Política y conflictos

Pablo Sapag: «Las potencias que desestabilizaron Siria en 2011 quieren que se convierta en una especie de estado paria»

por Rodrigo Isasi Arce

Se cumplen 10 años de crisis, de conflicto en Siria, y los grandes combates militares en la región han dado paso a otro tipo de lucha, la económica. El 80% de los sirios vive bajo el umbral de la pobreza en un país donde hoy el sueldo medio no llega a los 20 euros mensuales respecto a los casi 400 de antes de 2011, cuando estalló el conflicto. En gran parte del país, el que está bajo control del Gobierno, la comida y el abastecimiento de productos no falta, pero los bolsillos de los sirios están vacíos. El Gobierno sirio se esfuerza por sacar adelante a su pueblo, por hacer cambios -bastantes y poco conocidos–, pero las sanciones impuestas por EEUU y la Unión Europea no ayudan y agravan brutalmente el sufrimiento del pueblo sirio.

Hablamos con el analista, periodista y profesor de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) Pablo Sapag, uno de los principales expertos en Siria de nuestro país y autor del libro ‘Siria en Perspectiva‘.

 ¿Cuáles cree que son las claves de la crisis siria tras 10 años de conflicto?

Ahora mismo yo creo que la crisis siria tiene dos aspectos totalmente diferenciados y uno de ellos es la parte militar de la crisis, que empezó en abril de 2011 y llegó a haber hasta 17 frentes en todo el país, pero ahora digamos que queda un frente y medio. Son frentes intermitentes que se activan y se desactivan y que no tienen capacidad de extenderse al resto de Siria, donde la situación de seguridad se ha recobrado en buena medida.

El gran problema ahora de Siria es económico y social, humanitario incluso. En Siria hoy el sueldo medio no llega a 20 euros mensuales, es una devaluación muy grande si consideramos que, cuando estalla la crisis, Siria, que nunca ha sido un país rico, ha sido pobre pero bastante igualitario, pues tenía un sueldo medio de unos 300 o 400 euros. El 80% de los sirios hoy está bajo el nivel de pobreza. Siria ha perdido más del 40% de su Producto Interior Bruto en estos 10 años y tiene un deterioro importante de infraestructuras, muchas se van recuperando, la sanitaria, la educativa o las carreteras, pero el déficit sigue siendo muy grande. La situación económica y social es consecuencia de lo que hemos vivido en términos militares, políticos y diplomáticos en estos 10 años.

Sobre los frentes en Ilib y el noreste de Siria. ¿Cómo ve el futuro de los combates en la zona?

En Siria hay dos zonas, ambas en el norte del país, donde hay actividad militar intermitente, de baja intensidad en todo caso. Una de ellas es el norte de la provincia noroccidental de Idlib. En esa zona hay territorios en manos de grupos armados, entre ellos Jabhat Al Nusra, la marca de Al Qaeda en Siria, restos de otros grupos, el llamado Frente de Liberación Nacional, que es una organización vinculada a Turquía, etcétera. Allí hay escaramuzas de vez en cuando y no hay un interés del Estado sirio por hacer un asalto definitivo porque sabe que eso tendría un costo muy alto en vidas, tendría un costó muy alto en la imagen pública del Gobierno sirio y además podría generar una reacción de Turquía. 

En el noreste de Siria, al este del Éufrates, nos encontramos con la presencia de las llamadas Fuerzas Democráticas Sirias, que son un grupo mayoritariamente formado por kurdos sirios apoyado por Estados Unidos, y que no tiene tampoco capacidad para controlar esa zona porque los kurdos qué viven en esa región lo hacen de manera discontinua, no hay toda una cornisa del noreste de Siria habitada por kurdos, las pruebas son las grandes ciudades en esa zona, que son Qamishli y Hasaka, donde se comparte la seguridad entre esa milicia y el Ejército y la Policía Nacional de Siria. 

