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Cultura

Los últimos reductos de la magia (II): India mágica

Los últimos reductos de la magia (II): India mágica
Udayaditya Barua Unsplash

Pocos países del mundo gozan de una diversidad cultural tan rica como la India: un territorio dividido en 28 estados, con 24 lenguas oficiales (hay más traductores en el parlamento de Nueva Delhi que en el de Estrasburgo) y tan poblado que existen «minorías» de más de 150 millones de personas.

Pese a todo ello, la imagen de la India en nuestro imaginario ha orbitado desde hace siglos en torno a las mismas ideas: el misterio, el exotismo y la espiritualidad.

«Los indios entienden que existen dos hemisferios en la persona, uno más intuitivo y otro más racional, sin que suponga un conflicto»

La misma fascinación que guió en su conquista a Alejandro Magno y que atrajo a escritores románticos, a hippies y estrellas del rock de la «nueva era» sigue hoy entremezclándose con la imagen de una India caótica y vibrante.

John A. Keel, periodista y escritor estadounidense que pasó su vida investigando y documentando sucesos anómalos, fue un ejemplo de estos buscadores de la India mágica, en su libro Jadoo narró su periplo por Oriente en busca de santones capaces de obrar milagros, encantadores de serpientes y demás prodigios para finalmente, como tantos otros, quedar fascinado por razones distintas y también convencido de que la magia está en los ojos del que mira.

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Agustín Paniker | Foto cedida por el entrevistado.

Hablamos con Agustín Pániker, escritor experto en India, director de Editorial Kairós y miembro de una conocida saga de pensadores (hijo del filósofo Salvador Pániker y sobrino del teólogo Raimon Pannikar) para saber más sobre la India mágica, la India espiritual y, sobre todo, la auténtica India.

India está grabada en nuestro imaginario como uno de los lugares donde más atención se presta al desarrollo espiritual. ¿Cuándo nace esta asociación?

El tópico de la sabiduría de la India ya viene de los griegos y cada generación lo ha ido modificando haciendo que se haya mantenido viva esta idea. India tiene tres grandes clichés asociados, tres estereotipos muy fuertes y antiguos que cada generación ha reactualizado y traducido al lenguaje de su época. Uno de ellos es el de la India espiritual, la India de la sabiduría y los yoguis. Los románticos utilizaron esta imagen a finales del XVIII y principios del XIX como ejemplo para sus riñas ideológicas dentro de Europa contra los ilustrados y los racionalistas. Pero cuando uno viaja allí ve que los indios tienen las mismas inquietudes que en cualquier otro lado del planeta, son tan afectivos, emocionales, materialistas o racionalistas como en cualquier otro lugar. Es cierto que la dimensión espiritual también está muy presente y quizás la peculiaridad es que ellos no lo viven de forma contradictoria. Uno puede ser muy espiritual y muy materialista y racionalista al mismo tiempo.

Otro cliché muy fuerte y más periodístico es el de la india tercermundista: castas, injusticia, catástrofes… la India oscura. Y por último el de la India exótica de los tigres, los palacios, el incienso, los rubís, los encantadores de serpientes… La India que aparece en los folletos turísticos.

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Palacio Ámbar en Jaipur | Foto: C Rayban | Unsplash.

Muchas culturas tratando de corresponder a las imágenes románticas que comentas y a las expectativas del turismo acaban por transformarse. ¿Es este el caso de India?

Se trata de un país que es prácticamente un continente, con más población (más de 1400 millones) y lenguas que Europa. En proporción, no hay mucho turismo.

No es que la India se acomode a la expectativa del viajero, sino que el viajero cuando viaja a la India y a muchos otros lugares, hace el viaje para confirmar aquello que ya lleva dentro y es incapaz de ver otra India más allá de la pobreza, la espiritualidad o el tigre de Bengala. No la ve porque no la lleva consigo y no es capaz de reconocerla. Esto pasa en todos sitios desde el Machupichu hasta Londres. A veces nos movemos y no aprendemos nada, solo confirmamos la postal que ya nos habían vendido de antemano.

¿Qué papel juega el turismo espiritual en la India?

