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La casa de Jota, novio de Sara Carbonero, en La Graciosa: un tesoro natural por su bonito diseño

La periodista estaba pasando unos días en la casa que su chico tiene en esta isla cuando se empezó a encontrar mal

La casa de Jota, novio de Sara Carbonero, en La Graciosa: un tesoro natural por su bonito diseño

Sara Carbonero, en una imagen de archivo. | Gtres

Sara Carbonero permanece ingresada en un hospital de Lanzarote después de sentir un fuerte «dolor abdominal». Aunque su situación no reviste gravedad, la presentadora está pasando unos días en la UCI después de someterse a una rápida intervención y de que los médicos consideraran que, por sus síntomas, lo más adecuado es que pasara por quirófano. A su lado, siempre han estado sus inseparables; Isabel Jiménez —su mejor amiga— y su novio —Jota Cabrera—. Es más, con ellos estaba disfrutando de unos días de vacaciones en La Graciosa cuando comenzó a encontrarse regular.

Lo hacían en la casa que Jota tiene en la isla de La Graciosa, un paraje casi virgen que cuenta con una especial arquitectura —con casas blancas—, calles de arena fina y, en cada rincón, unas espectaculares vistas al mar. Así, Sara se tuvo que trasladar, junto a sus acompañantes, hasta Lanzarote para que pudiera ser atendida en un hospital. Aunque antes de eso compartió varias instantáneas, en su perfil de Instagram, donde pudimos ver el espectacular paisaje del que ha disfrutado en estos últimos días.

Así es la casa de Jota en la isla de La Graciosa

Y es que La Graciosa es uno de esos paisajes que cada vez vemos menos; una isla con pocas construcciones, respetando la naturaleza y, sobre todo, con una ambiente y una paz que se respira en cada uno de los rincones. La casa donde se alojó Carbonero se encontraba en Pedro Barba, una de las dos pequeñas localidades habitadas de la isla —junto con Caleta de Sebo—. Pedro Barba es un lugar muy tranquilo, casi virgen, con un ambiente absolutamente slow life —lo que ella justamente predica—. Allí apenas hay construcciones y muchas de las casas tienen un estilo discreto, integrándose con el paisaje volcánico y el entorno natural de la isla.

La vivienda de la que se habla en la prensa no es una construcción turística típica ni un hotel, sino una casa privadasituada cerca de la playa, con acceso directo al mar o a pocos pasos de él. Las casas en esa zona suelen tener un estilo sobrio y minimalista, en tonos claros, y que se mimetizan con el ambiente, así como terrazas y porches al aire libre y amplios ventanales para aprovechar la luz del sol en cada uno de los rincones. En publicaciones y redes sociales se ha visto que la estancia de Sara en La Graciosa fue de relax total: paseos por la playa, prácticas de yoga, barbacoas con amigos y momentos de descanso cerca del mar. 

Sara Carbonero estaba disfrutando allí cuando se encontró mal

Según se ha contado fue en La Graciosa donde Sara conoció al que hoy es su pareja, cuando ella viajó con una amiga en 2021 y se alojaron en esa misma casa en Pedro Barba. Desde entonces, la isla ha sido un lugar recurrente para sus vacaciones y reconocimientos de pareja, marcando así un escenario íntimo y personal para ellos. La Graciosa es una isla muy pequeña y natural situada frente a la costa de Lanzarote, con playas vírgenes y muy pocos habitantes permanentes. Es conocida por su tranquilidad y la ausencia de infraestructuras turísticas y sus caminos sin asfaltar aguas claras y sensación de desconexión total. Es por eso que, cada vez que pueden, tanto ella como su pareja se escapan hasta este pequeño rincón del mundo.

La isla de La Graciosa tiene calles de arena fina. | Turismo de Lanzarote

El actual compañero sentimental de Sara Carbonero es José Luis Cabrera, conocido también de forma cariñosa como Jota. Es, además, un empresario canario con un perfil mucho más discreto que el de Sara, alejado de los focos y del mundo del espectáculo. Ha trabajado en el sector financiero, incluido el ámbito bancario. También fue gerente del Patronato de Turismo de Fuerteventura, lo que le dio experiencia en gestión y promoción de destino turístico. Actualmente figura como consejero en una empresa familiar de éxito, vinculada al sector agrícola y exportación de frutas y verduras (el llamado Grupo Bonny), un grupo empresarial con presencia internacional. 