Maarat Al Numaan, en Idlib, pocos días después de ser liberado de los yihadistas, febrero de 2020 | Foto: Rodrigo Isasi

Lo que ocurre es que es una milicia que está al servicio, de alguna manera, de Estados Unidos, que quiere mantener esa tensión para ver si puede obtener algo, pero el problema ya no depende tanto de Siria, sino que depende de Turquía, que no va a permitir jamás que haya ningún tipo de sistema de municipios autónomos. Es imposible crear una especie de cantón único en el norte de Siria. Al final, los dos frentes que quedan abiertos dependen en alguna manera de Turquía. Es decir, cuando hay una presión en el noreste y parece que los kurdos pueden obtener más de lo que Turquía está dispuesta a aceptar se activa el frente de Idlib. Eso va a llevar bastante tiempo en resolverse porque ahí hay otros actores, por ejemplo Estados Unidos, pero lo importante de eso es que no tiene capacidad para contaminar al resto del país y para que Siria pueda entrar en una escalada como la que vimos entre 2012 y 2015.

¿Qué decir sobre la ocupación turca y estadounidense en Siria?

Hay zonas del norte de Siria donde hay tropas turcas y hay otras zonas donde son milicias, normalmente los restos de llamado Ejército Sirio Libre, que están apoyados por Turquía. En la zona del noreste hay algunos destacamentos de tropas estadounidenses que entran y salen desde Irak y están apoyando a las Fuerzas Democráticas Sirias.

Estados Unidos lo que busca ahora en Siria es una política de mínimos, porque la política de máximos no la consiguió, que era trocear el Estado sirio, pero sí le interesa esa presencia y mantener estos focos para, en primer lugar, hacer que el Estado sirio no pueda recuperarse plenamente en términos económicos y políticos. En segundo lugar, horadar la presencia de Irán en la región y ahí entramos ya en una cuestión mucho más compleja, ya que se supone que esta Administración estadounidense pretende retomar el acuerdo 5 + 1 del programa nuclear iraní que se había firmado en la Administración de Obama y que Trump dejó sin efecto.

Pablo Sapag: Siria 1

Foto: Carola Melguizo

Hoy Estados Unidos está perdiendo posiciones en muchos frentes, por ejemplo el económico respecto a China,  frentes regionales como el de Oriente Próximo y Medio en relación a Rusia, y ahí entra Siria claramente, pero Estados Unidos todavía mantiene un gran poder a nivel global desde el punto de vista del control de la proliferación nuclear.

Estados Unidos sabe que si se produce una proliferación nuclear no deseada por él, el poder menguante que le queda desaparecería antes o después y por tanto, esa baza Estados Unidos la va a jugar, va a intentar que Irán no tenga un desarrollo nuclear que hipotéticamente le permita tener el arma nuclear, y para eso tiene que hacer cesiones. El problema es que al negociar con Irán pues evidentemente está, de alguna manera, poniendo presión a su relación privilegiada con Israel y con Arabia Saudí. ¿Cómo compensa esto? Con ataques en la frontera entre Irak y Siria, que no tienen mayor repercusión que esa y que obviamente suponen una violación del derecho internacional o con el visto bueno a que Israel ataque determinadas posiciones de fuerzas proiraníes en Siria.

¿Qué se espera de Biden y su política hacia Siria?

Hay que entender que la Administración de Joe Biden es una continuación de la Administración Obama, es Obama 2.0, y Obama tuvo una posición muy belicosa respecto a Siria, con ataques reiterados, e incluso llegó a barajar en su momento la posibilidad de una operación a gran escala, que no se hizo por la propia debilidad de Estados Unidos, su fracaso en Irak, etcétera. A Estados Unidos lo que le interesa es evitar una proliferación nuclear y eso pasa por retomar el acuerdo 5+1 con Irán y eso evidentemente molesta a ciertos socios de Estados Unidos en la región, que son Arabia Saudí e Israel.

