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¿Se dirige Venezuela hacia una Guerra Civil?

Hablamos con varios expertos residentes en Caracas quienes nos ponen de manifiesto hacia dónde se dirige Venezuela.

¿Se dirige Venezuela hacia una Guerra Civil?
Reuters

Cada día el futuro es más incierto en un país donde la vida no vale nada, donde la gente muere asesinada en las calles por manifestarse en contra de un Gobierno que ha llevado al país a unos niveles de desabastecimiento nunca vividos: el 90% de los productos básicos no se consiguen. 

Según el medio venezolano del periodista Nelson Bocaranda, Runrunes, 34 es el saldo de muertos de un mes de protestas en contra de un régimen chavista que no tiene ningún reparo en usar la represión y la militarización contra aquellos que ponen en práctica su derecho a la libertad de expresión. En su última maniobra, Nicolás Maduro ha anunciado una Asamblea Constituyente, a la que el presidente de la Asamblea Nacional, el diputado Julio Borges, ha calificado como “el golpe de Estado más grave de toda la historia”.

Nicolás Maduro está violentando todos los derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales de su pueblo. Un pueblo que el 19 de abril de 2013 lo eligió democráticamente como jefe de Estado, y que ahora, cuatro años después,  cuenta con el rechazo del 80% de la población, según los resultados de varias encuestas como Venebarómetro, Delphos o Datanálisis.

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Manifestación del 1 de mayo de 2017. | Foto: Carlos Garcia Rawlins/Reuters

Remitiéndonos a datos no oficiales que nos proporcionó el economista venezolano José Manuel Puente, el Gobierno lleva 17 meses sin publicar nada, el salario mínimo es el más bajo de los últimos 20 años (40.638 bolívares, unos 60 dólares, según la tasa oficial de cambio más alta), en 2016 la pobreza creció un 81%, (hoy día hay el doble de pobres que hace 18 años); y la inflación para el mes de febrero se encontraba en el 455%, la más alta del mundo. Y en esta situación no hay señales de que Maduro actuará sobre los desequilibrios económicos y sociales, ni hay signos de que enfrentar la crisis sea su principal prioridad.

Así, con un tipo de represión distinta a la clásica represión policial de las manifestaciones ciudadanas, el ambiente en la calle es cada día más tenso. «Hoy en día, se repelen las marchas y concentraciones disparando sobre los ciudadanos que participan en ellas, lo que explica el alto número de personas fallecidas», nos cuenta el politólogo venezolano, Luis Salamanca, quien observa un patrón sistemático de ataque a las protestas por parte del Gobierno, consistente en la acción conjunta de los cuerpos policiales y militares y grupos motorizados, que operan con motos sin placas, y armados, y que «suelen disparar abiertamente contra la gente». Igualmente, las fuerzas del orden «disparan contra la población» en sus zonas de residencia, arrojando bombas lacrimógenas indiscriminadamente. Ejemplo de ello es el ataque que sufrió el hospital materno-infantil en la noche del pasado jueves 20 de abril cuando recibió un ataque de bombas lacrimógenas.

Desde hace meses son varios los formadores de opinión que hablan de Guerra Civil, como el padre venezolano y ex rector de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), Luis Ugalde, y el politólogo, Nicmer Evans, quien así lo manifestaba recientemente en un artículo de opinión en el diario venezolano El Estímulo: «Por un lado tenemos a los mercenarios progubernamentales (erróneamente llamados colectivos, que no lo son) convirtiéndose en el brazo armado del stalinismo facineroso con el amparo de un sector de la Fuerza Armada Bolivariana, y por el otro lado a unos guarimberos encapuchados financiados desde grupos facinerosos miameros, que empiezan a apertrecharse de armamento para la confrontación contra el gobierno y los mercenarios. Esto, sin duda alguna, es un claro escenario de confrontación civil que puede derivar en una guerra civil si seguimos alimentando el odio, la exclusión, la descalificación, el desprecio y la ofensa desmedida desde los actores políticos polarizados».  -Esta información no ha sido contrastada por este periódico, es sólo y exclusivamente opinión del politólogo Nicmer Evans-.

Por su parte, los expertos y periodistas residentes en Caracas consultados por este periódico descartan una Guerra Civil, coincidiendo todos en estos argumentos:

-Una Guerra Civil implicaría, por una parte, un quiebre en la fuerza armada que, según el periodista venezolano, Víctor Amaya, «no ocurrirá pronto».

Confrontación bilateral. Hasta el momento, según explica, el politólogo Luis Salamanca, sólo se trata de un ataque unilateral, de agentes del gobierno y agentes paramilitares, en contra de la población. «Cuando las fuerzas represivas y las paramilitares no actúan, las protestas son pacíficas, cumplen sus objetivos y los manifestantes se disuelven en paz. Lo que indica que terminan en violencia por la agresión del Estado y del paraestado», asevera, y añade: «A veces, son heridos o muertos oficiales de policías y militares que el gobierno se los atribuye a la oposición, a los mismos manifestantes, pero hasta ahora no se ha establecido oficialmente la verdad. A veces aparecen manifestantes con armas pero nunca queda claro si las usan o no, o si son responsables de muertes o lesiones, como ocurrió en Táchira, con una chica que presuntamente fue asesinada por un señor opositor que disparaba contra los motorizados. En esos casos, y sólo en esos, el gobierno habla para referirse a muertos ‘chavistas’ sin que aún no se haya hecho la investigación científica».