Hay lugares, como Rishikesh, donde es común ese turismo espiritual: centros de yoga, balnearios de medicina ayurvédica… Pero la mayor parte del turismo es local, gente proveniente de grandes ciudades como Nueva Delhi o Bombay que en muchísimas cosas son más parecidos a otros urbanitas de Madrid o Los Ángeles que al vecino que tienen a 40 km en la India profunda. Se entenderán mejor por la lengua y algunos referentes serán los mimos, pero su escala de valores y lo que va a buscar ese turista indio es lo mismo que va a buscar el de Bilbao y el de Nueva York. Es una espiritualidad de clase alta aburguesada donde a uno se le da lo que va a buscar.

Si uno quiere vivir la espiritualidad potente de allí, no tiene más que irse a un pueblito de la India profunda y ver la relación que tienen con la tierra, las estaciones, la familia… no quiero idealizarlo, porque también está presente la violencia y las condiciones de pobreza son muy duras. Pero allí sí he visto una aceptación sabia frente a la vida que no he visto en otros lugares de Occidente o de la propia India.

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Foto: Debashis RC | Unsplash.

Muchos se acercan a la India a través de libros como los de Yogananda, con relatos de santones y místicos de todas las épocas… ¿Sigue vivo el pensamiento mágico que describen estos relatos?

En la tradición antropológica de Occidente el concepto de pensamiento mágico tiene connotación de primitivo. Es algo que quizás deberíamos quitarnos de encima porque en Occidente no somos ajenos al pensamiento mágico, tenemos otro tipo de creencias mágicas, como la estadística. Y el problema no es de la ciencia, que tiene la virtud de autocorregirse constantemente, sino de las personas, no deja de ser el mismo mecanismo de proyección de una serie de anhelos sobre la ciencia. Digo esto para desmitificar, para no crear un binarismo entre racionalismo y espiritualidad.
En cualquier caso, en Occidente somos un poco cuadriculados en este sentido. Una persona muy racionalista y de pensamiento científico no concibe que al mismo tiempo se puedan tener una serie de actitudes y creencias. En India son más «políglotas», uno puede ser un ingeniero informático o Premio Nobel de Física pero luego ir al tempo a adorarle a una piedra o hacerse abluciones rituales porque hay un eclipse lunar.

¿Sin que ello se perciba como una contradicción?

No lo viven de forma conflictiva, ven que hay dos hemisferios en la persona: uno más intuitivo y espiritual y otro más racional, más científico. La sociedad moderna occidental tiene necesidad de escoger o lo uno o lo otro. En otros lugares, y eso lo considero una virtud, son más capaces de compaginar ambos lenguajes.

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Agra. | Foto: Ibrahim Rifath | Unsplash.

Sin embargo, es muy común ver cómo muchos occidentales dan la espalda a sus tradiciones culturales y espirituales para dirigir su mirada a Oriente.

Hay muchos factores que convergen. Por un lado, ciertamente algunas tradiciones llamémosle orientales tienen un talante muy experiencial. Sobre todo si no te conviertes a ellas. Puedes utilizar el yoga o la meditación sin necesidad de hacerte ni hindú ni budista. Eso tiene un atractivo en Occidente porque te permite hacer tu espiritualidad a la carta y esto, que en parte podría significar una adultez social indicativa de haber superado dogmas o ciertas maneras de enfocar el mundo, cae a veces (muy fácilmente) en un narcisismo espiritual, en un supermercado de lo espiritual.

¿Existe esa fascinación a la inversa, de la India por Occidente?

Hay una cierta fascinación por algunos aspectos materiales de Occidente, especialmente de Estados Unidos. Y aunque no escapan del materialismo entendido como el deseo de posesiones y dinero, hay otro tipo diferente de materialismo que acompaña a algunas grandes corrientes filosóficas de la India. Me refiero a un materialismo en un sentido más filosófico, que no ve la materia, el cuerpo y la naturaleza como algo negativo per se, ni como algo que ha de ser explotado. Coinciden en esto con muchas tradiciones tribales de América Latina, África, Asia… Se trata de un vínculo con el espacio material (ya sea con la naturaleza o con el propio cuerpo) quizás más sano en ciertos aspectos.

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