Edificio afectado por los combates en Homs, febrero de 2020| Foto: Rodrigo Isasi

No va a suponer un cambio mayor en la región. Va a suponer un cambio respecto a Irán pero no un cambio respecto a Siria. Estados Unidos sabe muy bien que tiene una línea roja gigante en Siria que se llama Rusia y que eso no va a cambiar. Entonces, lo que puede hacer son acciones de desgaste. Creo que esto tiene más que ver con un mensaje que Biden manda a Irán pero también a Arabia Saudí e Israel diciéndoles: bueno de alguna manera sigo aquí no os preocupéis voy a recuperar el acuerdo 5+1 del programa nuclear iraní pero eso no quiere decir que os voy a dejar solos.

Ahora bien, también tenemos que entender que, por lo general, las administraciones demócratas de Estados Unidos son bastante más intervencionistas que las republicanas, qué es algo que muchas veces no se suele considerar. Esa especie de idealismo en política exterior que todos sabemos que no da más de sí, porque no se pueden plantear determinadas posturas idealistas cuando lo que se hace es violar el derecho internacional. Quizás se lo creen más que los republicanos en ese sentido y entonces podemos encontrarnos intervenciones bajo el mantra de misiones humanitarias,  como las que vimos en la Administración de Obama o en la de Clinton.

La economía siria no pasa por su mejor momento.

La situación económica de Siria es desesperada hoy en día porque se ha dado una especie de tormenta perfecta. Obviamente la posguerra siempre es dura, pero en el caso de Siria además hay que sumar otros elementos como las medidas coercitivas que se le han impuesto por parte de Estados Unidos y la Unión Europea.

En 2018, cuando ya Siria más o menos tenía controlada la situación militar, se inicia un esfuerzo por reconstruir el país que da ciertos frutos. La moneda estaba estable, pero en octubre de 2019 se produce el colapso de la economía libanesa y Líbano tiene mucho que ver con Siria en términos económicos porque era el canal por el cual se financiaba la economía Siria. Cuando estalla la crisis en Siria muchos empresarios, sobre todo del norte de Alepo, van a llevar los activos financieros al Líbano donde la banca internacional, hasta la crisis de 2019, funcionaba perfectamente, y donde además el dólar funcionaba casi como moneda nacional, había un cambio fijo entre el dólar y la lira libanesa, y por tanto, se podían tener depósitos en dólares en los bancos y retirar en dólares.

Mercado en Douma, campiña de Damasco, febrero de 2020 | Foto: Rodrigo Isasi

Lo que ocurre es que la economía libanesa colapsa. Hasta octubre de 2019 un dólar eran 1.500 liras libanesas, y así había estado el cambio durante más de 20 años. Hoy, un dólar son 8.000 liras libanesas. Eso supuso un problema porque los bancos, para no quebrar, hicieron lo que popularmente se conoce como corralito e impidieron la retirada de depósitos en dólares, y eso tuvo un impacto muy directo en la economía siria.

El segundo impacto es que el gran proveedor de productos para Líbano siempre ha sido Siria. La economía libanesa es de servicios, sobre todo financieros o turísticos, pero no es una economía productiva o industrial, y la economía siria sí lo es, con sus limitaciones, pero tiene industria para proveer de bienes a Líbano. Entonces, Líbano deja de tener opciones de compra. A todo eso le sumamos los efectos de la pandemia de coronavirus a partir de marzo de 2020, cuando Siria sabía que tenía prácticamente el 40% de su industria sanitaria deteriorada, y la imposición de unas medidas muy restrictivas y el cierre de las fronteras con Líbano y Jordania.

Todo esto ha supuesto una gran devaluación la lira Siria. Hasta 2011, antes de la crisis, 1 dólar eran 50 liras sirias. A mediados de 2019 el cambio llegó a 600 liras sirias, más o menos,  y resulta que hoy 1 dólar son 3.700 liras sirias, lo que supone que la lira siria ha perdido seis veces  su valor desde octubre de 2019. Eso supone un problema para un país que tiene déficit de producción de petróleo y que tiene que importar petróleo, que tiene que importar insumos médicos muchas veces a precios más elevados que lo normal para sortear las sanciones. En Siria se ha dado una espiral de inflación con tasas de inflación por encima del 25% mensual en productos de primera necesidad.

