La Thermomix, sus imitaciones y el misterio del roscón casero
«Muchos profesionales la tienen en sus cocinas. Creo recordar que Abraham García tenía cuatro de ellas»

Roscón de reyes.
Mi amiga Sonia tiene una inteligencia analítica, yo diría que hasta fría. Sopesó durante tres o cuatro semanas si comprársela o no. Miró recetas, recabó opiniones, consultó hechos, habló con aficionados y profesionales y leyó, y leyó. Y llegó a la conclusión de que valía la pena, pero a condición de sacarle partido. Lo contrario de lo que nos sucede con esos clubs a los que uno pertenece de siempre, pero que apenas visita; y su cuota sirve para mantener bajas las de quienes sí lo hacen.
Sacarle partido es, pues, no más que usarla, para lo que Sonia se autoimpuso no preparar un solo plato, a lo largo de todo un mes, sin que ella interviniera. Es más, guardó fuera de alcance las sartenes, ollas y demás perolas hasta entonces de uso diario. De modo que se compró la Thermomix, con la que mantuvo un idilio —a veces tormentoso— que fue asentándose hasta cristalizar en una relación cordial y hasta de cierta dependencia, lo que a Sonia no le importa lo más mínimo. Hoy, en su casa se come hasta un excelente pan casero, que prepara semanalmente en la máquina.
Muchos profesionales la tienen en sus cocinas. Creo recordar que Abraham García tenía cuatro de ellas, casi constantemente en uso. Pocos cocineros (profesionales o amateurs) he conocido que la defiendan con tanto calor como él, patrón del extinto Viridiana. Es fácil encontrar en internet muchas recetas apasionantes, hasta el punto de que en la opinión de este cronista esa abundancia —no deja de ser un servicio posventa, espléndido, eso sí— es parte clave del éxito de la sofisticada túrmix.
Hay copias, claro. Incluso creo recordar que el fabricante de la Thermomix llevó a los tribunales a un imitador: no sé en qué quedó la cosa… Y el caso es que en casa apareció un buen día una gran caja con uno de esos remedos, de una marca para mí desconocida. Mi alter ego, sin encomendarse ni a Dios ni al diablo, la había comprado en una oferta por una fracción del precio de la original. Discutimos con cierto calor. Uno ha sido editor y sufrió en carne propia el quebranto que supone que te fotocopien un libro de texto, algo que el personal encuentra perfectamente natural, o casi. De ahí mi enfado por la compra de una copia. Es como hacerse con un Rolex o un Cartier de imitación. En fin, para qué discutir, se quedó en la cocina.
Qué duda cabe, la magnífica máquina tiene sus limitaciones. Se puede hacer tortilla de patatas, por ejemplo. Pero seamos realistas: no soporta la comparación con una casera, con las patatas bien fritas en sartén de hierro colado, un poco doradas en algún punto. Pero si no nos ponemos así de estupendos, es innegable que aporta un buen rosario de ventajas, desde ahorro de tiempo y trabajo hasta menos cacharrería que fregar.
Sonia es amiga desde que teníamos 30 años (yo; ella, diez menos). Tan amiga que acabó siendo la madrina de bautismo de una de mis hijas. Y tan amiga, que no hay primero de año que no me llegue a casa un roscón de reyes; y a la de su celíaca ahijada, otro, sin gluten.
Mi hermano también hace en casa sus roscones; y mis amigos Rafa y Juan Carlos; y una tía mía, además de sus dos hijas; y alguien más que olvido. Todos están muy ricos (salvo el de Juan Carlos, que es francamente malo). Todos, que yo sepa, usan la Thermomix. Pero, no sé por qué misterio, nunca he probado un roscón casero que ni siquiera iguale un roscón comprado en una buena pastelería. En Madrid son legión los establecimientos que lo bordan. Yo se los compraba a mi amigo Justo, dueño de El Saúco, en Las Navas del Marqués (Ávila). Con el tiempo, el roscón de El Saúco tuvo un premio de no sé qué organismo.
Y el caso es que he probado todo tipo de bizcochos caseros fastuosos. Recuerdo uno de naranja (receta Thermomix) que Sonia nos dio en una merienda-cena, que acompañó de mermelada de naranja amarga al whisky y crème fraîche, que me supuso un kilo (además de dormir sentado, por el reflujo). ¡Pero el bendito roscón parece la asignatura pendiente!
