The Objective
Antonio Caño

El cambio que España necesita

Nuestro país requiere un buen Gobierno que lo haga funcionar, no la prolongación del sectarismo de otro signo y la guerra cultural

Opinión
El cambio que España necesita

Ilustración de Alejandra Svriz.

Cada semana se produce en España una prueba más de la situación crítica en la que se encuentra su sistema político. En estos últimos días hemos asistido al espectáculo de utilizar el Consejo de Ministros como escenario de las guerritas entre los partidos que allí se sientan y usar el BOE para publicar decretos que no tienen por objeto su aprobación en el Congreso, sino dar la apariencia de que Sumar aún cuenta algo. Una farsa más que se suma a las que contemplamos a diario y que se resumen en la ficción de un Gobierno que se dice de izquierdas, pero que solo puede aprobar sus iniciativas cuando tiene el apoyo de la derecha.

El daño causado por el afán de Pedro Sánchez de mantenerse en el poder a toda costa es inmenso: no solo desprestigia el Consejo de Ministros y desprecia al Parlamento, sino que ha puesto a cada institución del Estado, desde el Tribunal Constitucional hasta las empresas públicas, a su servicio. Si la oposición encuentra la forma de desalojarlo del poder alguna vez, tendrá por delante una empresa titánica para reconstruir el país, ya que, a ese deterioro moral, se añade un tremendo destrozo físico, como se puede apreciar por el estado de nuestra red ferroviaria, carreteras y servicios públicos.

Esa ansiedad por la larga espera para el cambio, unida a la profundidad del estropicio sufrido por nuestro país, ha alimentado posiciones radicales en la derecha que, muy próximas al trumpismo, expresan su deseo de que el Gobierno que llegue no deje un ladrillo en pie de la España que hoy conocemos, que extirpe de raíz el sanchismo y el socialismo y efectúe cambios en nuestra legislación y nuestro sistema político que impidan que ese mal vuelva a brotar. En resumen, que le den la vuelta a la tortilla.

En mi opinión, ese es un mal camino. Principalmente, porque condena a España a una sucesión de golpes de timón ideológicos, a una permanente guerra cultural, que unas veces ganarán unos y otras veces ganarán otros, pero nunca nos permitirá encarar los problemas reales de nuestro país y buscar las soluciones más adecuadas. La solución contra el uso de las instituciones por parte del sanchismo no es expulsar a los sanchistas y ocuparlas con los nuestros, sino hacerlas independientes y ponerlas al servicio del Estado. La solución a la imposición de los valores y conceptos ideológicos de la izquierda al conjunto de la sociedad española no es imponer los de la derecha. La solución al menosprecio del Parlamento no es pasar a recordarle al PSOE durante los próximos cuatro años su execrable conducta en las Cámaras, sino respetar su papel de oposición y tratar de incorporarlo a soluciones futuras.

Trump tiene colgado en el corredor de presidentes de la Casa Blanca un bolígrafo, que dice corresponder a Joe Biden, como prueba del desprecio que el actual presidente siente por su antecesor, al que se refiere como un simple instrumento de firmar órdenes que supuestos intereses ocultos ponían sobre su despacho. Trump no pierde oportunidad de insultar a Biden y Obama ni de recordar que él está aquí para borrar toda secuela de ambos.

No quiero eso para España. Por esa vía, la polarización política se ha agigantado en Estados Unidos y la democracia de ese país ha entrado en un ciclo de desgaste permanente que hace presagiar un negro futuro por delante.

España no necesita la versión trumpista de nuestra derecha. Ya hoy en día produce sonrojo la forma en que cierta derecha —no solo Vox— justifica, explica o contextualiza las decisiones disparatadas del presidente norteamericano, que este fin de semana ha cruzado una nueva línea roja al celebrar públicamente la muerte de un servidor público de primera talla —el exdirector del FBI Robert Mueller— porque se atreviera a poner en marcha una investigación sobre él por la existencia de indicios muy sólidos. Es triste ver a la derecha española jalear actos de violencia y guerras injustificadas simplemente porque las protagoniza Trump. Pero sería todavía peor que esa derecha trumpista llegara a dejar su huella en la actuación del próximo Gobierno español y que eso significara revanchismo, dogmatismo y guerra cultural.

España no necesita un Gobierno contra Sánchez o contra el PSOE. Lo que España necesita es un buen Gobierno, que trate de defender los intereses de la mayoría de la población y, en la medida de lo posible, incorpore propuestas o ideas de la oposición. Un Gobierno que mejore la vida de los ciudadanos, el transporte, la atención sanitaria, la educación de nuestros hijos. Por supuesto, con ese propósito será en ocasiones necesario tomar medidas difíciles que no siempre encontrarán el aplauso mayoritario —estoy pensando en inmigración, pensiones, reformas económicas—, pero una cosa es tratar de aplicar un programa político con resistencias y críticas lógicas por parte de algunos sectores y otra muy distinta es buscar la confrontación como forma de hacer política. Eso es lo que llevamos viviendo desde hace ocho años y lo que la derecha trumpista quiere prolongar. Eso es lo que tenemos a toda costa que evitar.

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