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Arguiñano: «Mi nuera es mulata, de Tanzania, y me ilusionaba tener un nieto hecho en Zarauz»

El cocinero nunca ha querido olvidar sus raíces y sus hijos siguen viviendo en esta pequeña localidad costera del País Vasco

Arguiñano: «Mi nuera es mulata, de Tanzania, y me ilusionaba tener un nieto hecho en Zarauz»

Arguiñano, en una imagen de archivo. | Gtres

Karlos Arguiñano siempre se ha mostrado muy orgulloso de sus raíces. Y es que, como ha comentado en más de una ocasión, no cambia nada del mundo por levantarse, cada mañana, en su casa de Zarauz, poder respirar el aire fresco frente al mar y, sobre todo, llevar una rutina tranquila y rodeado de los suyos. Es por eso que ni Arguiñano ni sus planteado hijos se han nunca salir del País Vasco. Es más su trabajo estable y la calidad de vida de la que gozan han hecho que todas sus parejas y sus relaciones más personales se trasladen a este pequeño lugar de Guipúzcoa.

En una entrevista con Diario de Sevilla, el propio Arguiñano quiso dar su visión sobre la vida, apostando por un tipo de cocinado para todos, sin hacer distinción con los niños y, sobre todo, mencionando sus anhelos. «Yo no me veo en la tele y no he visto nunca una serie desde la de Kunta Kinte, cuando le cogí manía a los blancos. Yo tengo una nuera mulata de Tanzania y a mí me hacía ilusión tener un nieto negro, un Arguiñano Jackson. Hecho en Zarauz. Es lo máximo que le puede pasar a un vasco: tener un hijo negro, tuyo, en Zarauz», contó.

El lado más personal de Karlos Arguiñano

Luisi junto a Arguiñano. | Gtres

Sobre sus nietos, lo cierto es que Arguiñano confesó que son «muy guapos, chico y chica, son blancos pero con rasgos negros». «Serán vascos que amen mucho a su tierra. Lo que te hace avanzar es ser natural y no el racismo y esas cosas. Mi nuera quiere llevarlos a Tanzania y yo iré con ellos porque tengo mucho cariño por África», apostilló. Además, admitió que se encuentra en un momento de su vida especialmente «tranquilo», «con mis siete hijos trabajando, con mis negocios yendo bien». «A mí me motiva ahora más, por ejemplo, el comedor social en el que colaboro con Gastón Acurio en Perú. Yo necesito ahora el dinero, como antes, pero para hacer cosas que me hagan sentir bien», añadió.

Además, Arguiñano confesó que cree que ahora, en España, «se consume ahora menos grasa y se controla más el consumo de azúcar». Puso el foco, también, en la repostería industrial. «o entiendo lo de no tomar leche, salvo que no la asimiles. El azúcar, el aceite y la sal hay que medirlos, pero no dejar de tomarlos. Yo me quité de los azucarillos en el café, pero lo importante, que es comer sano, es comer un poco de todo y mucho de nada. Es sencillo. Entre los 18 de mi equipo del programa de Bainet no hay ningún gordo y comemos de todo. Yo no como ultraprocesados y le echo un vistazo a las etiquetas de los tarros», explicó al mencionado diario.

Si de algo está orgulloso, además, Arguiñano es de tener la posibilidad de haber trabajado junto a sus hijos. Su vida es el ejemplo perfecto de éxito basado en el trabajo, el humor y, sobre todo, una piña familiar inquebrantable. Junto a su mujer, María Luisa Luisi Ameztoy, ha construido un imperio en Zarautz (Guipúzcoa) que hoy gestionan sus siete hijos. Luisi es el pilar fundamental. Se casaron en 1974 y, aunque ella siempre ha preferido estar en un segundo plano, ha sido la «capitana» que gestionó las cuentas y el personal del restaurante durante décadas. Superaron juntos momentos muy duros, como la pérdida de sus dos primeros hijos (mellizos), que nacieron muertos a los siete meses de embarazo.

