Manuel, el hijo-artista de Concha Velasco que no la olvida: «Nunca heredaré su talento»
El primogénito de la reconocida actriz ha intentado seguir con su legado, interesándose por el mundo de la interpretación

Concha Velasco junto a su hijo Manuel y Antonio Resines. | Gtres
Concha Velasco murió hace más de dos años tras una prolífica carrera en el mundo de la interpretación. La actriz se convirtió en uno de los rostros más conocidos de nuestro país atesorando una importantísima trayectoria. En vida, no solamente dejó un gran legado cultural sino que, también, sembró, en sus hijos, ese interés por el mundo artístico. Especialmente en Manuel, quien se convirtió en uno de los portavoces más importantes de su madre y que, con el tiempo, se ha erigido como aquella persona que encarne infinidad de cualidades de la ‘chica Yé-yé’.
Concha fue una de las artistas más completas y queridas de la historia de España, cuya carrera abarcó más de seis décadas de éxito ininterrumpido. Nacida en Valladolid en 1939, comenzó su formación en danza clásica y española, lo que le permitió debutar en el cine con apenas 15 años. Su carisma natural y su versatilidad la convirtieron rápidamente en un icono de la comedia española de los años 60, aunque pronto demostró que su talento trascendía el género ligero, evolucionando hacia papeles de una profundidad dramática que la consagraron como una actriz total.
La trayectoria de Concha Velasco, una actriz 360

En el cine, su filmografía es inabarcable, destacando títulos que forman parte del imaginario colectivo como Las chicas de la Cruz Roja o La verbena de la Paloma. Sin embargo, fue en el teatro donde Concha encontró su verdadera libertad y donde se ganó el respeto absoluto de la crítica. Interpretó con maestría desde clásicos de la escena como Filomena Marturano hasta personajes históricos complejos como Santa Teresa de Jesús en la inolvidable serie de televisión. Su capacidad para cantar, bailar y actuar simultáneamente la convirtió en la gran dama del musical español, con éxitos rotundos como Mamá, quiero ser artista.
Su vida personal estuvo marcada por su intensa relación con el productor Paco Marsó, con quien estuvo casada casi treinta años. Fue una unión llena de luces y sombras, donde el amor se entrelazó con graves dificultades económicas derivadas de las deudas de producción y la ludopatía de Marsó. A pesar de los problemas, Concha siempre mostró una lealtad inquebrantable y una elegancia pública admirable, trabajando incansablemente hasta una edad muy avanzada para sanear las cuentas familiares, demostrando una resiliencia y una ética del trabajo que despertaron la devoción de sus compañeros y del público.
Concha Velasco fue también una pionera en la televisión española, donde ejerció como presentadora de programas de variedades y grandes galas, dotando a la pequeña pantalla de una naturalidad y una cercanía únicas. Su etapa al frente de Cine de barrio la mantuvo conectada con su audiencia más fiel durante años, permitiéndole reivindicar el cine español de todas las épocas. Para ella, el escenario no era solo un trabajo, sino una forma de vida; solía decir que «el público es mi familia», una frase que reflejaba la simbiosis perfecta que mantuvo con sus seguidores hasta el final de sus días.
En sus últimos años, la actriz enfrentó sus problemas de salud con la misma valentía y transparencia con la que vivió siempre. En 2021, tras una función en Logroño, anunció su retirada definitiva de los escenarios por recomendación de sus hijos, Manuel y Paco, quienes fueron sus grandes apoyos. Su traslado a una residencia de mayores en Madrid fue gestionado con una naturalidad ejemplar, convirtiéndose en un lugar de peregrinación para amigos de la profesión y periodistas, donde Concha seguía derrochando alegría y lucidez a pesar de su fragilidad física.
Su fallecimiento en diciembre de 2023 provocó una de las mayores muestras de duelo popular en la historia reciente de España. Concha Velasco se fue dejando un legado de más de cien películas, decenas de obras de teatro y el reconocimiento de todos los premios posibles, incluido el Goya de Honor. Más allá de sus galardones, su verdadero triunfo fue ser una mujer que supo envejecer con dignidad ante las cámaras, convirtiéndose en la abuela de toda una nación que aún hoy la recuerda como un símbolo de alegría, esfuerzo y amor por el espectáculo.
Manuel, su hijo mayor que no la olvida
Manuel, su hijo mayor, es una de las figuras más respetadas y discretas del panorama cultural español. Nacido en 1976, creció en el seno de una familia donde el arte lo inundaba todo, pero siempre mantuvo una personalidad propia, alejada del deseo de protagonismo frente a las cámaras. Manuel es fruto de la relación de la actriz con el director de fotografía Fernando Arribas, aunque fue Paco Marsó quien le dio su apellido y lo crió como hijo propio. Esta verdad biográfica, que Concha guardó con celo durante décadas, fue revelada por ella misma con naturalidad años más tarde, subrayando el vínculo inquebrantable que siempre ha unido a madre e hijo.
A nivel profesional, Manuel ha desarrollado una sólida carrera como director, guionista y escritor. Estudió en la prestigiosa Escuela de Cinematografía y del Audiovisual de la Comunidad de Madrid (ECAM), especializándose en Guion. A diferencia de su madre, él prefirió el control que otorga estar detrás de la escena. Ha dirigido largometrajes como la cinta de terror Vampyres y ha escrito numerosas obras de teatro, muchas de las cuales fueron protagonizadas por la propia Concha, como El funeral o La habitación de María. Esta colaboración profesional no solo fue un éxito de taquilla, sino que permitió a Manuel cuidar de su madre en sus últimos años de gira, adaptando los textos a sus necesidades.