¿Qué grandes retos tiene el Gobierno sirio para revitalizar la economía?

El Gobierno sirio está haciendo varias cosas pero que tardan en dar resultados. Una de ellas fue crear una gran distribuidora nacional pública para eliminar o reducir el peso de los intermediarios en la distribución de productos de primera necesidad o incluso de productos eléctricos para las casas. Se han abierto decenas de sedes de la distribuidora Surya Tiyari (Siria Comercial), pero está claro que no da abasto. Por otra parte, sigue habiendo mucha especulación porque con una devaluación tan acelerada de la moneda pues a veces a un distribuidor le interesa mantener una partida de cualquier producto en el almacén porque en ese pedido en una semana va a ganar el doble, más aún si es si son productos importados.

Colas para recibir los productos subvencionados por el Gobierno en Damasco, febrero de 2020 | Foto: Rodrigo Isasi

A pesar de estas duras condiciones, este año se ha renovado una parte muy importante de los canales de regadío, y eso era fundamental, porque Siria es esencialmente un país agrícola, sobretodo desde el punto de vista de su exportación, y el 35% de los canales de regadío en zonas agrícolas habían resultado afectados durante el conflicto. Eso se está haciendo y seguramente en la cosecha de este año vamos a ver el resultado.

Las sanciones internacionales tampoco ayudan y están asfixiando a Siria.

Las sanciones internacionales se radicalizan con el comienzo de la crisis siria porque se ve en ellas un instrumento para acelerar el objetivo final, que era: o bien tener una Siria dócil con un Gobierno títere, o bien crear varias pequeñas sirias cantonalizadas con recursos limitados y, por tanto, dependientes; en definitiva, reproducir el esquema de lo que se hizo con el Líbano en los años 20.

Esas medidas coercitivas que aplica Estados Unidos las tenemos desde antes de la crisis mientras que las europeas se inician con la crisis y no han variado.Estas sanciones no están perjudicando a determinadas figuras de la Administración del Estado sirio, están afectando a los sirios de a pie. Un ejemplo de esto es  el poder mandar dinero a familiares en Siria a través de empresas de envíos, que se hace con un cambio oficial que no se corresponde con el cambio en el mercado negro, porque Siria no puede acceder a divisas por otra vía y eso es consecuencia de las sanciones. No se puede utilizar ningún banco para mandar dinero a Siria ni siquiera con fines puramente benéficos. No se pueden comprar insumos, la lista de bienes y productos que se consideran de doble uso es larguísima, como el aluminio, que sí que se puede usar para material militar pero que también se utiliza para la construcción, por ejemplo.

Zoco de la ciudad antigua de Homs destruido por los yihadistas, febrero de 2020 | Foto: Rodrigo Isasi

Desde el punto de vista del derecho internacional es obviamente muy cuestionable pero lo preocupante es que la Unión Europea, que forma parte de la región euromediterránea, haga un seguidismo de unas políticas de EEUU que no le benefician, porque si la situación económica no mejora en Siria, lo que habíamos empezado a ver del retorno de desplazados sirios desde distintas partes del mundo, no se va a producir y si la situación económica sigue empeorando es posible que haya otros sirios que también quieran salir.

Resulta poco explicable este tipo de medidas que claramente están perjudicando de manera brutal a la población siria, que tiene serías dificultades para abastecerse de alimentos, de medicinas y de poder llevar una vida mínimamente normal. Hay formas de castigar o de sancionar políticas pero eso no tiene por qué suponer sancionar y castigar a la población por la vía del hambre y de la salud, que es lo que se está haciendo.

Hay una gran diferencia económica entre las zonas controladas por el Gobierno sirio y las que no lo están.

