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Los duros años del chef Carlos Maldonado en Talavera: «De niño tuve un rumbo difuso; era el típico chico malote»

El cocinero, que nunca ha olvidado sus raíces, ha sido el primer ganador de ‘MasterChef’ en ganar una estrella Michelin

Los duros años del chef Carlos Maldonado en Talavera: «De niño tuve un rumbo difuso; era el típico chico malote»

Carlos Maldonado, en una imagen de archivo. | Gtres

Carlos Maldonado, hoy en día, es uno de los rostros más conocidos de la gastronomía patria. Fue hace unos años cuando se hizo con el primer puesto en uno de los talent shows culinarios más conocidos de nuestro país; MasterChef. Y, a partir de ese momento, el cocinero no ha parado de crecer, tanto personal como profesionalmente. Uno de sus primeros proyectos, tras salir del concurso, fue la apertura de Raíces, su restaurante más especial que abrió sus puertas en Talavera de la Reina, la ciudad de Toledo que le vio crecer y donde se desarrolló como un chico que no fue muy bueno en los estudios pero que contó con el apoyo de sus padres.

Maldonado nació a principios de los años 90 en Toledo. Se crio en una familia muy modesta y unida. Es más, su padre era vendedor ambulante y se recorría distintos pueblos de la comarca vendiendo jamones y quesos en una furgoneta. Desde muy pequeño, Carlos acompañó a su progenitor en la «ruta», aprendiendo el arte de la venta, el trato con la gente y el valor del esfuerzo físico. Él mismo se define como un «vendedor ambulante con alma de cocinero» y recuerda con mucho cariño las comidas familiares a base de legumbres y platos sencillos pero rotundos.

La infancia del chef Carlos Maldonado en Talavera de la Reina

Con esta misma actitud fue con la que se presentó a MasterChef donde encandiló al público y al jurado con su esencia desenfadada y sus mezclas originales. Lo cierto es que ese carácter distinto y rebelde de Maldonado se fue formando con el paso del tiempo. No fue un niño fácil en el colegio. Es más, él mismo ha reconocido, en más de una ocasión, que fue un pésimo estudiante y un «golfo». Evidentemente, en el buen sentido de la palabra. Su madre cuenta que de bebé parecía un «gremlin» y que siempre fue un «trasto» que se metía en todos los líos posibles. Durante su adolescencia probó de todo: fue vigilante de seguridad, monitor de CrossFit, socorrista e incluso profesor de equitación. Su padre le llamaba el «cataguisaos» porque empezaba mil cosas y no terminaba ninguna; no encontraba nada que realmente le apasionara.

A los 14 años, un suceso marcó un antes y un después en su carácter: tuvo un accidente de moto muy grave tras saltarse un ceda el paso. Aquel golpe de realidad le hizo bajar revoluciones. Aunque siguió siendo un chico rebelde, empezó a ser más consciente de las consecuencias de sus actos y del valor de la vida. Curiosamente, la cocina no fue una vocación temprana de «niño que cocina con su abuela». Llegó por necesidad y casualidad. Al no querer estudiar y deambular de trabajo en trabajo, su madre, harta de verle sin rumbo, fue quien decidió apuntarle al casting de MasterChef 3.

«La ESO no la saqué yo, la sacamos entre los tres»

Antes de eso, su contacto con los fogones era básico, pero el programa despertó en él una disciplina y una pasión que nunca había sentido por nada. Como él dice: «La cocina me hizo sentir útil y valorado por primera vez». Carlos siempre lleva a su ciudad, Talavera de la Reina, por bandera. Su infancia en el parque, junto al río Tajo y rodeado de la famosa cerámica talaverana, es lo que hoy inspira cada plato de su restaurante Raíces. Han sido varias las ocasiones en las que Carlos ha hablado sobre cómo fueron esos primeros años de vida. Ha reconocido que no fue un alumno ejemplar. «La ESO no la saqué yo, la sacamos entre los tres [sus padres y él], a medias. Se lo debo a ellos», explicó.

Su camino en la vida siempre ha estado marcado por un «rumbo difuso» y era el típico «chico malote», por lo que, a los 12 o 13 años, decidió ponerse unos pendientes, en un claro acto de rebeldía. Como él mismo cuenta sigue siendo «El Maldo». «Siempre he sido alguien inquieto y creativo», ha relatado. Sus inicios en cocina no fueron una vocación temprana, sino que fue aprendido con el paso del tiempo y con la idea de ir sobreviviendo. «Me metí en este lío [MasterChef] porque mi madre se empeñó. Para que no me diera la brasa eché la instancia, convencido de que no me iban a llamar», explicó en el concurso.

Su meteórica carrera en el mundo de la gastronomía

La carrera de Carlos Maldonado es, probablemente, la más fulgurante y auténtica que ha dado la televisión en España. No solo es el primer concursante de MasterChef en el mundo en conseguir una estrella Michelin, sino que lo ha hecho convirtiendo su restaurante en un manifiesto de amor a sus orígenes. Tras ganar MasterChef 3 (2015), Carlos no se conformó con la fama efímera. Invirtió su premio en el Basque Culinary Center, donde pasó de ser un cocinero intuitivo a un técnico brillante. Además, como buen herederoo de la venta ambulante, recorrió España con su furgoneta, manteniendo ese espíritu en el que se había criado.

Abrió su restaurante en Talavera con una propuesta de «cocina gamberra» que pronto evolucionó hacia la alta gastronomía. En 2020 llegó la histórica estrella Michelin, a la que se sumaron dos soles Repsol. Su unión con Talavera no es solo ubicación, es identidad. El nombre de su restaurante, Raíces, es literal. Para su vajilla usa cerámica de Talavera —que es Patrimonio Inmaterial de la Humanidad— y que ha sido diseñada, específicamente para sus platos—. Algunos incluso tienen las huellas dactilares de su hijo impresas en el barro. Su menú es, sin duda, un viaje por el Tajo, la caza de los montes de Toledo y la huerta de la zona, pero aplicando una cierta técnica que hacen que sea un acierto asegurado.

Para Carlos, Talavera no es solo un lugar donde ganar dinero, es un lugar donde devolver lo recibido. Ha creado su restaurante-escuela Semillas, su proyecto más personal; una escuela de hostelería para jóvenes en riesgo de exclusión social. Allí, aprenden el oficio y ofrecen menús del día de muy buena calidad a precios populares. Ha logrado que el 90% de sus alumnos encuentren trabajo, convirtiéndose en un motor real de cambio para la juventud talaverana. Además de la alta cocina, Carlos ha triunfado con su marca de hamburguesas, El Círculo, inspirada en el Infierno de Dante. Es su forma de mantener los pies en la tierra y ofrecer una cocina «para todos», fiel a ese niño que vendía jamones con su padre.

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