Trump no va a cambiar su política dentro de EEUU: guerra contra la mitad del país
La respuesta firme de Mineápolis a los asesinatos de los agentes del ICE frena a la Casa Blanca. Hasta la próxima

Protestas en Mineápolis contra el ICE. | Reuters
¿Será cierto que la Casa Blanca ha comprendido que hay que frenar la brutalidad de los gánsteres del ICE, el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos, tras la ejecución en plena calle del enfermero Alex Pretti en Mineápolis el día 24 de enero, dos semanas y media después de la ejecución de Renée Good en la misma ciudad?
¿El alejamiento del Reichsführer-SS Gregory Bovino de la dirección de las partidas de matones antiinmigración del ICE significa el reconocimiento tácito de que matar a ciudadanos por las calles es un delito incluso en la América de Donald Trump?
¿O simplemente alguien ha visto que las cosas han ido un poco lejos y el objetivo es enfundar las pistolas hasta la próxima?
A pesar de que las brutales tácticas en la campaña de deportación masiva que empezó hace siete meses tuvieron resultados similares —decenas de muertes por disparos, desatención médica y hostigamientos diversos— y que las protestas de líderes políticos, religiosos y sociales han ido creciendo, ha habido que llegar hasta las escalofriantes escenas de Mineápolis que recogen la muerte de Pretti —precedidas por las del asesinato de Renée Good— para que la Casa Blanca reaccione. Sus escandalosas mentiras sobre lo ocurrido quedaron barridas por la realidad de los hechos. Ahora, el clamor ha sido unánime en EEUU y en los países democráticos.
Bovino se creyó el actor principal de una película de nazis. Cultivó la imagen de un auténtico mariscal de campo de las SS —su título era el de «comandante»— y se prestó a ser la punta de lanza de la guerra del Gobierno contra los inmigrantes en ciudades gobernadas por demócratas. Era la estrella de los MAGA, a los que alimentaba a través de sus redes con un equipo de filmación que tomaba orgullosamente imágenes de las brutalidades cometidas —en iglesias, en guarderías y supermercados, en centros administrativos de inmigración— contra ancianos, hombres, mujeres y niños.
En Mineápolis, la Casa Blanca usó a Bovino como portavoz para justificar las brutalidades en conferencias de prensa diarias en las que echaba la culpa de todo a los policías locales y los manifestantes. Pero han sido precisamente imágenes de vídeo las que han demostrado que el enfermero Pretti, que tenía permiso para llevar armas, no sacó la suya en ningún momento ni atacó a los agentes. Uno de ellos le desarmó y otros dos le dispararon por la espalda. Ni siquiera la basura de la realidad alternativa procedente del Departamento de Seguridad Nacional —que trató de mantener la patraña de que el enfermero había atacado a los gánsteres uniformados— ha podido ocultar la realidad de lo ocurrido.
Ahora, en una típica voltereta de Trump, el presidente dice que las cosas han ido demasiado lejos y que ha hablado con el gobernador de Minesota, Tim Waltz —al que hace unos días acusó de «incitación a la violencia»— y con el alcalde de Mineápolis, Jacob Frey, y que están todos «en la misma onda». El asesinato habría sido «un desafortunado incidente» y la muerte de Pretti, algo «muy triste», pero con el nombramiento de Tom Homan al frente del ICE las cosas se resolverán. Homan reportará directamente a Trump, lo que supone una humillación obvia de Kristi Noem, la responsable de Seguridad Nacional.
Estas fueron sus palabras del martes; horas después, el miércoles, Trump volvía a amenazar al alcalde al decirle que «está jugando con fuego» por criticar la política de inmigración de la Casa Blanca. Lo que dijo Jacob Frey, después de entrevistarse con Homan, fue esto: «Mineápolis no aplica ni aplicará las leyes federales de inmigración, y seguiremos centrados en mantener la seguridad de nuestros vecinos y nuestras calles».
Ni el apartamiento —y aparente jubilación— del Reichsführer-SS Bovino, ni el desprecio de la impresentable Kristi Noem ni la supuesta investigación que la Casa Blanca ha abierto sobre la ejecución de Pretti van a cambiar mucho las cosas. Todo lo anterior ha pasado porque el clamor nacional e internacional ha sido inmenso, y porque desde las propias filas republicanas han surgido condenas más o menos firmes. Pero la manera de hacer política de Trump se mantendrá: la división y el enfrentamiento por delante, la mentira como hábito y la provocación como táctica para, llegado el caso, restringir la democracia hasta donde sea necesario.
Nada va a cambiar, específicamente sobre la deportación masiva de millones de inmigrantes sin papeles, porque fue uno de los pilares de la campaña electoral de Trump y porque su base lo respalda. La Casa Blanca no ha retirado a los agentes del ICE de Minesota ni de ningún otro lugar. Los agentes suspendidos de empleo y sueldo por los asesinatos recibirán alguna sanción menor, como ha ocurrido antes y como volverá a ocurrir. Se tratará de ocultar las violaciones de derechos básicos con mentiras, como ha ocurrido en Mineápolis, y solo cuando haya pruebas insostenibles entrarán en acción los cambios cosméticos, las caras compungidas, las reuniones con las autoridades locales.
Nada va a cambiar en el estilo autoritario y dictatorial de la Casa Blanca, porque su modelo sigue siendo el intento de golpe del 6 de enero de 2021, el asalto al Capitolio por las turbas MAGA alentado por el propio Donald Trump con la falsa excusa de que los demócratas habían robado las elecciones que perdió frente a Biden.
La reivindicación de aquel intento de golpe —su glorificación— marca a fuego esta Administración y explica todo lo que ha ocurrido después en su guerra civil contra medio país. Cuando los agentes del ICE se creen impunes tras hostigar, maltratar y matar a ciudadanos, tienen el 6 de enero de 2021 en la cabeza. Cuando el respeto a la ley y a las instituciones está por los suelos en EEUU, la clave está en el 6 de enero de 2021.
Dentro de nueve meses hay —si EEUU sigue siendo una democracia, que este año celebra sus 250 años de vida— elecciones legislativas de mitad de mandato. Si una mayoría de ciudadanos, por encima de sus preferencias políticas, entienden que este estado de cosas es insoportable en su país, es posible que la Cámara de Representantes cambie de mano —es más difícil que eso ocurra en el Senado— y se recorte el poder absoluto de Trump.
Los habitantes de Mineápolis, que han hecho retroceder el salvajismo del ICE en las últimas semanas y obligado a cambiar a la Casa Blanca con su firmeza no violenta y su valor para enfrentarse a la sinrazón, muestran el camino. Si la sociedad estadounidense reacciona así, la democracia seguirá cumpliendo años en EEUU. Si no, lo que se avecina en el horizonte del país es la tiranía.