La figura de Manuel adquirió una dimensión pública mucho mayor durante la última etapa de vida de Concha Velasco. Fue él quien asumió el papel de portavoz oficial de la familia, gestionando con una elegancia y educación exquisitas el interés mediático por la salud de la actriz. Con una paciencia infinita, Manuel atendía diariamente a los periodistas a las puertas de la residencia, informando sobre la evolución de su madre con una transparencia que evitaba rumores y protegía, al mismo tiempo, la dignidad de la artista. Su gestión de la comunicación durante esos meses fue aplaudida unánimemente por la profesión, convirtiéndose en el «hijo que toda España quería tener».
No quiere ser «el hijo de»
Además de su labor en el cine y el teatro, Manuel es un apasionado de la literatura y el mundo del cómic. Ha publicado novelas como Cosas que no debes hacer antes de casarte y es un colaborador habitual en medios de comunicación y coloquios cinematográficos. Su perfil es el de un intelectual con un sentido del humor fino y una cultura enciclopédica, alguien que disfruta analizando el séptimo arte tanto como creándolo. Esta faceta multidisciplinar le ha permitido navegar por la industria con nombre propio, sin ser simplemente «el hijo de», algo que consiguió gracias a su talento y a una ética de trabajo heredada de sus padres.

En lo personal, Manuel se define como un hombre sencillo, hogareño y profundamente leal a los suyos. El fallecimiento de Concha en diciembre de 2023 fue un golpe durísimo para él, ya que su relación trascendía lo maternofilial para convertirse en una amistad profunda y de admiración mutua. Manuel fue quien sostuvo la mano de la actriz hasta el último aliento y quien, con gran entereza, lideró los actos de despedida en el teatro La Latina y en Valladolid. Su dolor, compartido por todo un país, fue llevado con la misma discreción que ha marcado toda su existencia, centrándose en honrar el legado de su madre a través del trabajo y el recuerdo.
Actualmente, en este 2026, Manuel continúa volcado en sus proyectos creativos y en la preservación de la memoria artística de Concha Velasco. Sigue trabajando en guiones de cine y teatro, y se encarga de gestionar el inmenso archivo personal de la actriz para posibles exposiciones o biografías oficiales. Manuel Martínez Velasco representa hoy la continuidad de una estirpe de artistas, pero desde un lugar de madurez y serenidad, demostrando que se puede ser hijo de una leyenda manteniendo los pies en la tierra y la mirada puesta en la creación propia.
