Arguiñano: «Para controlar la báscula ando 10 kilómetros, sin auriculares; ya lo he oído todo»
El cocinero lleva un día a día muy rutinario en la localidad vasca de Zarauz, donde tiene su negocio y vive su familia

Arguiñano, en una imagen de archivo. | EP
Karlos Arguiñano lleva una vida ordenada. El cocinero, en todo este tiempo, ha sabido reinventarse y, también, llevar una rutina alejada de los malos hábitos y, sobre todo, en los que ha aprendido a cuidarse. Y es que ser cocinero, compaginar su vida personal con la profesional y, sobre todo, someterse a tantas horas de grabación no siempre es fácil. Es por eso que Arguiñano también guarda unos minutos de su día a día para hacer un poco de deporte y, sobre todo, moverse. Así lo contó en una entrevista en el Diario de Sevilla, donde confesó que hace para controlar la báscula.
«Hago diez kilómetros andando todos los días, hora y media, sin auriculares, que yo ya lo he escuchado todo, haga el tiempo que haga. Por la mañana o por la tarde, porque grabo todos los días, el día antes, pegados a las noticias. Habré contado ya unos 10.000 chistes. Y me queda alguno. Por eso me gustar ir a Cádiz», contó, el chef. Algo que combina con su pasión con la gastronomía y, sobre todo, con su presencia en la productora, donde tiene un papel fundamental.
Cómo controla la báscula Karlos Arguiñano

A sus 77 años, Karlos Arguiñano se ha convertido en el mejor embajador de lo que él mismo denomina una «vejez con fundamento». Su envidiable estado físico y su agilidad mental no son fruto de fórmulas mágicas ni de tratamientos sofisticados, sino de una disciplina férrea basada en el sentido común y en una filosofía que resume en tres siglas sagradas: CLM (Comer La Mitad). Este método, que pregona con humor pero con total convicción, consiste en no saciarse nunca del todo y mantener un peso estable para no castigar las articulaciones ni el corazón.
La base de su cuidado personal reside en la dieta mediterránea de mercado, sin ultraprocesados y con un protagonismo absoluto de la huerta. Arguiñano huye de las dietas restrictivas o de moda; su secreto es desayunar fuerte, comer de forma variada —dando prioridad a la legumbre, el pescado y la verdura de temporada— y cenar de manera muy ligera y temprana. Además, es un firme defensor del «toque de aceite de oliva» y de evitar el exceso de sal, sustituyéndola por hierbas aromáticas y perejil, su seña de identidad, que aporta una dosis extra de vitamina C y hierro a sus platos.
Una rutina equilibrada y las caminatas por Zarauz
El ejercicio físico es el otro gran pilar que sostiene su vitalidad. Karlos es un caminante incansable: tiene el hábito innegociable de caminar entre 10 y 15 kilómetros diarios por el entorno de Zarauz, llueva o haga sol. Este ejercicio aeróbico de bajo impacto le permite mantener el tono muscular y la salud cardiovascular sin el riesgo de lesiones que conllevan otros deportes más agresivos a su edad. Además, el hecho de realizar esta actividad al aire libre, junto al mar Cantábrico, le ayuda a despejar la mente y gestionar el estrés de grabar casi un programa diario durante décadas.
Por último, Arguiñano cuida con especial mimo su salud mental y emocional, algo que considera clave para envejecer bien. Su optimismo patológico y su capacidad para reírse de sí mismo son sus mejores antídotos contra el envejecimiento. Se rodea de su familia, trabaja con sus hijos y mantiene una vida social activa en su pueblo, lo que le permite mantenerse conectado con la realidad. Para él, el secreto de su eterna juventud es sencillo: dormir bien, caminar mucho, comer con medida y, sobre todo, no perder nunca las ganas de contar un chiste.
El día a día de Karlos Arguiñano es un ejemplo de rutina militar camuflada de buen humor. A sus 77 años, mantiene una estructura diaria muy fija que le permite compaginar sus múltiples empresas con su programa de televisión y su vida familiar en Zarautz. Karlos es un hombre de mañanas. Se levanta muy temprano, generalmente alrededor de las 6:30 o 7:00. Tras esto, toma un pequeño desayuno y realiza sus caminatas. Estas suelen darse por la playa o por los senderos que van hacia el monte, aprovechando que a esa hora hay poca gente y puede «limpiar los pulmones» con el salitre del Cantábrico. Dice que es ahí donde se le ocurren los chistes y las reflexiones que luego suelta en la tele.
Un trabajo que le mantiene ocupado
Sobre las 10:00 de la mañana, llega a su plató, que está muy cerca de su casa y de su hotel-restaurante. Arguiñano no graba un programa al día; su capacidad de trabajo es asombrosa. Suele grabar tres programas seguidos en una mañana. Es extremadamente eficiente: entra a cocina, se pone el delantal y apenas corta la grabación. Todo lo que ves en la tele es prácticamente un «directo» grabado; de ahí que su naturalidad sea real. A las 14:00 suele haber terminado su jornada laboral frente a las cámaras. La comida es el momento sagrado de reunión. Suele comer en su restaurante o en casa con su mujer, Luisi, y a menudo con alguno de sus hijos que trabajan en el negocio familiar. Tras la comida, dedica la primera parte de la tarde a Bainet, su productora. Supervisa guiones, libros, proyectos cinematográficos o la gestión de sus empresas de pelota vasca.

No es un jefe de oficina; le gusta estar presente, pasarse por la escuela de cocina AIALA y ver cómo van los alumnos. Si el tiempo lo permite, una de sus grandes pasiones es su huerta. Le encanta ensuciarse las manos, plantar sus propias lechugas, tomates y, por supuesto, su famoso perejil. Es su forma de desconectar del ruido empresarial. También suele dedicar tiempo a su bodega, donde produce su txakoli K5. Arguiñano es un firme defensor de cenar de forma escueta. Es más, su última comida del día especialmente escueta, es decir, una crema verduras, un poco de pescado a la plancha o algo de fruta y, además, lo hace muy temprano; siguiendo el horario europeo. Esto le permite tener una digestión fácil y estar en la cama alrededor de las 22:30 o 23:00, asegurándose las horas de sueño necesarias para volver a empezar al día siguiente con la misma energía.
