir magistralmente con la luz una parte importante de la historia cinematográfica del siglo XX.

Storaro, que ha publicado una colección de libros sobre el tema, introduce la intención de esta manifestación: «Cuando llegué a un momento de crecimiento, he visto que era posible expresarme en la fotografía con un sentido cinematográfico, es decir, uniendo más de una imagen, en cuanto la fotografía es la expresión en una sola imagen, como la pintura; en cambio, el cine es una expresión en imágenes múltiples. Esta, entonces, no es solo una exposición fotográfica, sino de varias formas de arte: la escritura -porque todo parte de una historia-, la fotografía pura y la cinematografía».

En este contexto, la exposición reviste un doble interés, técnico y narrativo, gracias al pasaje de la imagen en movimiento, propia de la fotografía. Aquí, el trabajo fotográfico de Storaro está pensado y compuesto como una narración de imágenes únicas, además de imágenes en doble impresión que sugieren su interpretación muy personal de las historias representadas fílmicamente.

Recorriendo las tres secciones de la exposición, ‘Luz’, ‘Color’ y ‘Elementos’, Storaro nos desmenuza cada imagen, que representan las películas en las que trabajó y -en algunos casos- el cuadro inicial que lo inspiró, así como algunas fotos de sus varios libros y de los afiches de los films, contándonos varias anécdotas de sus sensaciones personales que, unidas a las intenciones de los directores, llegaron a la realización de cada obra maestra.

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Vittorio Storaro. | Imagen: Eliana Loza Schiano | The Objective

Comienza hablando de Caravaggio frente a una copia de su Vocación de San Mateo, de la que dice haber quedado «fulgurado» en su juventud, dice que fue fundamental en su vida porque nos enseña el lenguaje universal de la luz. «Él era una autor completo, escogía los temas, los actores, la composición y la iluminación, no dibujaba antes de pintar sino que miraba la realidad a través de un espejo. Caravaggio lograba así comprender la composición de un cuadro, era lo que hoy  llamaríamos un cinematógrafo»

A medida que va recorriendo la exposición, Storaro expresa toda la admiración que siente por los personajes, los temas y los directores de las películas. Aparece una imagen de Giordano Bruno de Giuliano Montaldo, «…un gran Montaldo, y un gran Gian María Volonté para representar a aquel hombre del 1600 con varios siglos de adelanto con respecto a su época», indica.

El feliz encuentro con Bertolucci, tal vez el más prolífico, con quien trabajó durante 25 años en muchas películas, como El conformista, Novecento Un té en el desierto, El pequeño Buda, El último emperador y la polémica Último tango en París.

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Fotograma de ‘El último tango en París’.

Un tango color naranja

Último tango en París merece una explicación más detenida y nos cuenta cómo viajó a la capital francesa con Bertolucci para ver los lugares donde iban a filmar, imaginando encontrar una ciudad fría otoñal en tonos grises y azules, pero el cielo estaba tan oscuro que, ya en pleno día, todo estaba iluminado artificialmente, con lo que la tonalidad era inesperadamente cálida, nada que ver con lo que tenía en mente. Así «descubrió» el color naranja. «Fue una revelación, Paul, interpretado por Marlon Brando, es un personaje en conflicto con la vida, lo material -el cuerpo- es su único modo de expresión en una edad en la que comienza el ocaso de su vida y, como en el ocaso del día, el sol refleja tonos naranja».

Obviamente, entre las imágenes más destacadas de este artista, nacido en Roma hace 80 años, están las referidas a sus tres Premios Oscar: Apocalypse now, de Francis Ford Coppola, Reds, de Warren Beatty y El último emperador, de Bernardo Bertolucci.

Nos cuenta que en 1978 recibió una llamada de Francis Ford Coppola hablándole de Apocalypse now y proponiéndole ser el director de la fotografía. «Inmediatamente rechacé, ¿qué tiene que ver un italiano como yo con la guerra en Vietnam? No me sentía identificado para nada con el tema, demasiado lejano desde todo punto de vista. Pero Coppola insistió en que no se trataba solamente de una película de guerra propiamente dicha, sino que quería representar la injusticia de un conflicto armado en el que una potencia destruye la población y la cultura del país atacado, algo que ocurrió en muchos sitios a lo largo de la historia. Me recomendó que leyera Corazón de tinieblas, de Joseph Conrad, para entender lo que se proponía y después volveríamos a hablar.  Lo hice y, a medida que lo leía, entendí perfectamente el horror que Coppola quería representar, así que emprendí un larguísimo viaje a Australia y desde allí comenzamos a trabajar».

