La infancia libre de Mario Vaquerizo en un barrio obrero de Madrid: «Quería ser como las niñas»
El cantante de las Nancys rubias vivió unos primeros años de vida marcados por una familia que le dejó vivir en libertad

Mario Vaquerizo junto a Almeida. | Gtres
Mario Vaquerizo siempre tuvo muy claro qué y quién sería ser. Probablemente, esta definición de su persona y, también, de su personalidad, se fue formando gracias a la libertad que le dieron sus padres en los primeros años de su vida. Así, su infancia fue la de un chico libre al que le dejaron definirse, sin tabúes ni restricciones. Una culpa que, sin duda, tuvieron sus padres, Ángel y Ángeles, quienes siempre decidieron que sus tres hijos podían seguir su camino, sin reproches ni contradicciones.
Han sido varias las ocasiones en las que Mario se ha pronunciado sobre cómo fue su infancia. «Yo de pequeño no quería jugar al fútbol, yo quería ser como las niñas. Me gustaban sus juegos, su estética y su forma de estar en el mundo. Mis padres, que eran gente muy abierta, nunca me lo prohibieron», contó, en una ocasión, desligándose, así, de lo que por aquel entonces se atribuía al género masculino. Su infancia, como él mismo ha relatado, fue «de diez» porque sus padres le «dejaron ser quien yo quería ser». «Nunca me juzgaron por ser un niño más sensible o por gustarme las cosas que no eran ‘de chicos’. En mi casa siempre hubo mucha cultura, mucha música y, sobre todo, mucho respeto. Eso es lo que me ha hecho el hombre libre que soy hoy», explicó.
La infancia de Mario Vaquerizo en Vicálvaro
Parte de esa personalidad también tiene mucho que ver el barrio madrileño en el que se crio, el de Vicálvaro. «Mi infancia fue jugar en la calle, ir al colegio público y tener amigos que todavía conservo. No necesito grandes lujos porque vengo de una familia currante», ha explicado. Aunque su infancia fue feliz, la vida de Mario está marcada por la pérdida de su hermano mayor, Ángel, en un accidente de tráfico en 2004. Al hablar de su infancia, Ángel siempre aparece como su referente: «Mi hermano era mi guía. En nuestra infancia él era el deportista, el guapo, el que me protegía. Recordar mi niñez es recordarlo a él corriendo por el barrio».
Así, lejos de la imagen de rebeldía o conflicto que algunos podrían asociar a su estética actual, Mario describe sus primeros años en el Madrid de los años 70 y 80 como una etapa de absoluta plenitud, afecto y una libertad que, para la época, resultaba casi vanguardista. Nació a mediados de los años 70 y, como ya hemos comentado, creció en el barrio madrileño de Vicálvaro. Su infancia estuvo marcada por un entorno de clase media trabajadora, liderado por sus padres, Ángel y Ángeles. Según el propio Mario, su mayor fortuna fue nacer en una casa donde la comunicación era fluida y el juicio inexistente.
«Yo de pequeño no quería jugar al fútbol, yo quería ser como las niñas»
A diferencia de otros artistas que narran infancias traumáticas por sentirse diferentes, él siempre subraya que fue un niño profundamente deseado y querido. Esa seguridad emocional le permitió explorar su personalidad sin miedos, sintiéndose «el rey de su casa» junto a sus hermanos, Ángel y Marta. En varias ocasiones, Mario ha querido recordar que no siempre sus gustos encajaban con lo tradicional. Mientras otros niños pasaban la tarde en el balón, él prefería las revistas de moda, los catálogos de juguetes y, sobre todo, el universo de las mujeres. Sus padres, en un ejercicio de modernidad admirable para la época, nunca reprimieron sus gustos ni lo forzaron a encajar en actividades que no le interesaban.
Pese a su imagen actual de estrella del rock desenfadada, el Mario niño era sumamente responsable y aplicado. Estudió en un colegio de curas y siempre fue un alumno brillante, disciplinado y con una gran capacidad de trabajo. Él mismo se define como un niño con alma de «maruja», en el sentido más tierno del término: le encantaba observar las conversaciones de las mujeres de su familia, ir a la compra, escuchar la radio y empaparse de la cultura popular. Esa curiosidad por lo cotidiano y por las divas —desde Sara Montiel hasta las estrellas de Hollywood— fue lo que más tarde lo llevó a estudiar Periodismo.
Unos primeros años de vida que marca su presente
Mario se formó en Comjunicación en la Universidad Complutense. Comenzó trabajando en discográficas como Subterfuge y fundó su propia agencia de representación (Olga y Mario). Durante años fue el mánager de artistas como Elsa Pataky, Leonor Watling o la propia Alaska. Su relación con la mítica cantante de La Movida lo puso en el radar del gran público a finales de los 90. Sin embargo, para la mayoría, él era simplemente «el marido de Alaska». El verdadero salto a la fama masiva llegó con el docu-reality de MTV. España descubrió a un personaje auténtico, divertido, con un lenguaje propio y una energía inagotable. A partir de ahí, se convirtió en un colaborador imprescindible en programas como El hormiguero y en un icono publicitario.
En 2026, Mario sigue siendo un trabajador incansable que diversifica su carrera en múltiples facetas. Sigue liderando su grupo, Las Nancys rubias, con el que recorre España cada verano en giras multitudinarias. Su objetivo sigue siendo el mismo: el entretenimiento puro y el mamarracheo sofisticado. Ademas, ha consolidado su faceta televisiva y sigue siendo uno de los invitados y colaboradores más cotizados de la televisión española por su capacidad para generar audiencias. Sí que es cierto que, en los últimos tiempos, se ha tenido que enfrentar a distintos problemas de salud.
En octubre de 2024, sufrió una caída grave desde un escenario en Cáceres que le provocó fracturas en las vértebras y una pérdida temporal de visión. Tras meses de intensa rehabilitación y un susto que él mismo calificó como «un aviso de la vida», Mario ha vuelto a los escenarios. Su recuperación ha sido seguida con mucho cariño por el público, y él ha aprovechado para concienciar sobre la importancia de la salud y el autocuidado, aunque sin perder su habitual sentido del humor.
Su relación con Alaska sigue siendo una de las más estables y admiradas del panorama nacional. Viven en sus ya icónicas casas de colores cerca de la Gran Vía de Madrid, rodeados de su colección de arte, libros y discos. Han demostrado que su unión va más allá de lo profesional, siendo el apoyo fundamental el uno del otro, especialmente durante el proceso de recuperación de Mario este último año.
