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Oliver Laxe, el director que conquista los Goya: vive en la aldea de sus abuelos en Lugo y exploró el sufismo

El director está nominado por su película Sirát, que se ha convertido en su película de más éxito en los cines

Oliver Laxe, el director que conquista los Goya: vive en la aldea de sus abuelos en Lugo y exploró el sufismo

Oliver Laxe, en una imagen de archivo. | Gtres

Oliver Laxe es uno de los nombres que más resuenan dentro del mundo cinematográfico nacional. El director está dispuesto a conquistar Hollywood gracias a su largometraje Sirat, que se ha convertido en una de las películas mejor valoradas del panorama actual. Ahora, el director está nominado a mejor dirección gracias a su ópera prima, pudiendo consolidarse, así, como uno de los rostros con más proyección de nuestro país.

Aunque nació en París (1982), hijo de emigrantes gallegos, la identidad de Laxe está profundamente anclada en la tierra de sus padres. Se mudó a España a los seis años y más tarde estudió Comunicación Audiovisual en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona. Esa mezcla entre la sofisticación intelectual francesa y la aspereza rural gallega define gran parte de su estética. Laxe tiene el honor de ser uno de los pocos directores que ha premiado todas sus películas en el Festival de Cannes.

Quién es Oliver Laxe, el director que quiere conquistar Hollywood y los Goya

El director de la película ‘Sirat’, Óliver Laxe, y su equipo celebran sus nominaciones a los premios Oscar. | José Oliva (EP)

En 2010, Laxe rodó Todos vós sodes capitáns, en Marruecos, donde vivió varios años. Es un proyecto metaficcional sobre un cineasta y sus alumnos. Ganó el premio FIPRESCI de la Crítica. Mimosas vio la luz seis años más tarde y definida, por él mismo, como un western religioso. Sigue a una caravana por el Atlas marroquí. Se llevó el Gran Premio de la Semana de la Crítica. Su consagración definitiva fue O que arde. Regresó a sus raíces en Os Ancares (Galicia) para contar una historia sobre incendios forestales y el regreso a casa de un pirómano. Ganó el premio del Jurado en la sección Un Certain Regard.

El cine de Oliver Laxe no busca el entretenimiento rápido, sino la contemplación. Prefiere trabajar con gente real —como Benedicta Sánchez en O que arde— para capturar una verdad que los actores entrenados a veces ocultan. El paisaje —el desierto, la montaña gallega— es siempre un personaje más, imponente y místico. El cine de Oliver Laxe no busca el entretenimiento rápido, sino la contemplación. Prefiere trabajar con gente real —como Benedicta Sánchez en O que arde— para capturar una verdad que los actores entrenados a veces ocultan. El paisaje —el desierto, la montaña gallega— es siempre un personaje más, imponente y místico. Valora el silencio y la fuerza de la imagen sobre el diálogo explicativo. es siempre un personaje más, imponente y místico.

Vilela, la aldea de Lugo donde ahora vive

Laxe se ha mudado recientemente a Vilela, la aldea de sus antepasados en Lugo, donde lidera un proyecto de recuperación del entorno rural y está preparando su próxima película, que se rumorea será un viaje psicodélico y espiritual rodado en el extranjero. Sin duda alguna, en todo este tiempo ha dado buena cuenta de su lado espiritual y austero. No le interesan los lujos de las alfombras rojas; de hecho, suele decir que el cine es una herramienta de desapego. Ha explorado profundamente el sufismo —la vertiente mística del Islam— y otras formas de espiritualidad oriental. Esto se refleja en su paciencia y en su forma de mirar el mundo sin juzgar.

Pasó casi una década viviendo en Marruecos, alejado de la industria europea, buscando una conexión más pura con la imagen y el tiempo. Sirat, él mismo la concibió como un proyecto pedagógico y experimental que Laxe realizó en Marruecos. Fue un taller de cine realizado con niños en Tánger. De ese proceso de enseñanza y convivencia nació gran parte del material que luego daría forma a su primera película larga, Todos vós sodes capitáns. Representa su metodología: Laxe no llega a un sitio con un guion cerrado, sino que vive con la comunidad, enseña cine y deja que la realidad dicte las imágenes.

Escena de ‘Sirât’, de Óliver Laxe. | BTeam Pictures

Actualmente, como decíamos, Laxe ha vuelto a sus orígenes. Reside en la aldea de Vilela, el pueblo donde nació su madre. Allí ha rehabilitado una casa de piedra y se ha integrado plenamente en la vida rural. No solo vive allí, sino que ha impulsado un centro cultural y de desarrollo rural. Su objetivo es atraer talento, fomentar la agricultura sostenible y evitar la muerte del campo gallego. Para él, cuidar las vacas o limpiar el monte es tan importante como montar una película. Cree que el cineasta debe tener las manos manchadas de tierra para que su obra tenga alma.

Hasta el momento, Laxe ha ido dando pequeñas pistas sobre cómo serán sus próximos proyectos. Así, ha afirmado que su nueva película será una road movie que viajará desde el sur de Marruecos hasta Mauritania. Es un regreso a África, pero con la madurez ganada en las montañas gallegas. Siguiendo con este aura de misterio, Oliver siempre ha sido especialmente discreto. Como decíamos, Oliver se sumergió en el sufismo. Es más, para él, el cine es su forma de «limpiar el espejo» del alma. También, se ha reivindicado como una persona que valora mucho la soledad y el silencio. Ha vivido en condiciones muy humildes, invirtiendo todo lo que tiene en sus proyectos. Para él, si una película no pone en riesgo su estabilidad personal, no vale la pena hacerla.

Oliver Laxe está nominada a los Goya.

Ha dedicado gran parte de sus ahorros y energía personal a rehabilitar la casa de sus abuelos, convirtiéndola en un centro de vida y cultura, más que en un hogar privado de lujo.



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