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Cultura

Gonzalo García-Pelayo: «Hoy hay más prohibiciones que antes, pero los jóvenes son más obedientes»

Lo ha sido todo: padrino del rock andaluz, cineasta, jugador de ruleta y póker, inversor en criptomoneda… Ahora regresa al Festival de Cine de Sevilla con dos películas y un mensaje de sana protesta

Gonzalo García-Pelayo: «Hoy hay más prohibiciones que antes, pero los jóvenes son más obedientes»
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Hay rebeldes sin causa y revolucionarios de oficio. Los primeros sientan cabeza pasada la treintena; los segundos suelen acabar en algún sillón de mando. Luego están los desobedientes, que no tienen más ideología ni ambición que afirmarse en cada gesto a la contra. Al poder le gustan aun menos: son más difíciles de identificar y reducir porque hablan un lenguaje distinto; son la conciencia latente de libertad. Dicen ‘no’ sin necesidad de explicarlo. 

Gonzalo García-Pelayo (Madrid, 1947) es un desobediente químicamente puro, inasequible a la domesticación. En todo lo que ha emprendido (y es mucho más de lo que harías en cinco vidas) ha ido por libre y sin cortapisas. Es el underground encarnado. El original, no la copia cuqui-marquetera del capitalismo moderno. Su perseverancia en las señas propias de identidad ha hecho que, con el tiempo, se haya ganado el aplauso de la misma ciudad, Sevilla, que abucheó en su día una de sus películas más radicales, Vivir en Sevilla (1978). En el Festival de Cine Europeo de la capital andaluza presenta dos de las siete películas que va a rodar este año («a lo mejor es un récord Guinness», apunta). La primera de ellas tiene un título que es toda una proclama: Dejen de prohibir que no alcanzo a desobedecer todo.

«¡Déjenme tranquilo, que estoy harto de desobedecer tantísimas cosas!»

«Ahora tenemos más prohibiciones que nunca, aunque sean más leves que antes -explica-. Con Franco había muchas menos pero eran más graves, te podían incluso fusilar. Eso ha cambiado. Las prohibiciones que vulneras hoy en día no tienen castigos tan tremendos, pero en número son más. Es que ni siquiera puedes entrar en una página de internet sin tener que quitar tres o cuatro pestañas, cookies, advertencias de protección de datos… ¡Déjenme tranquilo, que estoy harto de desobedecer tantísimas cosas!». 

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Fotograma de ‘Dejen de prohibir que no alcanzo a desobedecer todo’. | Imagen cedida por el entrevistado

El paternalismo rige nuestra vida, asegura, nos cuela prohibiciones por doquier bajo el paraguas de la regulación. No darás un paso sin encontrar una norma. «Pero es que además de prohibiciones, hay muchas cosas que están mal vistas, que dan mal tono y hacen que te salgas de lo correcto, de lo que espera la gente». ¿Es eso puritanismo? «Completamente. Es evidente que ha vuelto con otras coordenadas distintas, pero al final es la misma tensión de siempre de reprimir, reprimir y reprimir».

Para García-Pelayo, los jóvenes han olvidado el placer (y hasta la ética) de desobedecer que sí practicaron en tiempos más arriesgados los melenudos, la gente ‘del rollo’ en los años 70, incluso en una ciudad tan tradicionalista como Sevilla. «Es curioso que la juventud, que siempre ha sido rebelde, sigue ahora las normas al pie de la letra. No he visto gente más obediente… Yo protesto y estoy feliz de hacerlo. Hoy hay más margen para desobedecer, es más fácil, pero, claro, hay que tener el espíritu de desobediencia y eso es cada vez menor en la sociedad, que se ha convertido en una escuela o un patio de colegio». 

Gonzalo García-Pelayo, no queda sino desobedecer
Gonzalo Garcia-Pelayo en los 70. | Imagen cedida por el entrevistado

En los corralones de la plaza del Pelícano ha encontrado el cineasta una Arcadia de bohemia y arte contra la uniformidad. Por ahí pululan los artistas que hacen aproximadamente de sí mismos en Dejen de prohibir…. Son anarquistas tranquilos, que diría Fernán-Gómez, infractores sin mala baba. El tono y el estilo no anda lejos de Vivir en Sevilla, que era un «ovni», dice el realizador, «en el que los sevillanos no se reconocían entonces. La película no ha cambiado, pero sí el público». En 2012 se repuso en el Festival y fue toda una sensación.  

El tiempo ha agigantado la leyenda de García-Pelayo y lo ha reconciliado con su tierra. Pionero del rock andaluz como productor con el sello Gong, apadrinó a emergentes desconocidos como Triana, Smash, Silvio, «nuestro santo laico». Eran los tiempos de la psicodelia y la ‘grifa’. «Una vez la probé y no me gustó», confiesa. Tampoco bebía ya entonces. «Gonzalo no lo necesita, decían de mí a modo de elogio, supongo». 

«Mi pensamiento es anarquista, no tenía relación ni con los comunistas, ni con el PSOE (…) Yo era Jimi Hendrix y ellos no, eso es lo que nos separaba claramente»

En aquella época, ir a la contra coincidía a menudo con militar en el PC o el PSOE. García-Pelayo, que comenzó en la noche con la discoteca Dom Gonzalo, catalizador de la ebullición social en pleno barrio altoburgués de Los Remedios, nunca partió peras ni con unos ni con otros a pesar de que todo el futuro establishment socialista (Felipe González, Amparo Rubiales, Manuel Chaves…) alternaba en su local. «La política exige una imagen pulcra y trasparente que es lo contrario de lo que yo he querido. Mi pensamiento es anarquista, no tenía relación ni con los comunistas, que eran la fuerza dominante y absolutamente doctrinaria, ni con el PSOE, que era más abierto en su visión de España pero con unos valores estéticos que no me interesaban. Yo era Jimi Hendrix y ellos no, eso es lo que nos separaba claramente».

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Triana fue una de las bandas andaluzas producidas por García-Pelayo. | Imagen cedida por el entrevistado.

Para aprehender la esencia de este curioso profesional, a quien nada es ajeno, hay que atender a sus múltiples facetas. Ha hecho mucho y muy variado. En García-Pelayo está el bohemio y el matemático. Por un lado, la música, el cine, incluso los toros (fue apoderado); por el otro, las locas aventuras de emprendimiento apoyadas en números y fórmulas muy rigurosas. Muchos conocieron a Gonzalo y su familia por la película The Pelayos (2012), que refleja sus andanzas como jugador de casinos en todo el mundo. Puro Sabina, lo echaron de Torrelodones, no por crápula sino por desplumarlos. El Tribunal Supremo anuló la prohibición. Pero García-Pelayo ya estaba en otra cosa: el póker en red. «Para mí el juego es libertad, pero el único juego que me importa es el ganador». 

«Llevo 9 años desobedeciendo la orden de jubilarme»

Su última pasión son las criptomonedas y los números primos. «Mañana estoy citado con un matemático para tratar de la conjetura de Goldbach». En el juego, afirma, rechaza toda emocionalidad; en el arte, es pura intuición. Ha ganado y perdido mucho dinero, nunca ha sido muy de pájaro en mano. Ha visitado más de 110 países, ha tenido cuatro esposas y cinco hijos. «Cuando me toque y me sienta mal, me iré a una residencia y punto». Por ahora, dice con media sonrisa, «llevo 9 años desobedeciendo la orden de jubilarme». Cuando acabe sus siete películas, planea instalarse un tiempo en Buenos Aires. No será para sentarse a ver pasar la vida, eso seguro.      

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