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Albert Serra, más allá del director: una vida ligada a su pueblo de Gerona y enfocado en su trabajo

El director está nominado a mejor dirección por ‘Tardes de soledad’ en los premios Goya que se celebran en Barcelona

Albert Serra, más allá del director: una vida ligada a su pueblo de Gerona y enfocado en su trabajo

Albert Sierra, en una imagen de archivo. | Gtres

Albert Serra está viviendo uno de los momentos más felices de su vida. El director está nominado a mejor dirección por Tardes de soledad. Nacido en Bañolas (Gerona) en 1975, Serra no es solo un director de cine; es una figura cultural divisiva que ha construido su carrera sobre la base de una libertad creativa radical y un desprecio olímpico por las convenciones de la industria.

Su irrupción en el panorama internacional ocurrió en 2006 con Honor de cavalleria. En lugar de adaptar la novela de Cervantes de forma académica, Serra filmó a un Quijote y un Sancho —interpretados por amigos de su pueblo— deambulando por el campo, descansando y hablando de nimiedades. Fue un choque para la crítica: un cine de la espera, del silencio y de una belleza naturalista extrema que lo situó inmediatamente en el radar del Festival de Cannes.

Quién es Albert Serra, el director nominado a los Goya

Continuó esta senda con El cant dels ocells (2008), una relectura en blanco y negro del viaje de los Reyes Magos, despojándolos de cualquier halo épico para convertirlos en figuras errantes y vulnerables. A medida que ha ido pasando el tiempo, Serra ha ido produciendo y creando distintos largometrajes que le han convertido en uno de los rostros más importantes del cine. Història de la meva mort vio la luz en 2013. En esta obra, que le valió el Leopardo de Oro en Locarno, hace colisionar la luz de la Ilustración (encarnada en Casanova) con la oscuridad del Romanticismo (Drácula). Es una película sensorial, visceral y llena de fluidos.

La muerte de Luis XIV ha sido, probablemente, su obra más redonda y accesible. Encerró a la leyenda de la Nouvelle Vague, Jean-Pierre Léaud, en una cama para filmar la agonía real del Rey Sol. Es un estudio sobre el cuerpo, el protocolo y la desaparición de un mundo. Su última gran victoria crítica ha sido Pacifiction. Ambientada en Tahití, es un thriller tropical hipnótico sobre la paranoia nuclear y la diplomacia colonial. Con ella, Serra demostró que puede manejar una estética más saturada y magnética sin perder su esencia críptica.

Su forma de trabajar es legendaria y, para muchos, una pesadilla. No utiliza guiones convencionales; prefiere rodar con tres cámaras digitales simultáneamente, acumulando cientos de horas de material bruto. Su relación con los actores es de tortura psicológica amable: busca confundirlos, cansarlos o irritarlos para que abandonen sus técnicas de interpretación y revelen algo real o inesperado ante la cámara. De ahí su famosa frase de que los actores deben ser objetos al servicio del director.

Nominado a los Goya y una vida ligada a Gerona

Serra es un maestro de la performance fuera de la pantalla. Sus entrevistas son un despliegue de arrogancia cultivada, humor negro y ataques a la mediocridad. Se define a sí mismo como un aristócrata del cine, alguien que no trabaja para el espectador, sino para la Excelencia —con mayúscula—. Esta pose de dandi provocador le ha servido para proteger su independencia absoluta: nadie le dice a Albert Serra cómo debe ser su próxima película.

Serra no ha querido abandonar su lugar natal y sigue residiendo en Gerona. Su vida social y profesional está ligada a un grupo de amigos de la infancia y conocidos del pueblo a los que llama «la pandilla». En su vida diaria prefiere rodearse de gente normal —un carnicero, un jubilado, un tenista— que de estrellas de cine. Muchos de sus amigos terminan siendo los protagonistas de sus películas porque le divierte ver cómo se comportan fuera de su entorno natural. Serra vive bajo una estricta autoconstrucción de su imagen. Es un hombre que cuida al detalle su apariencia, pero no por vanidad convencional, sino por una cuestión de estilo y jerarquía intelectual.

En su vida privada es un lector voraz y un melómano. Se nutre de la alta cultura europea —literatura francesa, filosofía alemana, música clásica—, lo que le permite mantener ese discurso tan elevado y, a veces, cínico en sus entrevistas. Quienes lo conocen de cerca dicen que tiene un sentido del humor negrísimo y que muchas de sus frases incendiarias las dice para ver la reacción de los demás. Se ríe de la corrección política y de la sensibilidad moderna. Aunque es muy reservado con sus relaciones sentimentales, Serra proyecta la imagen de un soltero empedernido e independiente.

Su vida está volcada al 100% en su productora, Andergraun Films, que gestiona junto a su productora de confianza, Montse Triola. No tiene hijos ni una estructura familiar tradicional que lo ate. Esa falta de cargas personales es lo que le permite rodar de forma caótica, viajando meses enteros a la Polinesia o a bosques remotos sin mirar el reloj.

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