 

«La reserva moral del venezolano aún aísla la Guerra Civil»

-Víctor Amaya, periodista

 

Bandos confrontados con cierta igualdad en números.  Como hemos comentado anteriormente, el rechazo al chavismo es del 80% por lo que, según Amaya, «no podemos hablar de dos bloques. Lo visto hasta ahora no es confrontación pueblo contra pueblo a gran escala». Por otro lado, hay que tener en cuenta lo poco identificada que se siente la población con un bando u otro. Según apunta Nicmer en El Estímulo, los números en la calle son una prueba irrefutable: 300.000 personas entre el PSUV y la MUD,  frente a 29.700.000 que no salen porque no se sienten convocados por ninguno de los dos bandos por miedo, por desconfianza o porque prefiere insistir en sobrevivir ante tan inmensa crisis económica.

-Y el cuarto punto sería el tipo de arma. En Venezuela, cuenta Alicia Hernández, corresponsal española en el país latinoamericano, quienes tienen las armas son los criminales y el Gobierno. «La oposición no tiene fuerza de fuego», insiste. Quienes sí están armados «hasta los dientes» son los oficialistas, que han creado dos tipos de «organismos» paralelos a las fuerzas armadas legítimas, las milicias y los llamados colectivos, con los cuales tienen una ventaja descomunal y están dispuestos a dar esa «batalla». «En ese escenario, lo que puede ocurrir es un genocidio. Pero antes de llegar ahí, tratarán de mantenerse en el poder por otros medios».

En este punto, Víctor Amaya además distingue en el tipo de arma que usan los grupos «extremistas». Por un lado, están los llamados ‘colectivos chavistas armados’, que usan armas cortas y largas; y por otro, los ‘guarimberos’ u opositores organizados, que usan tirolinas, piedras, objetos quemados y acciones de vandalismo genéricas.

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Un manifestante se enfrenta a la policía con un tirachinas. | Foto: Marco Bello/Reuters

Estallido social

Tanto como para Amaya, Hernández y Salamanca, lo más apropiado es hablar de «explosión social» o «levantamiento popular», ya que, coinciden, «la reserva moral del venezolano aún aísla la Guerra Civil». «La gente no sale a la calle pensando que va a estallar una guerra en cualquier momento, sí se habla de hastío», nos cuenta Alicia.

28 años después, el recuerdo del Caracazo está más vigente que nunca. Sin embargo, los tres expertos creen que un estallido social tan particular como ese no ocurrirá pronto. Estos son sus argumentos:

-Un nuevo Caracazo destruirá los pocos centros de abastecimiento que hay en el país.

-Una explosión social de este tipo debe ser popular, de la gente de las barriadas, y estos están sometidos a todo tipo de control por las misiones, por los colectivos y por las fuerzas públicas. Además de las continuas amenazas que reciben de ser despojados de los beneficios que les da el Gobierno.

-Muchos de quienes participaron en el Caracazo de febrero de 1989 aún están vivos y recuerdan lo que eso implicó: represión, muertos y más penuria; y no siempre se está dispuesto a repetir eso.

Sin embargo, a diario se producen cientos de protestas sociales, por alimentos, por medicinas, por reclamos de servicios públicos, etc, y esto es lo que se hace llamar ‘mini caracazos’. Según datos aportados por el Observatorio Venezolano de Conflictividad Social (OVCS), en 2016 se produjeron 711 saqueos.

 

«El último capítulo de la democracia»

Tras 60 años de democracia, ¿está Venezuela respirando su último aliento democrático? Para el politólogo Luis Salamanca: sí. «Soy de los que cree que estamos viviendo el último capítulo de la democracia«, y este episodio, según el profesional de las ciencias políticas, se está dando como una confrontación aguda en la cual destacan dos factores: por un lado la movilización de las masas populares, «por primera vez en muchos años», y por otro, la movilización de la clase media, «la que ha llevado siempre la voz cantante».

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Varios estudiantes durante un homenaje a Juan Pablo Pernalete, quien murió tras ser durante una protesta. | Foto: Carlos Garcia Rawlins/Reuters

 

La pronta convocatoria de elecciones es una de las exigencias de los protestantes, para los que la solución pacífica sería ir a las urnas. Sin embargo, Maduro descarta esa posibilidad y sólo menciona los comicios de gobernadores, que debieron celebrarse en diciembre pasado, y de alcaldes, previstos para este año. Este es el escenario más realista, coinciden los expertos, que descartan elecciones generales.

En este punto, cada bloque de poder saca lo que tiene a la calle: la sociedad democrática saca su fuerza numérica, su fuerza social, hoy inmensa y mayoritaria, encabezada por la MUD; el oficialismo saca la represión, los colectivos, la descalificación y su intención de quedarse con el poder. Para Salamanca, el deadline de este capítulo será en 2018, el año decisivo. «El año que viene sabremos si el Gobierno usurpa el poder central o se somete a elecciones libres, justas y limpias. Yo creo que no podrá evitarlas, pero eso será una gran confrontación».

En ese momento será cuando de nuevo volvamos a hablar de Guerra Civil.

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