Venezuela o el regreso del chavismo que nunca se ha ido
A tres semanas de la extracción de Maduro, las cosas son bastante diferentes a lo que hubiera soñado la oposición

El capitán Diosdado Cabello y el diputado Nicolás Maduro Guerra encabezan una marcha de chavistas en Caracas pidiendo la libertad de Maduro y de Cilia Flores.
Mientras el huracán Trump sigue su curso hacia Groenlandia o de regreso al Medio Oriente, la situación en Venezuela vuelve al apaciguamiento controlado, a la «pax chavista» impuesta por la fuerza. Sobran las evidencias de que el régimen sigue aferrado al poder político, económico y policial, aunque haya encajado una inaudita derrota militar el 3 de enero.
Lo que hay hoy por aquí es un gatopardismo, un repliegue táctico, un reacomodo, una reagrupación de fuerzas para maquillar un régimen político tradicionalmente subestimado por sus adversarios.
El chavismo mantiene el control territorial, de todo el aparato represivo, del destino político del país, de la suerte de sus adversarios, de todas las instituciones y del sentimiento colectivo en una sociedad sometida al miedo.
Tras la incursión militar de Estados Unidos con 150 aeronaves, un bombardeo en puntos clave de Venezuela y la ruptura del orden mundial y legal, Trump mantiene preso a Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores en una cárcel de Nueva York.
También dice ser él quien gobierna Venezuela y ha dado a entender que la presidenta encargada y mano derecha de Maduro, Delcy Rodríguez, le rinde cuentas. Según esa lógica, el magnate sería hoy el responsable último del destino de Venezuela.
Las cosas por aquí hoy, a tan solo tres semanas de la extracción de Maduro, son bastante diferentes a lo que hubiera soñado la oposición.
Mientras, el chavismo emplea todos sus recursos para capitalizar los hechos e invierte en convertir a Maduro y a Flores en mártires de la llamada revolución bolivariana. Organizan varias escuetas marchas de seguidores cada semana en las que piden la libertad de los reos y este viernes hasta desplegaron alta tecnología para escribir con drones en el cielo de Caracas un mensaje a favor de la pareja. Drones muy distintos a los que perforaron los cielos de Caracas la noche de la extracción de Maduro.
En un esfuerzo por instaurar una épica gloriosa y lavar la imagen ante los heridos chavistas, el Gobierno de Delcy filtró audios y videos de una reunión oficial. En ella, la presidenta encargada afirma que las fuerzas de Trump esa madrugada le dieron 15 minutos a ella y a su hermano Jorge Rodríguez y al ministro Diosdado Cabello para decidir si aceptaban las demandas de Washington, o los matarían.
La prioridad, dice Delcy, es «preservar el poder político», la paz y «rescatar a nuestros rehenes».
Ella misma, asegura en esa misma grabación de una reunión con el aparato de propaganda oficial, organizada pocas horas después de la captura de Maduro, es «la única garantía de que podemos restituir al presidente, pero también de pasar página y reconfigurar nuestras fuerzas».
Petróleo sin libertad
La cúpula busca resultados inmediatos para hacer que millones de venezolanos también piensen como lo hace hoy un puñado de empresarios oportunistas que coquetea con Delcy: que los fines justifican los medios y que si mejora la economía no importa si los mismos chavistas se mantienen en el poder, con la bendición de Trump.
«Con esta operación, Trump de una vez tiró debajo del autobús a Maduro y a la oposición», comentaba un veterano economista, al observar cómo las plegarias de la oposición democrática han sido las menos atendidas en este proceso que algunos ilusoriamente han querido ver como una transición.
El reconocido economista Ricardo Hausmann, de la universidad de Harvard y exministro de Planificación de Venezuela en la era democrática, ha sido uno de los abiertos críticos de la estrategia de convivencia entre Trump y el chavismo.
«Hay un camino claro para recuperar Venezuela de forma rápida y sostenible, pero no es el camino que estamos siguiendo. El buen camino debe comenzar con el restablecimiento de los derechos básicos. Sin eso, ni la gente ni el capital volverán», dijo Hausmann en Davos durante una discusión sobre Venezuela en el Foro Económico Mundial.

