El patrimonio que hace sonreír a Manolo García: vende cuadros en Barcelona y sus derechos de autor
El reconocido cantante siempre ha mantenido una vida personal alejada del foco y, sobre todo, muy austera

Manolo García, en una imagen de archivo. | Gtres
Manolo García es uno de los rostros más conocidos de nuestro país. El cantante puede presumir de tener una larga trayectoria en su haber que ha hecho que se convierta en un artista coherente y libre dentro de la industria musical española. Su trayectoria es un viaje desde la periferia obrera de Barcelona hasta la cima del rock con tintes mediterráneos y surrealistas. Su experiencia también ha hecho que el intérprete goce de un gran momento profesional, marcado por una buena estabilidad económica que ha ido enriqueciendo su patrimonio.
Manolo es hijo de inmigrantes albaceteños que se asentaron en el barrio del Poblenou, en una Barcelona industrial. Ese origen humilde marcó su ética de trabajo. Antes de ser músico, trabajó en una carpintería y como diseñador gráfico. Su formación artística empezó en las artes plásticas, una pasión que nunca ha abandonado —es un prolífico pintor y escultor—. Antes del éxito masivo, Manolo curtió su voz y su estilo en bandas que hoy son de culto como Los Rápidos —donde compartió escena junto a Esteban Hirschfeld, practicaban un rock con influencias de la new wave— o Los Burros, donde se unió a su pareja artística definitiva, Quimi Portet. Aunque el grupo no tuvo éxito comercial inmediato, de ahí nacieron joyas como Huesos.
Manolo García y su lado más allá de la música

Junto a Quimi Portet, formó una de las bandas más influyentes de la historia de España. Su estilo fue una mezcla inédita de pop-rock, guitarras españolas y letras cargadas de una poesía surrealista y bucólica. Discos como Astronomía razonable o Enemigos de lo ajeno los convirtieron en un fenómeno de ventas y estadios. En 1998, en la cima de su éxito, decidieron separarse amistosamente. Manolo quería explorar un camino más personal y Quimi deseaba la libertad de cantar en catalán y experimentar. Desde su debut con Arena en los bolsillos (1998), Manolo ha mantenido una carrera caracterizada por la independencia y el activismo y el ecologismo. En 2022 publicó dos discos simultáneos (Mi vida en Marte y Desatinos desplumados) y realizó una gira de teatros y recintos grandes que se extendió hasta finales de 2024, demostrando una vitalidad asombrosa cerca de los 70 años.
Manolo García es famoso por su extrema discreción. En varias ocasiones ha reconocido que no tuvo teléfono móvil hasta pasado un tiempo y que siempre ha preferido el contacto humano y epistolar. Además, ha expuesto su obra pictórica en numerosas galerías. Para él, la pintura es una forma de meditación, igual de importante que la música. Vive de manera austera, alejado del lujo de las grandes estrellas. Su refugio suele ser el campo o su estudio de pintura. Si hablamos de su patrimonio, nos tenemos que adentrar en la biografía de una persona que siempre ha tratado su vida personal y profesional con toda la discreción posible.
Sus prolíficos derechos de autor
A diferencia de otras grandes estrellas del rock español, García ha construido un holding personal basado en la propiedad de sus obras, una gestión austera de sus recursos y una diversificación hacia el mundo del arte y el sector inmobiliario. El activo más valioso de Manolo García no son sus inmuebles, sino sus derechos de autor y másteres. Tras la disolución de El último de la fila, Manolo tomó una decisión estratégica inusual en la época: poseer el control total de sus grabaciones. A través de su propia estructura —vinculada históricamente a sociedades como Perro Records—, el artista percibe la mayor parte de los beneficios de sus ventas y reproducciones.
Con más de 10 millones de discos vendidos a lo largo de su carrera —sumando su etapa con Quimi Portet y su trayectoria en solitario—, los royalties que genera su catálogo son masivos y constantes, especialmente de himnos como Pájaros de Barro o Insurrección. Manolo García ha canalizado sus ingresos a través de sociedades sólidas que reflejan su filosofía de “hormiga”: ahorrar en los momentos de bonanza para asegurar la libertad creativa. Su patrimonio incluye varias propiedades estratégicas. Destaca su estudio de grabación y pintura en Barcelona —una antigua nave industrial reformada que funciona como centro neurálgico de su creatividad— y su refugio en la zona del Empordà (Gerona). Esta última propiedad no es solo una vivienda, sino una extensión de su amor por la naturaleza, con terrenos que mantiene de forma ecológica.
No gasta
Sus empresas —como Pabellón de Versalles SL— presentan balances saneados. Estas sociedades no solo gestionan su actividad musical, sino que también actúan como tenedoras de activos inmobiliarios y gestionan la organización de sus giras, evitando intermediarios innecesarios. Un aspecto a menudo ignorado de su patrimonio es su colección de arte propio. Manolo García es un pintor prolífico con cientos de óleos y dibujos. Sus cuadros se venden en galerías especializadas y ferias de arte. Aunque él afirma pintar «por necesidad vital», su cotización como artista plástico ha subido de forma sostenida, convirtiendo su stock de obra en un activo tangible de gran valor.
El verdadero secreto de su patrimonio no es cuánto gana, sino cuánto no gasta. Fiel a sus letras, Manolo practica una vida alejada del lujo ostentoso. No posee coches de alta gama, no utiliza tecnología de última generación de forma compulsiva y sus gastos personales son mínimos en comparación con su nivel de ingresos. Esta austeridad le ha permitido reinvertir siempre en la calidad de sus giras, donde no escatima en músicos y escenografía.
Pinta y vende sus propios cuadros entre Barcelona y Gerona
Como decíamos, aunque nació y tiene su centro de operaciones en Barcelona, sí que es cierto que pasa mucho tiempo en la zona del Empordá, en Gerona. Allí posee una casa que es, en realidad, un taller de artista. En este entorno practica una vida de corte neo-rural. Se sabe que le gusta la jardinería, el cuidado de sus propios olivos y el contacto con la tierra. Este retiro no es un lugar de lujo para mostrar en revistas, sino un espacio de silencio donde se levanta temprano para pintar o escribir, lejos del asfalto de la gran ciudad. Se sabe que valora la estabilidad y que mantiene un círculo de amigos que data de su época de juventud en el Poblenou.
Para él, la familia es sagrada. Siempre ha mantenido a sus allegados fuera del foco público para proteger su normalidad. Esta coherencia ha hecho que la prensa del corazón, por lo general, ni siquiera intente perseguirlo. El hilo conductor de su vida, en muchas ocasiones, es el arte y, sobre todo, la pintura. Para él, no es un hobby, es una necesidad vital que ocupa gran parte de su día a día personal. Pinta desde que era un niño y, según sus propias palabras, la pintura le ofrece una paz que la música (más ruidosa y social) a veces le quita. Sus cuadros, llenos de animales y elementos oníricos, son el verdadero espejo de su mundo interior.
