Duarte, el hermano más creativo de Tamara Falcó: «De pequeño me sentía un bicho raro»
El joven ha confesado que, cuando era niño, vivió una etapa muy difícil tras el diagnóstico de «bipolaridad y un TDAH»

Duarte, en una imagen de archivo. | Gtres
El marqués de Griñón siempre fue una persona especialmente discreta. Su relación con Isabel Preysler le puso en el foco mediático, al igual que lo hizo su hermana, Tamara Falcó, quien siempre se ha deshecho en halagos hacia sus hermanos. La actual marquesa de Griñón mantiene una buenísima relación con sus dos hermanos pequeños, Aldara y Duarte, quienes nacieron de la relación de su padre con Fátima de la Riva. Probablemente, han sido ellos los más discretos, ya que casi siempre han preferido mantenerse en un segundo plano y no se han involucrado, al menos de forma pública, en los negocios de su progenitor.
Sin duda alguna, Duarte Falcó de la Riva es el miembro más singular, bohemio y transparente de todos. Duarte ha sido uno de los miembros de la aristocracia española más valientes al hablar abiertamente de su vida personal. Han sido contadas las ocasiones en las que hemos podido ver a Duarte de forma pública. Es más, en una de las ocasiones, probablemente la más polémica, fue cuando apareció en la boda de Isabelle Junot y Álvaro Falcó, su primo, en vaqueros. Un hecho por el que no le dejaron entrar en la iglesia y tuvo que volver a su casa a cambiarse.
Quién es Duarte, el hermano más bohemio de Tamara Falcó

Como decíamos, Duarte y Aldara son los hijos más jóvenes de Carlos Falcó en su matrimonio con la bisnieta del duque del Infantado, Fátima de la Cierva. Ambos se casaron a principios de los años 90 en el consulado de Bayona. En 1994 vino al mundo Duarte y tres años más tarde, Aldara. El mayor de los dos se ha erigido como un abanderado de los inconvenientes en el aprendizaje que sufrió cuando era más pequeño. Ha confesado que su infancia y adolescencia fueron complicadas debido a un trastorno por déficit de atención severo. En diversas entrevistas, ha hablado con naturalidad sobre su diagnóstico de trastorno bipolar, ayudando a romper estigmas en círculos sociales donde estos temas suelen ser tabú.
Duarte no se siente cómodo en un despacho tradicional. Su mente es creativa y disruptiva. Fundó la organización RedTDAH con el objetivo de ayudar a personas que, como él, tienen dificultades de aprendizaje y concentración. También, se dedica a la pintura y a la fotografía abstracta. Sus obras reflejan mucho de su mundo interior y su sensibilidad. Además, ha estado involucrado en movimientos proveída y en fundaciones de apoyo a colectivos vulnerables. A pesar de tener personalidades y estilos de vida muy diferentes, Tamara y Duarte se llevan extraordinariamente bien.
Fue a la boda de su primo en vaqueros… y se tuvo que cambiar

Ambos comparten una profunda fe católica, aunque la viven de maneras distintas. Duarte siempre está presente en los momentos importantes de la marquesa de Griñón —estuvo en su boda con Íñigo Onieva, aunque siempre intentando pasar desapercibido ante la prensa—. Tamara suele hablar de él con mucho cariño, definiéndolo como una persona con un corazón inmenso y una visión del mundo muy pura. Duarte huye del lujo ostentoso. Es habitual verle con un estilo más hippy, con pelo largo y ropa informal. Aunque no se esconde y concede entrevistas si el tema es social o artístico, no le interesa el mundo de los influencers ni las alfombras rojas.
Tras la muerte de su padre, el marqués de Griñón, en 2020 por COVID-19, Duarte se apoyó mucho en su madre y en sus hermanos, demostrando que, a pesar de las diferencias de edad —le saca casi 15 años Tamara—, la piña familiar es real. Como decíamos, Duarte siempre se ha mostrado muy sincero sobre su lado más personal. «Tengo un trastorno bipolar tipo 2. Lo digo con naturalidad porque es una enfermedad como otra cualquiera. He tenido fases de hipomanía donde me sentía Dios y fases de depresión profunda donde no quería levantarme», contó a El Mundo.
«El TDAH hizo que mi etapa escolar fuera un infierno de incomprensión»
Esto hizo que, de pequeño, se sintiera «un bicho raro». «El TDAH hizo que mi etapa escolar fuera un infierno de incomprensión. No es que no quisiera estudiar, es que mi cerebro funcionaba a otra velocidad», apostilló. Su padre siempre fue uno de sus apoyos fundamentales y «un visionario». A él le definió como «un hombre de campo y de vino, pero yo soy más de asfalto y de ideas abstractas. Los títulos nobiliarios me dan igual, lo que importa es el legado humano que dejas». Es más, siempre intentó seguir su propio camino. «He trabajado en sitios donde nadie sabía quién era mi padre y me ha encantado. No quiero ser ‘el hijo de’, quiero que me valoren por mi capacidad de resiliencia», añadió.
Sobre la buena relación con su hermana Tamara, lo cierto es que ambos siempre han ido «en sintonía». «La gente se cree que solo es moda y eventos, pero tiene una profundidad espiritual que pocos conocen. Rezamos juntos a menudo; la fe es nuestro lenguaje común», aclaró. En la misma línea, Duarte confesó que aquello que le mantiene entretenido es «pintar y hacer fotos», lo que se ha convertido en su terapia. «Es la única manera que tengo de ordenar el caos que a veces siento en la cabeza. Mi arte es una explosión de lo que no sé decir con palabras», expresó en una entrevista. Además, admitió, también, su vulnerabilidad.
«Es una fortaleza, no una debilidad. Prefiero ser un aristócrata roto que un personaje de cartón piedra», contó. Duarte vive de forma muy austera en comparación con sus hermanos. Se sabe que durante un tiempo vivió en un piso compartido y que su prioridad económica es financiar sus proyectos artísticos y sociales, no el lujo.
