Sergio Ramírez: «Ortega está irritado porque España y la UE están contra su dictadura»
El escritor habla de su antiguo compañero, el ahora dictador de Nicaragua: «Vive una realidad diferente»
Sergio Ramírez, sandinista de primera hora, fue vicepresidente de Nicaragua. Es escritor. Premio Cervantes. Tiene la nacionalidad española. Está exiliado en España desde 2021 y vive en Madrid. THE OBJECTIVE habla con él horas después de conocerse que el régimen de Daniel Ortega ha expulsado a siete españoles del país, entre ellos al embajador, Sergio Farré Salvá.
PREGUNTA.- ¿Cómo hay que entender la última crisis entre Nicaragua y España, y la expulsión de diplomáticos y cooperantes españoles?
RESPUESTA.- Creo que ha habido un estado de irritación permanente de la dictadura en Nicaragua contra el Gobierno de España y contra España en general, por el respaldo que se ha dado a los exiliados nicaragüenses y a los que perdimos la nacionalidad por decisión arbitraria de los dictadores en Nicaragua, de acoger, no de extender la nacionalidad española. Y esta tensión en las relaciones se ha manifestado no solo con la expulsión del embajador de España, sino en relación con los otros embajadores. Con la embajadora Mar Fernández Ordóñez ocurrió algo parecido, le fue negado el regresar al país. Es una expulsión virtual lo que se hizo con ella. Y hoy en día ha vuelto a estallar esta crisis de irritación permanente que existe, ¿no? Yo creo que hay una especie como de prepotencia de una dictadura como la de Nicaragua, de querer imponerse, imponerse arbitrariamente sobre países como España que han sido solidarios con Nicaragua y que además pertenecen a una comunidad de naciones, a la Unión Europea, que se ha manifestado permanentemente en contra de la dictadura en Nicaragua.
P.- Daniel Ortega es desde hace casi 20 años presidente de una Nicaragua sin libertad, con presos políticos, con ciudadanos expulsados como usted. Y ahora quiere que le suceda en el cargo su esposa Rosario Murillo, que ya es copresidenta desde el año pasado. ¿Ortega no es consciente de lo que está pasando cerca de él? ¿No es consciente de Venezuela, de Cuba?
R.- Bueno, los dictadores viven una realidad diferente. No solo ha impuesto a su esposa como copresidenta y posible sucesora, sino a su propio hijo, al cual le están entregando ya como sucesor de la dinastía. Un cantante de ópera que quieren hacerlo presidente. Y, por lo tanto, me parece que viven en una realidad paralela. Y además, piensan que la ofensiva de la Administración Trump en contra de Venezuela y de Cuba no los va a ocurrir a ellos. Eso es vivir en una realidad paralela también, porque Nicaragua se esconde detrás de los casos de Venezuela y de Cuba. No tiene relevancia geopolítica y eso les permite a ellos pensar que sus relaciones profundas con Rusia, que tienen instalados aparatos de inteligencia en Nicaragua muy grandes y de seguridad, y sus relaciones muy cercanas con China, tampoco van a ser tomadas en cuenta. Yo no pienso que sea así. Llegará un momento en que la dictadura de Nicaragua va a saltar al primer plano y entonces vamos a ver qué es lo que pasa con ellos.
P.- ¿Cuánta esperanza hay que tener? ¿Cuánto le puede faltar a Nicaragua para la libertad, para la democracia?
R.- Pues hay que decir que mientras más temprano que tarde, mejor. La historia no tiene plazos. La historia tampoco corre en línea recta por caminos reales. No, la historia se va, a veces, por atajos. De repente, aparece un atajo que uno no esperaba y llegamos al final de una dictadura mientras menos lo pensamos. De lo que estoy convencido es de que en Nicaragua regresará la democracia y tendremos derecho a elegir a nuestros gobernantes, que podremos vivir sin miedo dentro de nuestro propio país y que no habrá más presos políticos. Y es lo que espero, que mis deseos un día se puedan hacer realidad.
P.- ¿Alguna vez pensó, cuando combatía contra la dictadura y por la libertad, que uno de sus compañeros de armas iba a encarnarse en una especie de neomonarca absoluto?
R.- No, jamás. Jamás se me ocurrió. Si en ese momento se me hubiera ocurrido, no entro yo en esa empresa. No. Esas cosas vienen sumándose. La historia se escribe como las novelas. No se escribe por capítulos. Uno no sabe el final, en qué va a terminar la novela. Si lo supiera, no seguiría escribiendo.
