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La dura infancia de Fernando Tejero en Córdoba: «Sentí que mis padres no me querían»

El actor se ha sincerado sobre cómo fueron sus primeros años en los que vivió el «abandono» de sus progenitores

La dura infancia de Fernando Tejero en Córdoba: «Sentí que mis padres no me querían»

Fernando Tejero, en una imagen de archivo. | Gtres

Fernando Tejero nunca ha tenido problema en hablar de las adversidades de la vida. El actor, que se hizo conocido en nuestro país gracias a Aquí no hay quien viva, nació en Córdoba y vivió unos años especialmente complicados, marcados por su orientación sexual y, también, por los distintos desafíos que le impusieron desde pequeño. Y es que su infancia no fue nada fácil y tuvo que convivir, casi hasta la adolescencia, con su tía que, durante muchos años, fue su mayor guía. Algo de lo que ha hablado en el programa Hoy por Hoy, junto a Luis Alegre, donde ha dado las claves sobre cómo fueron esos primeros años de vida.

«Mis padres no lo hicieron con mala intención, pero nunca se dieron cuenta de que lo supuso para mí», explica el actor sobre el hecho de que se criara con su tía. «Me acostaba y me levantaba llorando, empecé a fallar en los estudios…», apostilla. «Encima, ocultándome, porque a mis padres eso no les sentaba bien», añade. Además, apunta que para él fue «un golpe duro» que ha podido superar con «mucha terapia». «Yo me informé de que había sufrido dos abandonos; la primera vez que mis padres me dejaron en casa de mis tíos y, luego, me llevaron a casa de mis padres», explica en La Ser.

La infancia de Fernando Tejero tras el abandono de sus padres

@la_ser Fernando Tejero se crio hasta los 14 años con su tía. Y aunque no culpa a sus padres, le afectó: "Yo estuve mucho tiempo pasándolo mal porque sentía que no me querían" Lo ha superado con mucha terapia, a la que sigue yendo. Y tiene una relación "fantástica" con sus padres #fernandotejero #actor #infancia ♬ sonido original – Cadena SER

«Yo sentía que mis padres no me querían y me costaba querer y, sobre todo, cuando venía alguien… sentía que no merecía eso», añade. Actualmente, Fernando mantiene una «estupenda» relación con sus padres, a quienes hoy en día está muy unido. Como decíamos, Fernando Tejero nació en 1965 en la ciudad de Córdoba, en el seno de una familia humilde y trabajadora, muy representativa de la España de finales del franquismo y de la transición. Su infancia estuvo marcada por un entorno sencillo, sin lujos, donde el esfuerzo diario y la cercanía familiar eran valores fundamentales. Creció en un ambiente popular, en barrios donde la vida se hacía mucho en la calle, entre vecinos que se conocían de toda la vida y niños que jugaban sin demasiadas distracciones más allá de la imaginación.

Desde pequeño fue un niño sensible y observador. No destacaba por ser especialmente extrovertido; al contrario, durante su infancia y primera adolescencia fue más bien tímido, incluso inseguro, algo que con el tiempo él mismo ha reconocido como una de las claves de su posterior vocación artística. Esa timidez le hizo desarrollar una gran capacidad para observar a los demás a través de gestos, formas de hablar, silencios y pequeñas manías cotidianas que, años más tarde, acabarían convirtiéndose en una de sus grandes herramientas como actor.

Se fue a vivir con su tía hasta los 14 años

Su familia no tenía relación con el mundo del espectáculo. Sus padres trabajaban duro para sacar el hogar adelante y veían el futuro desde una perspectiva práctica, alejada de sueños artísticos. Aun así, Fernando creció en un entorno afectuoso, donde no faltaban el apoyo emocional ni el sentido del humor, algo muy presente en su carácter actual. En casa se valoraba el trabajo honrado y la constancia, y esas ideas se le quedaron profundamente grabadas.

Fernando Tejero
Fernando Tejero comenzó trabajando en la pescadería de sus padres.

