The Objective
Enfoque global

Irán ante el abismo o la sumisión

«La teocracia islámica está visiblemente aterrorizada ante lo que estima que es la tormenta perfecta»

Irán ante el abismo o la sumisión

Protestas en Irán. | WANA (Reuters)

La República Islámica de Irán, la antigua Persia, está desde el 28 de diciembre del año pasado sistemáticamente reprimiendo con contundencia la mayor protesta civil de su casi medio siglo de tiranía desde que derrocaron al Sah Reza Palhevi, allá por 1979. Con ya más de 3.000 muertos (algunas fuentes elevan la cifra a unos 20.000) y decenas de miles de encarcelados, la tiranía teocrática del líder supremo el ayatolá Jamenei se ve amenazada existencialmente y, para sobrevivir, no duda en llevar a cabo una de las mayores matanzas y represión de civiles en la larga historia de la milenaria civilización persa. 

La urgencia de la situación para el régimen quedó reflejada cuando, por primera vez en medio siglo, el Ejército regular iraní anunció en un comunicado su «apoyo incondicional al régimen» conjuntamente con el «apoyo declarado oficialmente» por la Guardia Revolucionaria y por los dos principales servicios secretos que sostienen al régimen; es decir, el MOIS del Ministerio de Inteligencia, heredero del infame SAVAK del Sah y su rival, el Cuerpo Revolucionario de Inteligencia (IRGC) creado especialmente por Jomeini en 1979-1980 para proteger a los Ayatolas del MOIS. Esta extraordinaria confluencia de intereses de las que normalmente son instituciones cainitas creadas para vigilarse unas a otras nos indica la fragilidad actual del aparato institucional y de seguridad creado por Jomeini.

La teocracia islámica está visiblemente aterrorizada ante lo que estima que es la tormenta perfecta de retos económicos, estratégicos, políticos e ideológicos a los que se enfrenta en este año 2026. En consecuencia, entiende y contempla esta crisis como una guerra de supervivencia donde antiguas líneas rojas y medidas de contingencia no son aplicables. Lo que empezó como una revuelta más de protesta por el deterioro de la calidad de vida y la escasez de opciones de futuro para los 90 millones de ciudadanos persas se ha convertido en una enmienda a la totalidad del régimen y se cuestiona hasta la legitimidad del sistema y las instituciones de la República Islámica. La sensación de pánico es notable pues a diferencia de anteriores revueltas como en 2009, 2012, 2017, 2020 y 2022 el régimen ésta en bancarrota técnica y sus fondos de emergencia para ofrecer concesiones al pueblo, los 100.000 millones de dólares de la reserva iraní, están bloqueados por las sanciones internacionales incluidas las mas recientes del Consejo de Seguridad de la ONU. Así pues, la estrategia tradicional complementaria «del palo y la zanahoria» que siempre ha funcionado, ahora solo se compone de «palo y mas palo». El régimen en 2026 no tiene nada que ofrecer a la sociedad iraní. 

La debilidad interior se ve aumentada por su frágil posición en la geopolítica regional y el rotundo fracaso de su estrategia de «máxima resistencia» ante Israel, EEUU y sus rivales suníes del Golfo Pérsico. Desde a ejecución del líder de la Guardia Republicana Suleimani hace seis años y el sistemático y progresivo fracaso de sus proxis en Gaza, Líbano, Siria, Yemen e Irak, hasta el fracaso de su política de obtener un arma nuclear para blindar el régimen como lo han hecho otras tiranías desde Corea del Norte a Pakistán. 

El punto de inflexión vino en junio de 2025 en la famosa Guerra de los doce días frente a Israel y EEUU, en la cual se dinamitó el mito de la inviolabilidad y la fortaleza del régimen a ojos de propios y extraños. Unas fuerzas armadas que no pudieron proteger su espacio aéreo y ni siquiera sus más reforzados búnkeres y fábricas de armas desmontaron la legitimidad del relato de los ayatolás como escudo del pueblo persa y chiita frente a las amenazas árabes y sunitas cercanas y las mas lejanas del «Gran Satán» de EEUU y el «Pequeño Satán» israelí. La pregunta que se hacían los iranies era muy pertinente; «Si el régimen no pone comida sobre la mesa, ni nos protege frente a las amenazas exteriores e internas y además nos aísla del resto del planeta, ¿Para qué sirve?»