Revela que nunca había estado en una jungla y que para su concepción de la fotografía de esta película se inspiró en los cuadros de Henri Rousseau que reproducen una frondosa vegetación.

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Vittorio Storaro. | Imagen: Eliana Loza Schiano | The Objective

Goethe y Newton para relajarse 

El artista recorre obras de Caravaggio, Bacon, Rousseau,  Carapaccio, Magritte, Dejneka y Botticelli para evidenciar el equilibrio entre Luz, Colores y Elementos desde el comienzo de su larga carrera. Una historia que se entrelaza y encuentra puntos de contacto con las obras de la importante colección privada de arte de la Fundación Elena y Claudio Cerasi ya expuestas en el Palacio Merulana.

Storaro manifiesta un gran interés en la física y la filosofía, disciplinas en las que es un autodidacta. «Cuando se termina una película, es necesario pararse por un tiempo. Después de un trabajo tan enorme como el de Apocalypse now tuve la sensación de estar vacío, como si la película me hubiese absorbido todas las energías, decidí estar un año sin trabajar y me dediqué a leer, releer y estudiar, Newton, Goethe y todo lo que pudiera comprender… Entender la base científica y filosófica de la luz y el color es siempre una experiencia muy enriquecedora», asegura.

Todas sus explicaciones, emotivas o racionales, fascinan a quien lo escucha y permiten entender las razones por las que, además de los 3 Oscar y de los muchos otros premios italianos e internacionales, este eterno estudiante -que iba muy mal en el colegio- haya recibido también 5 títulos Honoris Causa.

Era cuestión de encontrar su camino. Siendo una familia de escasos recursos y viendo su malas notas, su padre le pidió que dejara la escuela secundaria y aprendiera un oficio que le permitiera trabajar en poco tiempo, el joven Vittorio decidió comenzar un curso de fotografía en la escuela técnica y «se enamoró» de su materia, no imaginaba entonces que sus lentos pero constantes progresos lo harían volar tan alto.

Ha sido una gran inspiración para él, la teoría de los colores de Johann Wolfgang Goethe, centrada en los efectos psicológicos de cada color y el modo en el que influyen en nuestras emociones. Así, frente al afiche de Agatha, película sobre Agatha Christie protagonizada por Vanessa Redgrave, cuenta que utilizó el color negro para representar la introspección de la escritora; igualmente en Ladyhawk, donde el director pensó en un protagonista cabalgando en un caballo blanco, «pero le sugerí que fuera negro, porque se trataba de personajes víctimas de una maldición y me hizo caso».

En El último emperador los colores tienen un protagonismo que a muchos habrá pasado desapercibido, por ejemplo, el detalle de la bicicleta que Pu Yi recibe como regalo de su profesor inglés, es verde, «porque ese color trasmite la idea de libertad, que al joven emperador le fue negada».

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Fotograma de ‘Reds’.

Llegamos a Warren Beatty, que con su película Reds resultó «un valiente visionario, contando en ese momento de tensiones entre Estados Unidos y la Unión Soviética, la historia de un periodista norteamericano comunista». Contó cómo se inspiró en un cuadro anónimo que vio en un museo ruso para recrear el rayo de luz que caracteriza la escena de la toma del Palacio de Invierno en la película. «Creo que esa escena convenció a los jueces de la Academia a darme el segundo Oscar», comenta divertido.

Siguiendo con Beatty, llegamos a Dick Tracy, película para la que Storaro se inspiró en el expresionismo alemán, que inundó el cine en los años ’20.

Y finalmente, El pequeño Buda de Bertolucci, que lo llevó a estudiar los principios del budismo, aunque no se considera un budista no puede negar la influencia positiva de esta filosofía y las enseñanzas que dejó a todo el equipo.

Esta exposición seleccionó más de 70 imágenes realizadas con la técnica de la doble impresión para los afiches de sus películas, Storaro confiesa que llegó a esta técnica por error. «Cuando se usaba el rollo de película con dos tiras de agujeros en los bordes, sin darme cuenta tiré de uno rompiéndolo y sobreponiendo dos recuadros mientras se revelaban, dando como resultado dos imágenes sobrepuestas. Me pareció muy interesante este resultado inesperado e hice varios afiches con este tipo de impresión».

Después de escuchar a Storaro por un par de horas, lamentamos no haber tenido toda esa información, anécdotas y detalles, antes de ver cada una de las películas en las que se aprecia su trabajo. Habrá que volver a verlas con otros ojos, con otra luz.

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