Las zonas que escapan al control del Estado sirio no suponen más del 10% del territorio. Ahí podemos hablar de campamentos de refugiados o desplazados, que los encontramos en Idlib y en una zona próxima a la frontera con Jordania, en Tanf. Está claro que ahí las condiciones son durísimas pero eso es responsabilidad de quiénes crearon la desestabilización de Siria y de quiénes se tienen que hacer cargo de administrar aquello, sobre todo cuando no permiten que el Estado sirio recupere sus territorios.

En estas zonas también hay una especie de utilización de esas personas. Hay un interés para qué Siria permanezca en un limbo, ya no de conflicto armado abierto, porque eso ya no existe, pero sí hay interés de que Siria se convierta en una especie de estado paria, en un limbo, que no pueda recuperar su rol internacional, que no pueda volver a las instituciones internacionales, que tenga problemas permanentes para resolver su problema económico financiero, y es en realidad el interés de casi las mismas potencias que desestabilizaron Siria en 2011.

En zonas como Guta oriental y en otras zonas del país que en su momento estuvieron bajo el control de grupos armados de distintas características la vida se ha normalizado en la medida de lo posible, hay abastecimiento pero lo que no hay es dinero. Las familias se tienen que apretar muchísimo el cinturón. 

¿Por qué algunas potencias occidentales quieren acabar con Siria?

Siria es un estado incómodo para determinadas potencias occidentales, como EEUU o Francia, porque se resiste a aceptar las imposiciones derivadas de la presencia o creación del Estado de Israel en la zona. Siria está en estado de guerra con Israel desde el año 1948 y, mientras otros estados, por ejemplo en su día Egipto o Jordania, o más recientemente Emiratos Árabes Unidos, Bahréin, Sudán o incluso Marruecos, llegan a acuerdos con el Estado de Israel,  Siria se ha mantenido firme en eso, también por razones obvias: tiene frontera con Israel y acoge a más de medio millón de palestinos. Siria tiene un problema de seguridad en relación a Israel por la debilidad militar del Líbano, que prácticamente es el respaldo de seguridad de una parte del territorio sirio.

Se habla mucho de que en Siria no hay oposición política.

En Siria siempre ha habido tres oposiciones. Ha habido una oposición interna institucional, que participa de las instituciones del Estado y particularmente del Parlamento, que tiene presencia en los gobiernos regionales y en las asambleas de los ayuntamientos. En Siria el único partido que ha estado funcionalmente vetado y sobre todo después de sus levantamientos armados ha sido la Hermandad Musulmana, pero en Siria hay hay otros partidos distintos al Baaz y siempre los ha habido. Además, en el Parlamento sirio, que tiene 250 miembros, siempre ha habido un porcentaje importante reservado de asientos para candidatos independientes, que pueden secundar o no las políticas del partido Baaz o las políticas de los otros partidos. En Siria siempre ha habido una oposición interna institucionalizada, ya que de no haberla habido, seguramente el régimen político en Siria hubiese colapsado y no lo ha hecho.

En segundo lugar, ha habido una oposición interna no institucional. En ese sentido tenemos que hablar de la gente que en el año 2000 protagoniza eso que se llamó mediáticamente ‘la primavera de Damasco’, gente sobre todo de núcleos urbanos intelectuales, alguna gente que había pertenecido a la oposición institucionalizada y había participado en política pero ya no lo hacía.

La tercera oposición es la externa que básicamente está vinculada a la Hermandad Musulmana. Cuando la Hermandad Musulmana protagoniza su segundo levantamiento armado, que va desde el año 1973 al año 1982 y provoca miles de muertos en Siria, el Estado, después de derrotar el califato que se proclama en Hama, proscribe definitivamente a la Hermandad Musulmana y los cuadros de esta organización se exilian en distintos lugares.

¿Qué reformas gubernamentales se han llevado a cabo?