Siete hijos, catorce nietos y todos en Zarauz

Arguiñano tiene siete hijos (cinco varones y dos mujeres). Casi todos trabajan en los negocios familiares (restaurante, hotel, escuela de hostelería Aiala y la bodega K5). Eneko es el primogénito y se encarga de la gestión de la sala y de coordinar el equipo del restaurante en Zarautz. Por su parte, Zigor es el jefe de cocina de restaurante. Aunque estudió mecánica naval, terminó sucumbiendo a los fogones. Txarli puede ser considerado como el «verso suelto», ya que es el único que se dedica a algo totalmente ajeno a la hostelería: es director de fotografía en cine y series —ha trabajado en producciones como El Internado: Las Cumbres—. Martín lleva la parte administrativa y de gestión de los negocios, el papel que antes desempeñaba su madre. Joseba es el más mediático y ha heredado el carisma televisivo de su padre y tiene su propio espacio de repostería. Además, dirige su propia panadería/pastelería en Zarauz.

Amaia junto a Karlos Arguiñano. | Redes sociales

Amaia es ingeniera telemática de formación y, tras años vinculada al mundo de las motos, dirige la bodega K5. María, por su parte, es la hija adoptiva. Arguiñano la conoció en Argentina cuando ella tenía 18 años y trabajaba en su programa. Se integró tanto en la familia que decidieron adoptarla. Hoy trabaja mano a mano con Zigor en la cocina del restaurante. Karlos presume de ser un abuelo muy presente, aunque bromea con que ya se pierde con los nombres. A fecha de enero de 2026, tiene 14 nietos. Siguiendo la tradición vasca, muchos tienen nombres como Uxue, Bittor, Anne, Kemen, Maya, Manex, Yua, Kaia, Aimar, Lore y Pam. Karlos suele decir entre risas que antes los nombres eran más sencillos —como «José Mari»— y que ahora le parece que a sus nietos les ponen «nombres de ríos africanos», aunque está encantado con el revuelo que arman cuando se juntan todos en la casa familiar.

A qué se dedica cada uno de sus hijos

Eneko, el primogénito, es quizás el más reservado de todos. Es el director de sala del restaurante y se define como un hombre que prefiere trabajar «tras bambalinas». En lo personal, es un hombre de familia, muy protector de su intimidad, que disfruta de la vida tranquila en la costa vasca y de las reuniones familiares que su padre organiza en el caserío. Zigor, el segundo, tiene un pasado aventurero: antes de ser jefe de cocina, trabajó en una plataforma petrolífera. Hoy, su vida es mucho más estable; comparte su día a día con su pareja e hijos, y su mayor afición es el deporte y el mar, algo que comparte con sus hermanos.

Txarli (Karlos) es el «rebelde» vocacional, ya que es el único que no trabaja en hostelería. Vive volcado en su carrera como director de fotografía en Madrid, donde ha formado su propio hogar. Es un apasionado de la imagen y el cine, y aunque vive lejos de Zarautz, mantiene una conexión constante con sus raíces. Martín es el encargado de los números y la gestión administrativa. En su vida personal, se describe como un hombre de equipo (jugó al balonmano muchos años) y un «cocinero casero». Está casado y tiene hijas, para quienes asegura que cocina platos sencillos pero con el sello Arguiñano, priorizando siempre la conciliación entre los negocios familiares y su tiempo como padre.

Joseba es el más conocido por su carisma en televisión. Vive en Zarautz con su pareja, Natali Fuentes (de origen colombiano), con quien tiene dos hijos, Manex y Kaia. Joseba es un enamorado del surf y la pesca, aficiones que practica siempre que su labor en el obrador y la televisión se lo permiten. Su relación con Natali es muy sólida; ella llegó al País Vasco con una beca y hoy es una pieza más de la gran familia. Amaia, la hija menor, es la ingeniera del grupo. Pasó siete años recorriendo el mundo en el campeonato de motociclismo encargándose de la telemetría, una vida nómada que cambió hace unos años por la tranquilidad de los viñedos. Ahora dirige la bodega familiar K5 y disfruta de una vida más calmada cerca de la naturaleza, aplicando su mente analítica tanto al trabajo como a su vida privada.

Los hijos de Arguiñano. | Redes sociales

Por su parte, María, nació en Argentina, es la hija adoptiva que llegó a la vida de los Arguiñano a finales de los 90. Tras un proceso de adaptación que reconoce que fue un «cambio terrible» al principio por mudarse a un pueblo tan pequeño, hoy se siente totalmente integrada. María es una mujer apasionada de la repostería y la cocina, que vive por y para su familia «de elección». Se siente una hermana más a todos los efectos y su vida personal gira en torno a la piña que forma con sus seis hermanos, con quienes trabaja y comparte su tiempo libre.

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