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Arguiñano, sobre la quiebra de su negocio: «Debía a todo el mundo; venía el pescadero y yo me escondía»

El reputado cocinero vivió, hace tiempo, un momento especialmente complicado a nivel personal y financiero

Arguiñano, sobre la quiebra de su negocio: «Debía a todo el mundo; venía el pescadero y yo me escondía»

Arguiñano, en una imagen de archivo. | Gtres

Karlos Arguiñano es uno de los cocineros más importantes de nuestro país. Actualmente, el vasco cuenta con su propio programa de cocina, ha escrito varios libros y tiene una productora con la gestiona sus proyectos. Además, también ha invertido en sus raíces vascas. Pero no siempre su realidad fue tan fructífera. Y es que, hace un tiempo, Arguiñano vivió un momento especialmente delicado, tras la quiebra de su negocio. «Debía a todo el mundo. Venía el pescadero y yo me escondía porque no tenía con qué pagarle», contó en su momento.

Así, cuando estaba en el abismo, llegó una de las oportunidades más importantes de su vida; hacer un programa de cocina en la televisión autonómica vasca (ETB) y, poco después, el salto a la TVE nacional en 1991. El éxito fue tan fulminante que, gracias a los ingresos de la televisión y a la publicidad que esto dio a su restaurante, logró pagar toda su deuda en apenas dos años. Él mismo dice que la televisión fue «la lotería» que le permitió salvar su patrimonio y el empleo de su gente. Él mismo ha confesado que llegó a deber 30 millones de pesetas de la época —una fortuna entonces— a proveedores y bancos.

Arguiñano y su momento económico más complicado

Karlos Arguiñano junto a Andrea Ropero e Iñaki López. | Gtres

Aunque no llegó a la bancarrota de los 90, Arguiñano volvió a pasar por una racha de grandes pérdidas económicas durante la crisis del covid. Al tener una estructura empresarial tan grande —con un hotel, el restaurante, la escuela de cocina y la bodega—, el cierre forzoso le hizo perder mucho dinero diariamente. Sin embargo, a diferencia de su juventud, esta vez tenía el músculo financiero de su productora, Bainet, para aguantar el golpe sin llegar a la quiebra. Hoy en día es uno de los hombres más ricos de la televisión, pero ese susto inicial marcó su forma de gestionar. Ha sabido diversificar muy bien su negocio y, además, siempre ha tenido cierta prudencia a la hora de invertiré.

«Pasé de deber 30 millones de pesetas a no deber nada en dos años. La televisión me dio la vida, porque yo soy cocinero, pero sin dinero no hay cocina que valga», contó una ocasión. Hoy en día, su influencia va más allá de los negocios. Bainet Media es la joya de la corona. A través de esta productora, Arguiñano no solo produce su propio programa, sino que ha gestionado contenidos para diversas cadenas. Además de Cocina abierta, Bainet ha producido espacios legendarios como Bricomanía o Decogarden, creando un estilo de televisión didáctica muy rentable. Ha participado en la producción de varias películas españolas —como Airbag o Año mariano—.

Una productora, su deporte favorito y la confianza en sus hijos

Publican sus propios libros de cocina, que son éxito de ventas cada Navidad. El origen de todo es el restaurante y hotel KA, ubicado en la localidad vasca de Zarauz, y que ofrece una cocina de mercado con una excelente relación calidad-precio. El hotel es un establecimiento con encanto, de cuatro estrellas, que es el punto de referencia para los turistas en el País Vasco. También, la familia ha invertido en la Bodega K5. Siempre se ha confesado un enamorado de su tierra, y eso le llevó a invertir en el sector vinícola. Esta bodega se ubica en Aia, a 300 metros sobre el nivel del mar, su bodega K5 produce un txakoli de alta gama elaborado con la variedad de uva Hondarrabi Zuri. Es un proyecto en el que se involucró personalmente junto a un grupo de amigos para demostrar que el txakoli puede ser un vino de guarda y prestigio internacional.

Consciente de la importancia de la formación, fundó su propia escuela en Zarauz. Forma a futuros chefs y profesionales de sala. Muchos de los cocineros que hoy trabajan en grandes restaurantes de España han pasado por sus fogones. Es su forma de devolver a la profesión lo que esta le ha dado. También, ha invertido mucho dinero en sus pasiones deportivas. Es socio mayoritario de Baiko Pilota, una de las principales empresas de pelota profesional. Esto hace que gestione a los mejores pelotaris, así como los derechos de los torneos. Durante años tuvo su propio equipo en el Mundial de Motociclismo. Aunque ahora está menos presente en la primera línea del mundial, sigue vinculado al mundo del motor.

«Pasé de deber 30 millones de pesetas a no deber nada en dos años»

Como buen gestor, ha invertido parte de sus beneficios en el sector inmobiliario y en diversas sociedades de inversión que le dan estabilidad frente a las crisis del sector hostelero. El imperio no lo gestiona él solo. Sus siete hijos están involucrados en diferentes áreas del negocio. Eneko está al frente del restaurante, mientras que Zigor es jefe de cocina y Martín gestiona el hotel. Joseba es el más mediático y tiene su propia tienda de pastelería en Zarauz. Amaia, Karlos y María se encargan de la gestión administrativa, la bodega y la producción audiovisual. A pesar de este despliegue de poder económico, Arguiñano presume de que su empresa favorita sigue siendo su pequeña huerta, donde cultiva gran parte de los productos que luego enseña en televisión.

La gran fortaleza de Arguiñano es que no depende de una sola fuente de ingresos. Su empresa matriz, Bainet, funciona como un ecosistema donde si una pieza falla, las otras sostienen el peso. Su contrato con Atresmedia (Antena 3) es uno de los más estables y longevos de la televisión. Aporta una entrada de liquidez constante que permite pagar nóminas y mantener las infraestructuras sin riesgo. En varias ocasiones, además, ha comentado que no le gusta deber dinero a nadie. Esto le permite tener una gran capacidad de resistencia ante crisis externas —como fue la pandemia—, ya que cuenta con reservas propias para aguantar periodos de inactividad sin tener que recurrir a créditos bancarios agresivos.

La estabilidad económica de una empresa familiar a menudo peligra en la sucesión. Karlos ha resuelto esto integrando a sus siete hijos en la gestión profesionalizada de cada área. Especialmente relevante es la figura de Joseba Arguiñano, que ya es una marca rentable por sí misma en televisión y redes sociales, asegurando que el valor de marca de los Arguiñano siga generando ingresos décadas después de que Karlos decida retirarse. A pesar de su buen momento económico, Arguiñano nunca ha hecho ostentación de grandes lujos excéntricos. Su vida gira en torno a su familia en Zarauz, su huerta y sus paseos. Este estilo de vida pragmático ha evitado que dilapide su fortuna en inversiones de riesgo o gastos suntuosos, manteniendo su capital protegido.

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