Vilela, la aldea gallega donde vive Oliver Laxe: «Me siento verdaderamente poseído por el valle»
El director, que nació en París, se mudó, hace tiempo, a la pequeña localidad lucense que vio crecer a sus abuelos

Oliver Laxe, en su aldea. | RTVE
Oliver Laxe y Sirat fueron dos de los grandes triunfadores de la gala de los Goya del pasado fin de semana. Siempre místico, el director llegó puntual a su cita con el cine en Barcelona. Allí se sentó en primera fila, cerca de Susan Sarandon, con quien estuvo conversando durante toda la ceremonia. Aunque no consiguió llevarse el galardón a mejor director, lo cierto es que Oliver Laxe está esperando a uno de los momentos más importantes de su carrera; la gala de los Oscar, donde su película está nominada y puede marcar un antes y un después en la vida del cine español. Siempre discreto y reservado, Oliver no ha mostrado mucha emoción por esta emoción, así como tampoco lo hizo en los Goya.
Lo cierto es que Oliver lleva años residiendo en una pequeña aldea de Galicia, donde, también, ha forjado su carácter. En más de una ocasión, cuando le han preguntado de dónde se siente, Oliver ha confesado que él es «de las montañas» donde vive. «Mi sensibilidad, mi energía, mi fuerza y mis valores se vinculan a la montaña», contó en una entrevista con La Fundación Botín. A pesar de su fuerte vinculación con el norte de España, Oliver nació en París, ya que sus padres habían emigrado allí desde Galicia. Sus progenitores se conocieron en un baile para emigrantes en la archiconocida sala Bataclan.
La aldea gallega que marcó la infancia de Oliver Laxe y donde vive ahora

Tras abandonar la ciudad de la luz, Oliver y su familia estuvieron viviendo, hasta los seis años, en Cataluña. Aunque eso sí, todo le hizo volver a su tierra, a Galicia, donde reside desde entonces. Se establecieron en La Coruña, donde pasó su infancia. Aunque eso sí, en su recuerdo siempre estuvo el pueblo de sus abuelos, a donde iba de visita de forma frecuente. «Recuerdo caminar… No había acceso a la aldea. Era una pista de tierra con las maletas, abrir una puerta de la casa, y ¡pam!», ha explicado. Cada vez que piensa en esta pequeña aldea, recuerda «el pan, estar allí junto al horno haciendo pan. Me acuerdo de mis abuelos, que nos han hecho dos empanadas pequeñas a mí y a mi hermano. La recogida del Ceneto. Me acuerdo. A mí aquel sitio me penetró radicalmente».
Su deseo es, también, el de revitalizar la zona. Concretamente, Los Ancares, en Lugo, donde él se siente «verdaderamente poseído» por el valle. «Tengo la sensación de que me cuida. Yo he ido por pragmatismo allí. Es un sitio que me hace bien, que me da equilibrio, que me da energía», ha añadido en varias ocasiones. Lo cierto es que este rincón de la Ribeira Sacra siempre ha pasado muy disimulado, sobre todo por su enrevesada ubicación. La primera vez que salió Vileda en la gran pantalla fue en O que arde —Lo que arde—. Vilela es la aldea donde vive Amador —el protagonista— con su madre Benedicta. No se eligió por azar; Laxe buscaba capturar la Galicia resistente, esa que sobrevive al abandono rural y a la amenaza de los incendios.
Vilela, un pequeño pueblo de Lugo que es un referente histórico
Es más, alguno de los rincones que se muestran en la película existen de verdad. La Casa de Benedicta es la casa familiar de los antepasados de Laxe. Verla en persona es sentir el tiempo detenido que respira el film. El pueblo se caracteriza por sus casas de piedra gallega, techos de pizarra y calles estrechas que serpentean por la ladera. Vilela está situada en una zona de transición entre la montaña y los valles que bajan hacia el río Miño. Está rodeada de bosques de frondosas —robles y castaños milenarios—. Es el paisaje típico de la Galicia interior: verde eléctrico en invierno y tonos ocres y fuego en otoño.
Es un lugar de silencio absoluto, roto solo por el sonido del ganado o el viento entre los árboles. Es el epítome de la «Galicia profunda» en el sentido más poético de la palabra. Más allá del cine, Vilela y sus alrededores en Carballedo son una joya del románico rural. La mayoría de las casas conservan la arquitectura tradicional, con la planta baja destinada antiguamente al ganado para dar calor a la vivienda superior. Verás estructuras de almacenamiento de grano que son auténticas reliquias etnográficas. Lo que hace especial a esta Vilela es lo que Oliver Laxe llama «la mirada». Muchos de los extras y personajes de la película son gente real de la zona. Es un lugar que lucha contra la despoblación. Visitarlo es una lección de humildad y de conexión con la tierra.
Una aldea que lucha contra la despoblación
El lugar tiene varias casas de piedra tradicionales de la zona. Es más, muchas de ellas están en ruinas y otras, rehabilitadas. También, son típicas las pallozas ancareñas. En esta aldea se encuentra la sede de la Asociación Ser, cuya sede se encuentra en la Casa Quindós, que busca que el pueblo no caiga en el olvido. Es más, esta casa es el antiguo hogar de los abuelos de Laxe y fue construida en los años 60 con la arquitectura tradicional gallega. En todos estos años, Oliver ha demostrado que Vilela tiene un gran potencial, marcado por su impresionante patrimonio histórico-arqueológico que, en muchas ocasiones, no se ha valorado lo suficiente. Además, a su alrededor posee varios yacimientos que, sin duda, poseen una gran calidad.
Como decíamos, Oliver nació en París (1982), hijo de emigrantes gallegos, regresó a Galicia a los seis años. Este choque cultural —de la gran metrópolis al entorno rural de Lugo— marcó su sensibilidad. Estudió cine en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, donde empezó a forjar un estilo que huye de lo comercial para buscar lo espiritual y lo antropológico. Tiene el récord al haber conseguido que sus películas en el Festival de Cannes. Tras el éxito de Lo que arde, Laxe se embarcó en su proyecto más ambicioso: Sirat. Rodada en el Sahara, es una obra colosal sobre una rave titánica en medio del desierto, que mezcla música electrónica con una búsqueda espiritual profunda. El largometraje ha sido nominado a mejor película internacional en los Oscars.
