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La Bella y al-Assad

Pocos conocen quién se esconde detrás del rostro sonriente que acompaña al presidente sirio, Bashar al-Assad. Nacida y educada en Londres, es hija de padres sirios. Con una brillante carrera en la banca de inversiones, Asma al-Assad se convertía en el año 2000 en la esposa del mandatario. Su elegancia conquistó al mundo, sin embargo, el estallido de la guerra civil ha puesto en el punto de mira su papel como primera dama siria.

Bashar al-Assad, asiste junto a su esposa, Asma, en Francia, a la Cumbre para el Mediterráneo (2008). Yves Herman / REUTERS

Su nombre antes de convertirse en esposa del presidente sirio Bashar al-Asad en el año 2000, era Asma Akhras. Entonces era una mujer elegante, que trabajaba en el sector de la banca de inversiones y disfrutaba de sus vacaciones en Siria, país natal de sus padres. Un perfil cosmopolita que contrastaba con la personalidad pública de al-Asad, y que muchos se apresuraron a interpretar como un soplo de aire fresco en las alturas de poder del país. Sin embargo, en estos 14 años de matrimonio, Asma Assad se ha convertido en su más fiel escudero. Siempre a su lado, contribuye a endulzar el rostro del régimen y a humanizar la golpeada imagen del presidente sirio, en un momento clave, en el que el país se desangra en una cruenta guerra civil.

El pasado londinenses de Emma

Corría el mes de agosto de 1975 cuando el matrimonio Akhras daba la bienvenida a la que sería su última hija. El cardiólogo Fawaz Akhras y su esposa, la diplomática, Sahar Otri al-Akhras, ya eran padres de dos niños: Fara y Ayad. Fue en Londres donde se conocieron Fawaz y Sahar Otri. Ella trabajaba en las oficinas de la Embajada siria. De hecho, fue la primera mujer en ocupar la secretaría de la sede diplomática. Vivían en el barrio londinense de Acton donde la ahora primera dama siria respondía al nombre de Emma.

El patriarca de la familia había llegado a Reino Unido en la década de los cincuenta para acabar sus estudios de cardiología. Lo hizo en el King’s College Hospital. En 1973 lograba su título y comenzaba una prestigiosa carrera en medicina que hoy ejerce en el reputado Cromwell Hospital en South Kensington . Según su perfil médico, su especialidad es la angioplastia y la colocación de stent en la arteria carótida.

También en el King’s College estudiaría su hija, Asma. Ella, en cambio, optaría por Ciencias de la Computación. Su carrera la desarrollaría en el sector de la banca de inversiones. Labró su reputación, primero en el Grupo Deutsche Bank, en la división de gestión de fondos con clientes de Europa y Extremo Oriente.

En 1998, Asma ficha por J. P. Morgan. Allí se especializa en fusiones y adquisiciones para empresas farmacéuticas y biotecnológicas. “Un mundo de hombres”, según confesó a la revista Vogue en una polémica entrevista.

Su entrada en el siglo XXI fue triunfal. En primavera, trabajando para JP Morgan logró cerrar un importante trato de biotecnología. Una victoria laboral que fue eclipsada por las flechas de Cupido. Fue entonces cuando conoció al que poco después sería su marido: Bashar al- Assad.

De mujer de negocios, a mujer del César

La familia al-Assad no era un enigma para los Akhras. Una tía de Asma fue esposa de Adnan Al-Dabbagh, quien fue Ministro del Interior de Hafez Al-Assad (8 de julio de 1976 – 14 de enero de 1980). Tampoco Londres era una ciudad desconocida para el futuro presidente sirio. Bashar al- Assad había estudiado medicina en la Universidad de Damasco, sin embargo, optó por realizar el postgrado en Londres, especializándose en cirugía oftalmológica en el Hospital Western Eye. Según reveló a Vogue, decidió dedicarse a esta rama porque “es muy precisa, casi nunca es una urgencia y hay muy poca sangre.»

Aún no se vislumbraba en el perfil de Bashar al-Assad indicio alguno de presidencia, cuando sus vidas se cruzaron. Fue en 1992, en una velada celebrada en la Embajada siria en Reino Unido. “Fue un verdadero flechazo», admitió en una entrevista a la revista francesa, Paris Match. Él, diez años mayor, era únicamente el hijo del presidente de Siria. El favorito para suceder a su padre en el poder era su hermano, Bassel al-Assad, considerado el delfín de Hafez Al-Assad. Pero su muerte en un accidente de coche en Alemania dos años más tarde  truncó el camino a la presidencia siria del hermano de Bashar.

