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Una bajada de bandera de más de 50 milones de euros

La NASA no se fía de Moscú. Quizás por eso, la agencia espacial estadounidense ha creado su propia flota de taxis espaciales. Se niega a seguir dependiendo de las Soyuz rusas. Las tensas relaciones diplomáticas con Rusia han acelerado sus planes. A partir de 2017, los astronautas de la NASA viajarán a la Estación Espacial Internacional a bordo de los modelos CST 100 (Boeing) y Dragon V2 (Space X).

Un astronauta a bordo del CST 100, uno de los modelos de taxi espacial que la NASA estrenará en 2017 (NASA/REUTERS)

Hace 40 años, el hombre conquistaba lo que hasta entonces había sido una quimera: pisar la Luna. Bajo aquella hazaña se escondían los intereses de dos grandes potencias por extender su dominio a ese presumible vasto territorio que se escapaba de las fronteras del planeta Tierra. Estados Unidos y Rusia iniciaban entonces una carrera espacial. La Guerra Fría alcanzaba el espacio. Casi medio siglo después, las heridas vuelven a abrirse. La NASA no quiere depender de Moscú para continuar con sus misiones al espacio exterior. Para ello, ha optado por sustituir los transbordadores Soyuz por una flota propia de “taxis” espaciales “made in USA”. La tensión en el este y los intercambios de sanciones entre ambos estados han acelerado el “proceso de independencia”

Alquiler desorbitado

Estados Unidos paga a Moscú más de 54 millones de euros por cada astronauta que envía al espacio. Es el precio de un paseo en las naves espaciales Soyuz, imprescindible para garantizar su liderazgo en la investigación astronómica. La NASA se ha gastado más de 1.000 millones de euros en los últimos cuatro años.

Pero, ¿por qué la NASA llegó a esta situación? Estados Unidos se desprendió de las naves espaciales con las que contaba el gobierno en 2011. A partir de esa fecha, las cápsulas en las que transportaba hasta la Estación Espacial Internacional tanto carga como a la tripulación pasaron a formar parte de Smithsonian National Air and Space Museum. Eran las tesoros de una vertiginosa y exitosa carrera espacial estadounidense. Entonces, la agencia espacial optó por alquilar las cápsulas Soyuz para llevar a sus astronautas al espacio.

A grandes males, grandes remedios

En 2010, la NASA se puso manos a la obra. Cuatro años han trabajado en lo que se ha conocido como, Commercial Crew Program. El objetivo estaba claro: recuperar el control sobre el transporte de sus astronautas a la Estación Espacial Internacional. “No fue una decisión fácil, pero es la mejor opción para la NASA y la nación”, aseguraba Charles Bolden, director de la agencia, en la rueda de prensa en la que daba a conocer las compañías seleccionadas.

El 16 de septiembre, la NASA se pronunciaba. Dos serían las empresas encargadas de desarrollar el sistema de transporte de su tripulación: Boeing y SpaceX. Serán ellas las que, en 2017, pongan fin a los viajes de los astronautas estadounidenses a bordo de las naves Soyuz. El precio de esta libertad asciende a más de 5.200 millones de euros.

Los elegidos

Los taxis espaciales con “matrícula” estadounidense responde al nombre de Dragon V2 (SpaceX) y Crew Space Transportation, CST-100 (Boeing). El primero cuenta con un presupuesto de 430 millones de euros; la segunda, 480 millones. Ambas cuenta con la misma capacidad, es decir, en su interior podrán viajar un total de siete astronautas.

La CST-100 está diseñada para salir al espacio a bordo de un cohete Atlas V desde Cabo Cañaveral, en Florida. Para regresar a la Tierra contará con la asistencia de un escudo térmico y de paracaídas. Puede reutilizarse hasta 10 veces y cuenta en su interior con conexión wifi que permite a la tripulación contactar con el control de la nave.

Por su parte, Dragon V2 es la versión mejorada de la nave que completó la primera misión privada a la Estación Espacial Internacional y que en septiembre sumará su cuarto viaje. Sus líneas de actuación se basan en el aterrizaje de propulsión y el rápido reabastecimiento de combustible para poder ser reutilizada. Ambas cuestiones permiten reducir drásticamente el coste de los viajes espaciales. Además, permite aterrizajes con la precisión de un helicóptero en cualquier región de cualquier planeta.

Tensiones diplomáticas extraplanetarias

«Desde el primer día, el gobierno de Obama ha dejado claro que el país más grande de la Tierra no debería depender de otras naciones para ir al espacio». Así de rotundo se mostraba Charles Bolden en la rueda de prensa. Una afirmación que dejaba entrever las tensas relaciones entre Washington y Moscú.

La crisis en Ucrania ha sido el detonante. Estados Unidos se manifestó a favor de los deseos proeuropeístas y condenó el apoyo que el Kremlin otorgó a los rebeldes prorrusos de Crimea y otras regiones del este de Europa. Washington suspendió las negociaciones sobre acuerdos de comercio e inversión con Moscú; también las operaciones militares.

Pese a todo, el Pentágono no logró amedrentar al Kremlin. El presidente ruso, Vladimir Putin no tardó en lanzar su contraofensiva. Reforzó su presencia militar en la frontera con Ucrania. Ademas,  Moscú prohibió las importaciones de productos agrícolas, materias primas y alimentos de aquellos países que previamente habían sancionado al país.

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