La situación y la gravedad de la masacre en Irán conmocionan a la opinión pública global y generalmente da pie a que utilizando el «sentido común» imperante y los precedentes recientes de cambio de régimen y caída de dictaduras en Libia, Siria y el Líbano a que los ejércitos de comentaristas y analistas de la aldea global evaluaran estos acontecimientos como el principio del fin del régimen teocrático de Teherán. Lamentablemente están confundiendo los deseos con la realidad, y como decía Mark Twain al ver su esquela en un periódico de Manhattan, «los rumores de mi muerte quizás sean un poco precipitados». Por ahora mejor no empezar a redactar la esquela del régimen de los Ayatolas.

El análisis imperante que conduce a la conclusión de que el fin del régimen iraní desde 1979 se basa en tres preceptos; 

  1. La magnitud y extensión social y geográfica de la revuelta popular,
  2. La debilidad interna y externa del régimen y 
  3. La más que probable intervención exterior de «ayuda» a la revuelta principalmente por parte de un presidente Trump que repetidamente amenaza a Teherán con una ambigua «Acción decisiva» si continua la matanza de civiles y no se «atienden a los deseos del pueblo iraní».

Pasadas ya más de tres semanas, estamos viendo que, uno por uno, los tres preceptos se van desmontando parcialmente. Veamos: 

  1. La revuelta popular se consolida en la calle en los centros urbanos y en la periferia no persa de la República Islámica, regiones azeríes, baluchis y de los árabes de Khorasan (norte de Golfo Persico), pero están descoordinadas y carecen de un liderazgo común. El retorno de la figura del hijo del antiguo Sah Palhevi es comparable a la de la líder de la oposición venezolana, la Sra. Machado que, aunque destila una posible legitimidad y atractivo, carece de organización interna efectiva y su debilidad dentro del país augura que, como ya dijo Trump, «no tienen ni el liderazgo ni el poder para asumir y ejercer el control del país». Más aun, no existe una estrategia de actuación coherente para herir al régimen de muerte y desestabilizar el aparato que lo sostiene. Por ejemplo, no hubo ni hay planes para una huelga general en el sector de hidrocarburos ni en el administrativo (lo que derrocó a Mossadeq en el golpe de 1953 que restauró al Sah y que luego de nuevo en 1979 volvió a ser clave para derrocar al propio Sah), ni en el de transporte que sostiene la economía de los zocos o mercados. Todos sectores clave que permiten al gobierno continuar ejerciendo el control de las palancas del poder a nivel nacional y dar una apariencia de controlar la situación. Si añadimos el absoluto control informativo interno y externo de la población se reduce la extensión y se contiene la revuelta.
  2. La lealtad y actuación de todos los poderes facticos del régimen y la contundente efectividad de su aparato represor. Que bajo instrucciones del gobierno y el Líder Supremo no duda en usar fuerza letal contra el pueblo. Claramente no hay ninguna duda que los Ayatolas están dispuestos a sacrificar cualquier principio y ambición exterior para asegurar su supervivencia. La constante apertura y clausura del internet muestra las fluctuaciones sobre como las autoridades perciben si la política de represión ésta teniendo éxito o no, y
  3. Los precedentes de la actuación de EEUU e Israel sobre una intervención de apoyo a la revuelta se ve condicionada por dos factores: a) El rechazo frontal de la sociedad americana, tras las experiencias de Afganistán e Irak, de implementar una invasión terrestre y de hacerse cargo de una ocupación y la transición política en ningún país, como se vio recientemente en Venezuela y Gaza y b) Los precedentes positivos de los «éxitos» de la estrategias de Trump en 2025 de coacción económica, operaciones especiales de extracción, bombardeos puntuales y certeros y sobre todo la intimidación de las partes para obtener sus objetivos pueden dar a entender a los clérigos en Teherán que quizás pueden llegar a un entendimiento transaccional con el «Gran Satán», siguiendo el ejemplo que sus socios chavistas están desarrollando en Caracas desde la «extracción» del dictador Maduro. Evitando así un cambio de régimen y asegurándose su supervivencia.