Entonces, todo cambió de rumbo. Bashar al-Assad, convertido en heredero natural, regresaba a Siria. Comenzaba entonces su formación militar. En 1998 se encargó de la ocupación siria del Líbano. Ella, entre tanto, continuó con su trayectoria en JP Morgan, consciente de que su vida estaba a punto de cambiar por completo. En su testimonio a Vogue recuerda su marcha de la firma de banca: toda una locura por amor. En noviembre se fue sin cobrar su comisión.

Un mes más tarde, en diciembre del año 2000, Asma Akhras se había convertido en la primera dama siria: Asma al-Assad.

La sonrisa amable del régimen

Su matrimonio se presentó como un símbolo de una Siria cosmopolita por llegar. La unión entre un alauita y una suní constituía el mejor ejemplo de un país que apostaba por la convivencia pacífica entre las diferentes comunidades. La belleza y elegancia de la primera dama eclipsaba al mundo y tanto ella como su marido han sabido aprovechar esta baza, especialmente a partir de 2007.

Los proyectos caritativos de la primera dama contrastarían con la imagen de dureza que transmitía el gobierno de al-Assad. Asma al-Assad pone en marcha Massar, una organización educativa para jóvenes que pronto formaría parte del Fondo Sirio para el Desarrollo. Era sólo el comienzo de una larga lista de empresas solidarias. Tras Massar, Asma siguió engordando sus iniciativas con otras ONG’s. Una tenacidad que le valió el sobrenombre de la “Lady Di de Medio Oriente”. SHABABFIRDOS serían sus otras dos creaciones. Con la primera, promueve la creación de empresas entre los jóvenes sirios: prepararlos para su incursión en el mundo de los negocios. Con FIRDOS, en cambio, creó una línea de microcréditos para generar empleo y mejorar las posibilidades de las áreas rurales.

La rosa se marchita en el desierto

La Primavera Árabe se convirtió en una pesadilla también para Asma. Lo que al principio fue una revolución contra la continuidad de un régimen que sumaba tres décadas, amenazaba con convertirse en una guerra civil. Entraban en juego las raíces de la  primera dama siria: hija de un cardiólogo suní nacido en Homs. Ella, decidió no intervenir mientras la ciudad natal de su progenitor estallaba en enfrentamientos. Muda, como la traducción de su apellido de soltera. Desaparecida de los focos públicos, en los primeros chispazos de la guerra, pero sin renunciar al lujoso tren vida de una primera dama.

Según los correos desvelados por el diario The Guardian, mientras Homs, en guerra, comenzaba a convertirse en la ciudad ardiente que sería después, Asma al-Assad gastaba ingentes cantidades de dinero en compras por Internet de productos de diseño.

El regreso de la primera dama

Y al fin, apareció. Fue el 11 de enero de 2012, en Damasco. Acallando los rumores de su supuesta huida, de su espaldarazo a Bashar al-Assad. Lo hizo rodeada de sus niños. Asistía a un discurso de su marido, entre el fervor del público. Despejaba con este gesto cualquier especulación sobre su posible distanciamiento con su  marido como consecuencia de la guerra siria.

Desde entonces, sus apariciones públicas se han producido en momentos clave para respaldar a su marido ante el mundo. Por ejemplo, antes de celebrarse las elecciones en las que Bashar al-Assad fue reelegido, no dudó en dar la cara para rendir tributo a los caídos del régimen en la guerra. No era la primera vez que lo hacía. Y por supuesto, fue el objetivo de todos los fotoperiodistas el pasado 3 de junio durante las elecciones sirias, cuando acudió a votar junto a su marido. De nuevo eclipsó los focos con su atractiva belleza y obligó al mundo a preguntarse: ¿quién es la chica que sale junto a al-Assad?

Hoy, en una situación tan compleja como la que se vive en el país, la esposa del presidente tiene claro su papel como primera dama. Su discurso al pueblo puede resumirse en una de sus frases: «Siria, al igual que nuestras madres, es dolorosa, pero fuerte, cansada pero resistente».

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