Para restablecer los derechos, acota, hay que liberar a los presos políticos, permitir el regreso de los exiliados y «se debe negociar AHORA mismo un calendario electoral con los líderes de la oposición».
«El camino actual corre el riesgo de afianzar el régimen», advierte.
En efecto, hay estabilidad en Venezuela ahora, pero se debe a «la extrema represión. Es la estabilidad de los cementerios», dice Hausmann. Para la política exterior de Trump, esa estabilidad es la prioridad, pues en su visión ese escenario atraerá inversiones mil millonarias de grandes petroleras que «harán a Venezuela grande otra vez».
En derechos civiles, el chavismo se ha limitado a excarcelar a 626 prisioneros (cifra oficial), aunque las ONG discrepan. Familiares de presos políticos se mantienen en vigilia desafiando al poder cerca de los centros de reclusión. Por lo pronto el chavismo ha acelerado su tarea aprobando en primera discusión una reforma a la Ley de Hidrocarburos para privatizar áreas claves de la industria petrolera, como exploración y producción, antes reservadas al Estado, o a empresas con mayoría accionaria estatal.
La reforma también reducirá el control del legislativo sobre el sector y las empresas privadas podrán comercializar directamente el petróleo y asumir la gestión operadora de los proyectos. También se reducen las regalías hasta 15% para empresas mixtas.
La reforma en realidad consagrará una práctica ya vigente con contratos confidenciales y discrecionales entre empresas privadas y el gobierno de Maduro que ayudaron a elevar levemente la producción en el último año hasta 892.000 barriles por día a diciembre pasado (cifras de fuentes secundarias citadas por la OPEP).
La tríada del poder real
Mientras tanto, Delcy Rodríguez se afianza en el poder, junto con su hermano Jorge, presidente de la Asamblea Nacional. Entre ambos está el temido capitán Cabello, quien ostenta la gloria de ser el único en el poder de los viejos comandantes de la intentona de golpe de Estado encabezada por Hugo Chávez el 4 de febrero de 1992.
«Tengan la certeza y la seguridad que jamás nos desviaremos del camino de Bolívar y de Chávez», prometió Cabello este viernes, durante una marcha de empleados públicos y militantes del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) para pedir a EEUU que libere a Maduro y a Flores.
«A veces nos ha tocado avanzar a mucha velocidad, otras veces hemos tenido que reducir la velocidad por las circunstancias y los momentos. Pero siempre hemos ido por el camino de la revolución bolivariana. Siempre, en las peores situaciones», dijo Cabello, el mismo que en vísperas de las elecciones presidenciales de 2024 dijo que el chavismo nunca entregaría el poder en Venezuela «ni por las buenas ni por las malas».
Un poco más comedida en sus palabras, Delcy ha ido tejiendo en los últimos días su propia red: ha movido algunas fichas dentro del gabinete y en mandos de tropa; aunque siempre enrocando a funcionarios y generales que ya estaban trabajando con Maduro. Este viernes lanzó el Programa para la Convivencia Democrática y la Paz en Venezuela, con el que, dijo, construirán «un plan nacional orientado a la consolidación de la tranquilidad del país en todas sus dimensiones».
«Ya han entrado al país 300 millones de dólares por la venta de petróleo venezolano. Estos recursos irán al mercado cambiario a través del BCV [Banco Central] y la banca nacional, para proteger de la inflación los ingresos de los trabajadores y el poder adquisitivo de los venezolanos», dijo sobre un acuerdo comercial anunciado primero por Trump para poner en los mercados hasta 50 millones de barriles de crudo venezolano a través de empresas estadounidenses.
Convocó a una reunión de diálogo con «todos los sectores políticos coincidentes y sectores políticos divergentes». «Que ese diálogo político tenga un apellido, que sea diálogo político venezolano, donde no se impongan más las órdenes externas, ni desde Washington, ni desde Bogotá, ni desde Madrid». Pero esto deja fuera a la representación de la oposición encabezada hoy por María Corina Machado. Esa disidencia es abrumadoramente mayoritaria, según todos los estudios de opinión y resultados electorales no acatados o no reconocidos por el chavismo a lo largo de los últimos años.