    La clave está en Washington.

    La clave ésta en Washington, pero entender la estrategia del presidente Trump hacia Irán requiere un esfuerzo de ir más allá de sus últimas declaraciones, órdagos y despliegues tácticos, y ver en detalle cómo su administración intenta convertir la debilidad del régimen de los Ayatolas en un giro estratégico que beneficie a los EEUU y a sus aliados en la región; esto es Israel y las monarquías del Golfo Pérsico.

    En su segunda presidencia, la política de Trump hacía Irán mezcla el pensamiento estratégico con su instinto, aplicando una estrategia de «Presión Máxima» e «incertidumbre» al mas viejo estilo expuesto en su manual de negociación The Art of the Deal. Trump confía en que esta nueva visión le dará resultados y enterrará las antiguas políticas ideológicas e improvisadas de sus predecesores, desde Carter en 1979 hasta Biden en 2024 pasando por Clinton y Obama, que pésimos resultados han cosechado para los intereses de EEUU en la región. Es su oportunidad de pasar a la historia como un líder revolucionario en Oriente Medio. Este nuevo enfoque está reflejado en los principios expuestos en la Estrategia de Seguridad Nacional publicada el pasado 5 de diciembre 2025. Estos principios incluyen el uso de «la disuasión basada en la fuerza», «primar la competición estratégica» y el «rechazo de la moderación y la contención en las interacciones y negociaciones con cualquier interlocutor».

    El objetivo final de Trump en Irán, como en Venezuela o Cuba, y quizás hasta con los europeos en Groenlandia, no es provocar un «cambio de régimen» en su sentido clásico, sino la «sumisión o dependencia estratégica del régimen», restaurando así una institución clásica del siglo XIX y principios de XX que fue el «protectorado». En otras palabras, imponer y/o forzar al régimen iraní que acepte las restricciones permanentes y las directrices en las políticas de interés para Washington a cambio de su permanencia en el poder y autonomía interna para implementar su modelo de sociedad.

    En estos momentos Trump tiene tres prioridades inmediatas;

    1. Una renuncia unilateral de Teherán al arma nuclear con supervisión y verificación directa de EEUU.
    2. Compromiso de los Ayatolas de romper o domesticar a sus proxies regionales de Hamas, Hezbollah o Hutíes para integrarse en un orden regional que incluya a Israel. 
    3. Abrir la economía de Irán al exterior con prioridad y exclusividad de acceso a los EEUU y el compromiso a colaborar con su industria en la explotación de hidrocarburos al mismo tiempo que frenar y reducir a penetración de China y Rusia en la región. 

    En otras palabras, que tanto Irán como Venezuela —y posiblemente Cuba y Groenlandia— se conviertan en «un protectorado» en la «Esfera de influencia» de Washington. La alternativa para Jamenei y el futuro de su régimen es una constante presión económica, estratégica, diplomática e interna con ciclos de revueltas y represión cada vez más dramáticas que, ante la pasividad de los aliados en Moscú y Pekín, auguran un escenario de un régimen bajo sanciones, depauperado, aislado y ermitaño, siempre bajo la amenaza que la próxima revuelta sea la ultima o llegar a un acuerdo transaccional que permita a los clérigos teocráticos consolidar su poder interior, abrir su economía y reducir las sanciones dando un respiro y calmar a la sociedad persa, pero sobre todo ganar tiempo para seguir activos en un futuro sin Trump en la Casa Blanca que quizás les den más opciones de recuperar su autonomía y soberanía y repudiar en status de «protectorado» americano e integrarse en una nueva arquitectura de seguridad y prosperidad en la región.

    Andrew Smith Serrano es analista del Centro para el Bien Común Global de la Universidad Francisco de Vitoria

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