Bad Gyal sube la temperatura en su segunda noche en Madrid: sensualidad, deseo y hits sin descanso ante un público totalmente entregado
De fenómeno viral adolescente a estrella global del pop urbano, Alba Farelo consolida su éxito en la capital

Bad Gyal en el Movistar Arena este domingo 12 de abril | Sharon López
El Movistar Arena fue este domingo mucho más que un pabellón. Fue una discoteca gigantesca, un club privado en el que Bad Gyal desplegó su imaginario con la honestidad que la caracteriza. Alba Farelo, catalana de 29 años, lo hizo ante un recinto lleno hasta la bandera —con entradas agotadas desde semanas antes y ampliación de fechas incluida por la alta demanda—, confirmando que su salto a los grandes escenarios ya no es una apuesta, sino una realidad consolidada.

Desde el primer minuto, con Un coro y ya marcando el potente arranque, la artista dejó claro que lo suyo no es un concierto al uso. Es una experiencia estética y sensorial en la que todo gira en torno al deseo. Lencería blanca, ligas negras, tacones imposibles, extensiones rubias y una escenografía que remitía a un club de scorts de alto nivel: sofás, cojines, espacios íntimos, barras…. componían un universo en el que lo sexy se estiraba hasta lo excesivo. Y, sin embargo, ahí está la clave del éxito de Bad Gyal: ella no suaviza su propuesta —nunca lo ha hecho—, sino que la lleva hasta el límite. «Parece un vídeo porno», comentaba parte del público. Y probablemente esa era exactamente la intención del concierto, que estuvo perfectamente medido y coreografiado durante las casi dos horas que la joven puso al Movistar Arena a gritar y a perrear hasta el suelo.

Bad Gyal, sensualidad y sexualidad honesta a golpe de ‘temazos’
Porque si algo define este show es su honestidad. No hay trampa ni cartón: es sexo, actitud y control absoluto. A cada movimiento de cadera, los gritos del público eran inmediatos, ensordecedores, casi salvajes. Los fans de Bad Gyal —en su mayoría chicas jóvenes y queer— además, acudieron a la cita vestidos como su diva: microshorts que dejaban ver casi todo, botas altas, brillos, mucho eyeliner, perfilador de labios, transparencias, escotes, melenas largas… Nada dejaba lugar a la imaginación. El recinto, con capacidad para más de 15.000 personas, funcionó como un coro constante que no bajó la intensidad en ningún momento, desde las 21 horas, y que lo dio todo con los temas más conocidos de la artista, como Zorra y Fiebre.
Sobre el escenario, todo estaba medido al milímetro. Bad Gyal se rodeó de un cuerpo de baile de más de una decena de jóvenes —de ambos sexos— que ejecutaron coreografías precisas, sexuales y perfectamente sincronizadas. Cada gesto, cada transición, cada mirada a la cámara, cada cambio de vestuario respondía a una narrativa clara: la de una artista que ha convertido su universo en una marca reconocible. «Os quiero mucho, gracias por la energía y por el apoyo», le dijo a sus fans. La sensación, no obstante, era que no hacía falta verbalizarlo: la conexión con el público era total.

Eleva su propuesta y consolida su éxito
El contexto también explica el momento. Más Cara, su segundo álbum de estudio producido por Interscope Records tras La Joia, ha elevado su propuesta y la ha llevado a un nuevo escalafón. Esta gira, que arrancó en el Palau Sant Jordi, es la prueba definitiva: más grande, más cuidada, más provocadora, más narrativa. Una evolución lógica para una artista que lleva años cantando en festivales pero que ahora pisa con firmeza —y llena— los grandes recintos.
Musicalmente, el show fue un viaje por todas sus etapas. El dancehall de sus inicios, de hace diez años, convivió con ritmos latinos como el reguetón, la bachata o el dembow, en un repertorio pensado para no bajar pulsaciones, especialmente cuando cantó e interpretó sus grandes éxitos, como los mencionados y Da Me, Flow 2000 o Blin blin.
Más cara, más sexual, más profesional, más poderosa. Bad Gyal ya no está construyéndose: está consolidando su reinado. Y Madrid, completamente rendida, no hizo más que confirmarlo en su segunda noche en la capital. Alba repetirá en el recinto el próximo martes 14 de abril. Después visitará Valencia, Sevilla, Bilbao y A Coruña.
Alba Farelo, la catalana que hay tras Bad Gyal
Alba Farelo nació en 1997 en Vilassar de Mar (Barcelona), en el seno de una familia vinculada a la música —es hija del actor y doblador Eduard Farelo—. Crecer en un entorno creativo marcó su desarrollo artístico desde muy joven. Antes de dedicarse plenamente a la música, estudió Diseño de moda, una formación que sigue influyendo claramente en su estética y en la construcción visual de su personaje, uno de los pilares fundamentales de su propuesta.

Su salto a la fama llegó en 2016 de forma totalmente orgánica con Pai, una versión en catalán de Work de Rihanna que subió a YouTube casi como un experimento casero. El tema se viralizó rápidamente y la situó en el radar de la escena urbana alternativa. A partir de ahí, Bad Gyal comenzó a construir una carrera marcada por el dancehall, el autotune y una identidad muy definida, alejada de los códigos tradicionales del pop español. Proyectos como Slow Wine Mixtape (2016) o Worldwide Angel (2018) consolidaron su música y la llevaron a hacer giras internaciones por Europa, Estados Unidos y Asia.
Con el paso de los años, su propuesta ha ido evolucionando hacia un enfoque más personal, reconocible, provocador, global y ambicioso, incorporando más géneros musicales sin perder su esencia. Tras el lanzamiento de Más Cara, Bad Gyal ha dado el salto definitivo con una narrativa que la ha convertido en una estrella consolidada. Su carrera combina éxito comercial, identidad estética definida y muy sexual, y un discurso de empoderamiento femenino que ha conectado especialmente con el público joven. Por todo ello y más, Alba es ya una de las figuras clave de la música urbana en España.
