Vicente Vallés, 62 años: «En Tenerife, desayuno un zumo de naranja y una tostada con aceite»
El presentador se compró, hace tiempo, una casa en las Islas Canarias, donde pasa tiempo junto a su hijo y su mujer

Vicente Vallés, en una imagen de archivo. | Gtres
A Vicente Vallés le gusta cuidarse. El presentador de Antena 3 pasa la mayor tiempo de su tiempo en Madrid, pero también hace escapadas a Tenerife, donde hace unos años se compró una casa junto a su mujer. Allí disfruta de las bondades que le proporciona el paraíso canario, ya sea por su espectacular paisaje como por su buena gastronomía. Y es que, uno de sus mayores placeres, cuando está disfrutando de sus vacaciones, es el desayunar bien.
«No soy de desayunos sofisticados; me tomo mi tazón de leche con galletas y me pongo a leer la prensa», ha contado en alguna que otra ocasión. El día de Vicente, al igual que el de otros presentadores de televisión, empieza especialmente pronto. Lo hace con una comida escueta, escuchando las noticias de última hora y con un ojo siempre en la actualidad. Cuando está en Tenerife todo cambia; se toma la rutina con más tranquilidad, aunque siempre conectado a internet y dedicando un tiempo más alargado a desayunar junto a su hijo y su mujer.
El desayuno de Vicente Vallés cuando está en Tenerife

Como ya contamos en THE OBJECTIVE, el paraíso de Vicente Vallés está en Tenerife. En una entrevista para la revista NT de Binter, Vallés confesó que su relación con el pueblo empezó por casualidad durante unas Navidades. «Lo pasamos tan bien que quisimos buscar un sitio al que poder volver con frecuencia. Y lo encontramos en Abades», confesó. A diferencia de las zonas más turísticas y masificadas del sur de Tenerife —como Playa de las Américas—, Vallés valora la autenticidad y la calma de este rincón. Para él, Abades es sinónimo de «calma y otro ritmo de vida que nada tiene que ver con el que llevamos aquí en el día a día».
Ha dicho que su verdadera desconexión es «no tener que pensar en cómo voy a contar las noticias». Curiosamente, aunque esté en su paraíso, no se separa de su iPad; le gusta leer la prensa frente al mar, pero por puro placer intelectual, no por obligación profesional. Aunque su base está en Tenerife, el periodista ha declarado con orgullo que ya conoce el archipiélago completo. «Nos ha hecho tan felices estar allí en Canarias que ya conocemos todas las islas. Las ocho, incluida La Graciosa», ha apostillado. Vallés pasa su tiempo en la zona de Abades que cuenta con una bonita urbanización al lado del mar.
Un zumo de naranja frente al mar

Abades es famoso por tener una antigua leprosería abandonada —un sanatorio que nunca llegó a usarse— con una iglesia de estilo franquista que le da un aire cinematográfico y algo misterioso. Vallés disfruta precisamente de ese ambiente poco convencional, lejos de los grandes hoteles de lujo. Lo primero que llama la atención de Abades es su uniformidad. Es un pueblo de casitas blancas de una o dos plantas, dispuestas de forma ordenada frente al mar. El suelo es de tufa volcánica y la vegetación es escasa —con cardones y tabaibas—, lo que le da un aspecto árido y luminoso que contrasta con el azul intenso del Atlántico.
La leprosería, como decíamos, es el elemento más icónico y curioso de Abades. En lo alto de la loma que domina el pueblo, se encuentra un antiguo sanatorio para enfermos de lepra proyectado en los años 40. Con la llegada de la dapsona —el tratamiento para la lepra—, el proyecto se abandonó antes de terminarse. Destaca una gran iglesia con una cruz monumental en la fachada, rodeada de edificios auxiliares (hospital, escuelas, dormitorios) que hoy están en ruinas y llenos de grafitis. Es un lugar frecuentado por fotógrafos, grafiteros y amantes de los lugares abandonados. También se ha usado como set de rodaje para series y películas.
Una rutina más tranquila que en Madrid

La playa de Abades (o Los Abriguitos) es de arena oscura y aguas muy tranquilas, ya que está resguardada de las corrientes más fuertes. Sus fondos son espectaculares. Es uno de los puntos favoritos de Tenerife para el submarinismo y el snorkel. Es muy fácil ver sepias, viejas (pez típico canario), chuchos (rayas) y, con suerte, algún angelote —un tiburón plano inofensivo que vive en la arena—. Abades es el sitio ideal para quienes buscan desconexión total, ya que no hay centros comerciales ni discotecas. Hay un puñado de bares y restaurantes en la plaza principal donde se come pescado fresco y papas con mojo a precios razonables. Mucha gente va allí para hacer senderismo por la costa hacia el faro de Abona o para practicar yoga frente al mar.
Lo cierto es que, además, desayunar un zumo frente al mar es uno de los mayores placeres. Tenerife tiene una luz única, especialmente a primera hora de la mañana. El sol sale por el este —la zona de Abades o Candelaria—, bañando el océano con destellos plateados. Muchas naranjas proceden de zonas como Arico o del norte de la isla. Son naranjas con mucho sol, muy dulces y con el punto justo de acidez. Para que el desayuno sea 100% auténtico, ese zumo suele ir acompañado de una tostada con aguacate del norte —que son especialmente cremosos— o un pulguita de queso amarillo —tipo Gouda o Edam, muy típico en los desayunos isleños—.
