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Emilio Gutiérrez Caba, a sus 83 años: «De niño en mi casa no se tenía jamón, pero sí asistenta»

El reconocido actor ha relatado cómo fue su infancia en Madrid, marcada por el apoyo de sus Dos Hermanas

Emilio Gutiérrez Caba, a sus 83 años: «De niño en mi casa no se tenía jamón, pero sí asistenta»

Emilio Gutiérrez-Caba, en un photocall. | Gtres

Emilio Gutiérrez Caba es uno de los actores más conocidos de nuestro país. El reconocido intérprete no ha parado de trabajar en todos estos años a pesar de que ya ha cumplido los 83 años. Lo cierto es que, a pesar de que su infancia es cosa del pasado, Emilio nunca se ha olvidado de sus orígenes. Nació en Valladolid a mediados de los años 40, aunque eso sí, fue por puro azar. Al poco tiempo, ya estaba instalado en Madrid.

Su madre estaba allí de gira con la compañía del Teatro Infanta Isabel cuando él decidió llegar al mundo. A los tres días de nacer, ya lo trasladaron a Madrid. Sus padres ya eran mayores cuando él nació —su madre superaba los 40 años—, lo que condicionó la carrera de ella, quien tuvo que buscar trabajos fijos en Madrid para que Emilio pudiera ir al colegio. Durante las vacaciones escolares, Emilio viajaba con sus padres y sus hermanas (Julia e Irene) en las giras teatrales por toda España.

La infancia ade Emilio Gutiérrez Caba

Emilio Gutiérrez-Caba, en una imagen de archivo.

Recuerda pasar meses en trenes y ayudar en los teatros a abrir baúles o incluso a montar decorados. Para él, aquello no era trabajo, sino un «mundo de fantasía» que luego contaba a sus compañeros de clase. Ha recordado con nostalgia que en los años 40, los domingos iba a la sesión de las 16:00 en los cines de la Gran Vía de Madrid porque era la más barata y las películas estaban en mejor estado. Vivió gran parte de su niñez en una casa de la calle Mayor de Madrid, un edificio de estilo modernista que hoy es considerado Patrimonio.

En varias ocasiones ha hablado sobre cómo fue su infancia, su etapa como niño, confirmando que en su casa no había «jamón», pero sí que tenían «asistenta». Explica que, aunque el pollo o el pavo eran lujos prohibitivos, en su casa vivían sus padres, sus hermanas, su abuelo y dos asistentas. Además, ha rememorado el Madrid de los años 40 por sus olores; el de los braseros de carbón, las chimeneas y las tiendas tradicionales de barrio —droguerías, fruterías y farmacias— que ya han desaparecido. En su libro, El tiempo heredado, el actor se ha sincerado sobre etapa de su vida.

«Nací en Valladolid por accidente geográfico»

«Yo no jugaba a indios y vaqueros, yo jugaba a abrir baúles en los camerinos», contó, haciendo especial ilusión a que su infancia estuvo marcada por el trabajo de sus padres. «Nací en Valladolid por accidente geográfico. Mi madre estaba trabajando allí y yo decidí salir. A los tres días ya estaba en un tren de madera camino a Madrid», escribió. Así, describe a su madre como «una mujer valiente» que, «para que yo pudiera ir al colegio y no ser un niño de la legua» decidió «dejar las giras y buscarse la vida en Madrid, algo que para una actriz de su época era renunciar a mucho». Recuerda, además, las arterias principales de la ciudad como «un territorio de luz en medio de una ciudad que, por lo demás, era bastante gris y silenciosa».

Su debut oficial se produjo en el verano de 1962, cuando se incorporó a la compañía de su hermana Irene Gutiérrez Caba. Aquel inicio fue, en sus propias palabras, un ejercicio de responsabilidad extrema. No quería ser simplemente «el hermano de», sino demostrar que poseía la técnica y el rigor que su apellido exigía. Empezó desde abajo, asimilando cada consejo de sus hermanas, quienes ya eran figuras consagradas y sus maestras más exigentes en la sombra. Poco después, dio el salto al cine, un medio que al principio le resultaba ajeno pero que pronto lo adoptó como uno de sus rostros más versátiles. Su primera gran oportunidad llegó con la película Nueve cartas a Berta (1966), dirigida por Basilio Martín Patino. Aquella cinta no solo fue un hito del Nuevo Cine Español, sino que situó a Emilio como el rostro de una juventud intelectual, sensible y contenida, marcando una ruptura con el estilo de actuación más exagerado de décadas anteriores.

Una curiosidad insaciable y la reflexión sobre su vida

A medida que su carrera avanzaba, Emilio entendió que ser actor implicaba una curiosidad insaciable. Nunca se acomodó en el galán de moda; por el contrario, buscó personajes complejos que le permitieran explorar la psicología humana. Su paso por los Estudios de TVE en los años 60 y 70, en espacios legendarios como Estudio 1, fue fundamental. Allí perfeccionó la dicción y la presencia escénica que hoy lo convierten en un referente de elegancia actoral.

A lo largo de las décadas, ha mantenido una ética de trabajo impecable, alejada de los escándalos y centrada en el estudio del texto. Para él, el actor es un artesano que debe dominar su herramienta: la voz y el gesto. Esta filosofía le ha permitido transitar con éxito desde los clásicos de Lope de Vega hasta el cine más comercial o las series de televisión modernas, ganándose el respeto unánime de la crítica y de sus compañeros de profesión. En sus recientes memorias publicadas en 2026, Emilio reflexiona sobre aquel joven que dudaba si seguir los pasos de su familia. Confiesa que, aunque al principio pudo sentirse abrumado por el peso de sus antepasados, con el tiempo descubrió que actuar era su forma de honrar su propia historia.

Por qué nunca fue padre

A pesar de su larguísima trayectoria, apenas se conocen detalles de su vida amorosa. Se sabe que tuvo un matrimonio fugaz en su juventud. En la década de los 60, se casó en Inglaterra con esta fotógrafa. Sin embargo, la unión fue extremadamente breve y, según sus propias palabras en memorias recientes, apenas duró unas semanas. Tras aquel episodio, no se le ha conocido ninguna otra pareja estable pública. Él mismo ha declarado recientemente: «A veces se está muy bien solo», y describe su soltería no como una carencia, sino como una elección que le ha permitido dedicarse por entero a su profesión y a sus libros.

Emilio no tiene hijos. Esto lo convierte, junto a su hermana Julia —que tampoco tuvo descendencia—, en uno de los últimos guardianes directos de su rama de la saga Gutiérrez Caba. No obstante, ejerce una figura casi paternal y de mentor con su sobrina nieta, la también actriz Irene Escolar, a quien admira profundamente y con quien mantiene una relación muy estrecha. Su vida personal está indisolublemente ligada a sus hermanas, Irene (fallecida en 1995) y Julia. Julia sigue siendo su gran pilar. Viven muy cerca en Madrid y se ven o hablan prácticamente a diario. Comparten no solo recuerdos, sino también una visión ética del oficio.

Pasa gran parte de su tiempo escribiendo (ha publicado varios libros de memorias y sobre la historia de su familia) y cuidando su inmensa biblioteca privada. Siente, además, una gran amor por la Costa Brava.

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