Durante su etapa escolar, no fue un estudiante especialmente brillante, pero sí inquieto a nivel creativo. La escuela y las actividades religiosas o culturales del barrio fueron sus primeros escenarios. Participaba en funciones escolares, pequeñas representaciones y actos comunitarios, donde comenzó a descubrir que, al subirse a un escenario, desaparecían muchos de sus miedos. Actuar le permitía ser otro, expresarse sin sentirse juzgado y canalizar emociones que en la vida cotidiana le costaba mostrar.

La Córdoba de su infancia, con su fuerte identidad cultural, su habla característica y su mezcla de tradición y humor popular, influyó notablemente en su forma de expresarse y en su manera de entender la comedia. Escuchar conversaciones en la calle, en los mercados o en reuniones familiares fue, sin saberlo, una auténtica escuela de interpretación. Allí aprendió el valor del ritmo, del silencio y del acento, elementos que más tarde serían esenciales en sus personajes.

La vida tranquila de Fernando Tejero en la sierra de Madrid

A medida que crecía, fue tomando conciencia de que no encajaba del todo en los caminos convencionales que se esperaban de él. Esa sensación de no pertenecer del todo, de ir un poco a contracorriente, se gestó ya en su infancia y se acentuó en la adolescencia. Sin embargo, lejos de paralizarlo, esa incomodidad terminó empujándolo a buscar un lugar propio, y el teatro empezó a perfilarse como una posible vía de escape y realización personal. Actualmente, Fernando es uno de los actores de referencia de nuestro país y ha sabido reinventarse.

En la actualidad, Fernando Tejero lleva una vida mucho más serena y consciente que en los años de mayor exposición mediática, aunque sigue plenamente activo en el mundo artístico. Con el paso del tiempo ha aprendido a relacionarse de otra manera con la fama, que le llegó de forma muy intensa y casi repentina. Hoy la gestiona con mayor distancia, intentando que no condicione ni su identidad ni su bienestar personal.

Su día a día está muy vinculado al trabajo creativo, pero ya no desde la urgencia o la necesidad de demostrarse constantemente. Selecciona con más cuidado los proyectos en los que participa, priorizando aquellos que le permiten crecer como actor y explorar registros distintos, especialmente en teatro, un medio que considera esencial y al que siempre vuelve. El escenario sigue siendo para él un espacio de verdad y de refugio, donde se siente más libre y menos encasillado que en la televisión.

A nivel personal, Tejero ha hablado abiertamente en los últimos años de la importancia de la salud mental y emocional en su vida. Ha atravesado etapas de inseguridad, ansiedad y autoexigencia extrema, y ese proceso lo ha llevado a trabajar mucho en el autoconocimiento. Actualmente da un gran valor a la tranquilidad, a los tiempos de descanso y a una vida más equilibrada, lejos del ruido constante del éxito o del miedo al fracaso. Es por eso que, hace un tiempo, decidió marcharse al campo a residir. Vive de forma discreta y protege mucho su intimidad. Aunque es una figura muy reconocible, no busca una vida social excesivamente pública ni mediática. Prefiere los círculos pequeños, las amistades de confianza y los momentos cotidianos sin artificios. Le gusta leer, pasear, escuchar música y disfrutar de planes sencillos que le permitan desconectar de la presión profesional.

En cuanto a su relación con la profesión, hoy se muestra más reconciliado con su trayectoria. Durante años luchó contra el encasillamiento y contra la sombra de personajes muy populares, pero con el tiempo ha aprendido a verlos como parte de su camino, sin que definan por completo quién es como actor ni como persona. Esa aceptación le ha dado una mayor libertad interior y una mirada más amable hacia sí mismo.

También se muestra más reflexivo y comprometido en lo que dice y en cómo se posiciona. En entrevistas y apariciones públicas transmite una visión más madura, honesta y vulnerable, alejada del humor automático que muchos esperan de él. No renuncia a la comedia, pero la acompaña de una profundidad emocional que refleja su propia evolución vital.

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