Irán figura entre los diez países del mundo donde más se persigue a los cristianos
Conversos al cristianismo se reúnen en secreto y se enfrentan a presión familiar, vigilancia policial y riesgo de detención

Recreación del testimonio de una cristiana en Irán. | Puertas Abiertas
Reunirse para rezar, tener una Biblia en casa o compartir la propia fe con un familiar puede convertirse en un riesgo en Irán. El país figura entre los diez del mundo donde los cristianos sufren mayor persecución, según la Lista Mundial de la Persecución de 2026 elaborada por la organización Puertas Abiertas.
En la república islámica, donde el islam domina la vida pública y jurídica, muchos creyentes se ven obligados a practicar su religión en secreto para evitar interrogatorios, detenciones o represalias dentro de su propia familia.
La situación forma parte de un fenómeno global que continúa creciendo. El informe de Puertas Abiertas calcula que más de 388 millones de cristianos sufren altos niveles de discriminación o persecución en el mundo, lo que equivale aproximadamente a uno de cada siete creyentes.
En algunos países, esa presión se traduce en asesinatos o ataques directos contra comunidades religiosas. En otros, como Irán, adopta una forma más silenciosa: vigilancia estatal, prohibición de reuniones religiosas y presión social contra quienes abandonan el islam.
Iglesias domésticas bajo vigilancia
La conversión desde el islam al cristianismo no está reconocida oficialmente en Irán y puede acarrear graves consecuencias. Durante los últimos años, se han cerrado muchas iglesias que celebraban cultos en lengua persa y sus creyentes se han visto obligados a reunirse en pequeños grupos clandestinos en viviendas particulares.
El informe señala que los cristianos conversos sufren presión no solo por parte de las autoridades, sino también de su entorno social y familiar, donde abandonar el islam puede provocar aislamiento o amenazas.
Este clima obliga a muchos creyentes a extremar las precauciones. Las reuniones se organizan en secreto, los teléfonos se apagan para evitar rastreos y las direcciones de encuentro rara vez se comparten por adelantado.
Ante todo, discreción
Somayeh, nombre ficticio para proteger su identidad, descubrió el cristianismo a través de una amiga y decidió convertirse tras visitar una iglesia. Cuando su marido encontró una Biblia en casa, la reacción fue violenta y su familia cortó contacto con ella.
A pesar de la presión, continuó practicando su fe en secreto. Con el tiempo, su casa comenzó a acoger pequeñas reuniones de creyentes que podían reunir a más de 30 personas, e incluso hasta 50 en celebraciones especiales. Estas reuniones se organizaban con estrictas medidas de seguridad. Los asistentes apagaban sus teléfonos y, si alguien llamaba a la puerta, se presentaban como simples visitantes para no levantar alarmas.
La situación cambió cuando recibió una llamada del servicio de inteligencia iraní que terminó con una advertencia: «Nos veremos pronto». Tras conocer que las autoridades seguían sus actividades, decidió abandonar el país.
Exilio y vida como refugiados
Historias similares documentadas por esta organización sobre el terreno se repiten entre muchos cristianos iraníes que han optado por huir del país.
Simin, una enfermera que también se convirtió al cristianismo, fue detenida junto a su marido por participar en actividades cristianas en una iglesia doméstica. Tras perder su empleo y recibir amenazas de las autoridades, terminó abandonando Irán con su familia. Hoy vive como refugiada en un país vecino. Desde allí mantiene contacto con creyentes dentro de Irán a través de reuniones y formación online. A pesar de las dificultades, asegura que el número de personas interesadas en el cristianismo continúa creciendo en el país.
Un fenómeno global en ascenso
Según la Lista Mundial de la Persecución de Puertas Abiertas de 2026, Irán se encuentra entre los diez países donde los cristianos sufren algunos de los niveles más altos de presión religiosa. El informe analiza cada año la situación en medio centenar de países donde la práctica del cristianismo puede implicar riesgos legales, sociales o incluso físicos.
El ranking está encabezado por países como Corea del Norte, Somalia, Yemen y Libia, donde la persecución se manifiesta de forma extremadamente violenta. Destaca el caso de Nigeria, que concentra el 72% de los asesinatos de cristianos en el mundo: allí, 3.490 personas perdieron la vida por profesar su fe el pasado año. En otros contextos, como el iraní, la represión es más estructural y se ejerce mediante la vigilancia estatal, la prohibición de cultos y el castigo social a la apostasía.
