La vida de la directora Carla Simón: sus padres murieron de Sida cuando era una niña, dos hijos y un marido técnico
La recocida directora está nominada gracias a su participación en ‘Romería’, su última trilogía

Carla Simón, en una imagen de archivo. | Gtres
Ya está todo listo para la gala de los Goya de esta noche que se celebra en la ciudad de Barcelona. En esta ocasión, los galardones estarán presentados por Luis Tosar y Rigoberta Bandini quienes serán los encargados de guiar a los nominados hasta su esperado cabezón. Entre los directores nominados, nos encontramos con Carla Simón, un nombre que se ha hecho muy popular, en los últimos tiempos en nuestro país, ya que ha liderado la mayoría de las quinielas para estos Goya. Pero ¿qué sabemos de Simón?
A los seis años, la vida de Carla cambió drásticamente. Perdió a sus padres debido al SIDA, una experiencia que ha sido el motor emocional de su cine. Tras quedar huérfana, se trasladó de Barcelona a Les Planes d’Hostoles, un pequeño pueblo en la Garrocha (Gerona), para vivir con sus tíos y su prima. Este entorno rural y la reconstrucción de una nueva familia son los pilares de su universo creativo. Simón se formó con una mirada internacional, combinando la técnica con la sensibilidad. Se licenció en Comunicación Audiovisual en la Universidad Autónoma de Barcelona.
Carla Simón perdió a sus padres cuando era una niña

Estudió en la Universidad de California y en la prestigiada London Film School, donde empezó a experimentar con el formato documental y cortometrajes como Born Positive y Lipstick. Su carrera comercial se define por tres largometrajes que funcionan como un viaje a través de su propia historia familiar. En 2017 vio la luz Estiu 1993, en el que narró su primer verano con su nueva familia tras la muerte de sus padres. Ganó el premio a la mejor ópera prima en la Berlinale y tres premios Goya. En 2022 con Alcarràs exploró la desaparición de la agricultura tradicional a través de una familia de melocotoneros. Hizo historia al ganar el Oso de Oro en la Berlinale.
Este año, su presencia en los Goya se debe a Romería, en la que sigue explorando la memoria de su familia paterna en Vigo. Fue presentada con gran éxito en el Festival de Cannes. El cine de Carla Simón no busca el artificio, sino la verdad. Se caracteriza por un naturalismo extremo. Trabaja frecuentemente con actores no profesionales —especialmente en Alcarràs—, buscando reacciones auténticas. Tiene una capacidad casi mágica para captar la infancia sin filtros ni cursilerías. Además, la familia, el duelo, la herencia, la memoria y el estigma del Sida —abordado también en cortos como Después también o Llacunes—.
‘Romería’, su última trilogía
En 2023, recibió el premio Nacional de Cinematografía en España. En el ámbito personal, ha integrado su maternidad en su proceso creativo; de hecho, presentó Romería en Cannes poco antes de dar a luz a su segunda hija en 2025. Es una firme defensora del cine rodado en catalán, demostrando que las historias locales pueden ser profundamente globales. Carla Simón comparte su vida con Manel Aguado, un técnico de sonido que también trabaja en el sector audiovisual. Juntos viven en Barcelona, aunque ella mantiene un vínculo constante con el entorno rural de la Garrocha.
Un aspecto fascinante de su biografía reciente es cómo ha entrelazado su carrera con la maternidad. Su primer hijo, Manel, nació poco después del éxito masivo de Alcarràs. Carla ha comentado en entrevistas que ser madre le dio una nueva perspectiva sobre la infancia, tema central en su cine. Su segundo embarazo coincidió con la postproducción y el estreno de Romería. De hecho, en 2025 se la vio recorriendo festivales internacionales con un avanzado estado de gestación, demostrando que para ella la creación artística y la vida familiar son vasos comunicantes.
Un marido técnico de sonido y dos hijos
Todas sus películas, además, han seguido un mismo hilo conductor. Si Estiu 1993 fue una carta a su madre y Alcarràs un homenaje a la tierra de sus tíos, Romería es la búsqueda de su padre biológico. Es la película más compleja de su carrera porque no se basa solo en sus recuerdos, sino en la ausencia de ellos. El largometraje sigue una trama clara; sigue a Marina, una joven que viaja a Vigo para conocer a la familia de su padre biológico, quien murió debido a complicaciones derivadas del SIDA cuando ella era pequeña. La familia paterna, por estigma o dolor, ha guardado silencio durante décadas. Marina tiene que «reconstruir» o incluso «inventar» una imagen de su padre a través de fragmentos de historias y cartas.
A diferencia del naturalismo rural de sus obras anteriores, Romería tiene un tono más lírico y reflexivo. Explora cómo el silencio familiar puede ser tan dañino como la propia pérdida. El cambio de paisaje es total; dejamos el sol de los campos de Lleida por la luz atlántica, la lluvia y la melancolía de Galicia. «Con Romería quería entender que la memoria es un acto político y creativo: cuando no te cuentan tu historia, tienes el derecho de imaginarla», ha contado la propia Carla. Esta película cierra lo que ella llama su Trilogía de la memoria. Con el estreno de Romería en 2025, Carla Simón ha logrado algo poco común: sanar sus propias heridas a través de la pantalla mientras eleva el cine español a lo más alto de los festivales de clase A (Berlín y Cannes).