Quién es Jota Cabrera, el novio de la periodista

Sara y José Luis se conocen desde 2021, gracias a Isabel Jiménez, periodista y gran amiga de Sara, que les presentó en un grupo de amigos común durante una estancia en la isla La Graciosa. En ese momento no surgió aún el amor, pero sí una relación de amistad. unque había amistad desde 2021, la relación romántica se consolidó más adelante, comenzando a hacerse pública a comienzos de 2025 y afianzándose con el paso de los meses. En todo este tiempo, Sara y José Luis han compartido vacaciones juntos, tanto en verano como en escapadas familiares, y ha sido inevitable que él conociera a parte del entorno más cercano de la periodista, incluida su familia.  

Sara Carbonero defiende a su novio
Sara Carbonero con su novio por las calles de Madrid, huyendo de la prensa. | Gtres

Aunque los dos son bastante discretos, y Sara ya ha comentado que a su chico no le gustan las cámaras, sí que la pareja ha mostrado gestos de cariño y complicidad en público, aunque mantienen una actitud bastante discreta y reservada sobre su vida privada. A Sara se le ha podido ver feliz y más centrada en su vida personal junto a él, tras varios años marcados por cambios y desafíos. José Luis mantiene su base en Canarias, aunque pasa tiempo también en Madrid y otros lugares, facilitando así la convivencia y la integración con la vida diaria de Sara, que compagina proyectos profesionales con su ritmo familiar. 

Y uno de los sitios a los que siempre vuelve es La Graciosa. La Graciosa es una isla volcánica situada al norte de Lanzarote, separada de ella por apenas 1 km de mar conocido como El Río, en el Archipiélago Chinijo. Con solo unos 29 km² de superficie, es la isla más pequeña y menos poblada entre las que componen Canarias, con cerca de 700 habitantes que viven principalmente de la pesca y del turismo sostenible. Esta solamente tiene dos asentamientos; La Caleta de Sebo, el principal núcleo urbano y corazón de la vida social, con servicios básicos, comercios, restaurantes y el puerto desde donde salen los ferris, y Pedro Barba que es un pequeño asentamiento que actualmente funciona más como zona de residencias y alojamientos turísticos, especialmente durante temporadas de descanso y vacaciones.

La Graciosa, un paraíso terrenal y virgen

De forma general, la vida en La Graciosa es muy tranquila, casi sin carreteras ni tráfico de coches: la mayoría se desplaza caminando o en bicicleta, y el ambiente es pausado y cercano al ritmo del mar y la naturaleza. Además, la isla es famosa por sus playas de arena dorada y aguas claras, muchas de ellas prácticamente vírgenes. Algunas de las más destacadas son la Playa de Las Conchas o de La Cocina. El relieve es principalmente volcánico y llano con suaves colinas, y el punto más alto es Agujas Grandes (266 m), desde donde se contemplan vistas panorámicas del mar y del propio archipiélago. Cabe destacar que la isla ha podido conservarse gracias a que su comunicación no es especialmente fácilmente.

La Graciosa no tiene aeropuerto ni está conectada por carretera con otras islas: la única forma de llegar es en barco desde Órzola (Lanzarote), con un trayecto de aproximadamente 25 minutos. El clima es suave todo el año, típico del clima subtropical de Canarias, con pocas lluvias y temperaturas privilegiadas. Además, forma parte del Parque Natural del Archipiélago Chinijo, una gran área protegida que incluye varias islas y roques cercanos, y también reserva marina, lo que contribuye a la conservación de ecosistemas marinos y terrestres únicos. 

Sin duda alguna, La Graciosa mantiene un ritmo de vida muy diferente al de los destinos turísticos masificados: las calles son de arena, no hay grandes complejos hoteleros y su población vive con un fuerte vínculo con el mar y la naturaleza. Es ideal para quienes buscan desconexión, tranquilidad y autenticidad, sin renunciar a paisajes espectaculares y experiencias sencillas, como paseos por la playa, rutas en bicicleta o noches estrelladas sin contaminación lumínica.

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