Desde el principio de la crisis, en 2011, el Estado sirio adopta una serie de reformas importantes, como el cambio de la constitución de 1973 en 2012 que, entre otras cosas, elimina el carácter de partido hegemónico, que no único, que se le otorgaba al partido Baaz. También se refuerza todavía más el carácter del Estado aconfesional sirio como protector de la multi confesionalidad social siria.

Hay una cuestión muy importante que pasó bastante desapercibida, y aquí estoy citando a Karim Atassi, que es un gran constitucionalista sirio que trabaja para Naciones Unidas en El Cairo, y es que a lo largo de todas las constituciones que ha habido en Siria se ha mantenido lo que él llama los principios de los padres fundadores y eso tiene que ver con el carácter aconfesional del Estado. En la constitución de 2012 se abre la puerta, por ejemplo, a la educación en lenguas distintas a la árabe, como el armenio, el siriaco o el kurdo.

Douma, campiña de Damasco, febrero de 2020 | Foto: Rodrigo Isasi

Además de todo eso, se ha aprobado una nueva ley de administración local que aumentó en un 10% el número de municipios y se ha dado nacionalidad siria a 300.000 kurdos de origen no sirio, kurdos de Turquía, de Irak o incluso de Irán, que habían llegado desde los años 20 a Siria.

En Siria ha habido muchísimos cambios de legislación importantes que se desconocen porque no interesa, pero en el fondo eso es lo que le ha permitido al Estado sirio mantenerse en pie, si no se hubiesen producido cambios pues seguramente hubiese colapsado. Todavía quedan muchas cosas por hacer porque el sistema sirio siempre ha sido un sistema parecido al que tenía México hasta los años 2000, donde había un partido hegemónico, donde había limitaciones para la creación de nuevos partidos,  pero eso no quiere decir que el sistema haya sido ni de mono partido ni nada que se le parezca,  es bastante más complejo que eso.

¿Cómo se están haciendo estos cambios?

Yo destacaría en el caso de Siria, qué es un estado joven, el papel que juegan determinadas estructuras de poder que no son institucionales, pero que tienen mucha fuerza: me estoy refiriendo a los líderes religiosos, a los líderes de las tribus allí donde las hay y me estoy refiriendo una figura que se hereda de la época del Imperio Otomano qué son los muhtar, que son una especie de notables, de jueces de paz, alcaldes en zonas alejadas e incluso en barrios de ciudades que cuentan con el respaldo de la población de la zona donde ellos actúan como mediadores y son a su vez intermediarios con el Estado en muchas cosas.

En Siria no se hubiese podido desmontar la trama militar sin esos elementos porque han sido los jefes tribales, los líderes religiosos a pie de calle los que han negociado acuerdos de reconciliación, de entrega de armas, de normalización, de apertura de carretera, de resolución de secuestros, de devolución de casas ocupadas. 

Hasta ahora Siria ha cumplido a rajatabla con su calendario electoral y político y no me cabe la menor duda que lo va a hacer. Ahora tocan unas elecciones presidenciales y las habrá, pero no serán reconocidas por el problema que tienen determinados estados con Siria, como Estados Unidos o algunos estados de la Unión Europea, particularmente Francia y quiénes por carecer de política exterior siguen la política exterior francesa y no van a aceptar nunca la autodeterminación del pueblo sirio en función de sus características.

El pueblo sirio es un pueblo multiconfesional y multiétnico y además es un pueblo que rechaza las injerencias externas, porque después de vivir tres siglos y medio bajo el mandato del imperio turco otomano y 25 años bajo el mandato brutal de la ocupación francesa, los sirios no están dispuestos a perder eso porque saben que eso lleva a una aniquilación cultural, a una aniquilación social, a perder el patrimonio de Siria, qué es su carácter multiétnico y multiconfesional, a perder su riqueza lingüística.

Rodrigo Isasi Arce

Periodista especializado en Defensa, conflictos armados, mundo arabo islámico y cooperación internacional. Viajero empedernido y fotógrafo aficionado.