México esconde sus muertos: el lado oculto de la estrategia de Sheinbaum contra la violencia
En los primeros 500 días del mandato de la presidenta han desaparecido 32 personas de media al día

Claudia Sheinbaum y su ministro de Defensa, Ricardo Trevilla. | Raquel Cunha (Reuters)
Para no ser un país formalmente en guerra, México presenta cifras de mortalidad violenta desproporcionadas. Baste una comparación: durante los primeros 14 años de la guerra de Siria, el Observatorio Sirio de Derechos Humanos contabilizó 656.000 muertes por combates. En México, en un lapso similar (2011-2025), fueron asesinadas cerca de 420.000 personas. De esos homicidios, 202.599 ocurrieron durante los cinco años y diez meses del gobierno de Andrés Manuel López Obrador (2018-2024), un promedio de 95 al día.
Desde su llegada al poder, Claudia Sheinbaum, sucesora de López Obrador, se ha empeñado en que su gestión no quede marcada por esa estela de sangre. Cada quincena, el gabinete de seguridad, que incluye a los mandos militares, comparece en su conferencia diaria en Palacio Nacional para desgranar estadísticas. En su reporte más reciente, el Gobierno presumió de un descenso del 44% en los homicidios respecto a septiembre de 2024, mes previo a su toma de posesión.
La presidenta ha intentado matizar la política de «abrazos, no balazos» de López Obrador, la cual permitió la expansión territorial del crimen organizado. Aunque en el discurso sostiene que la estrategia es la misma —presumiblemente para evitar fricciones con su predecesor—, en los hechos se percibe una mayor coordinación con agencias de Estados Unidos y un incremento en la captura de objetivos prioritarios. Sin embargo, al concentrar el éxito de su política de seguridad en la baja de homicidios, el Gobierno ignora deliberadamente otros tumores de la violencia: la extorsión generalizada y, sobre todo, la crisis de las desapariciones.
Diversos organismos civiles y centros de estudio sugieren que el «descenso» en los asesinatos podría ser fruto de una reclasificación de delitos. En un informe reciente, México Evalúa cuestiona las cifras oficiales: resulta estadísticamente inverosímil que el homicidio involuntario haya crecido un 6,3% mientras el doloso se desploma un 30,7%. Al mismo tiempo, el informe registra un aumento del 114,4% en otros actos criminales que atentan contra la vida, como las agresiones con armas de fuego.
Si la manipulación de las cifras de homicidio es todavía una hipótesis técnica, el crecimiento de las desapariciones es una realidad incuestionable. El Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas documenta más de 121.000 casos desde los años cincuenta. De ellos, 52.601 ocurrieron bajo el mandato de López Obrador. En los primeros 500 días de Sheinbaum —cumplidos el pasado 12 de febrero— se sumaron 16.238 casos más, elevando el promedio a 32 desapariciones diarias. Para ponerlo en perspectiva: la dictadura argentina hizo desaparecer a 30.000 personas en siete años. En México, donde las autoridades quizá no sean las principales causantes de las sustracciones, sino el crimen organizado, el ritmo actual es devastador.
A este drama se suma el desamparo institucional. El Estado mexicano ha dejado solos, por lo general, a los familiares de los desaparecidos. En ellos ha recaído la labor titánica y dolorosa de buscar el rastro de sus seres queridos en condiciones inhumanas y sin recursos públicos. Son las madres y hermanos quienes, ante la indolencia burocrática, se ven obligados a hurgar en basureros, cementerios y morgues, e incluso a rascar la tierra con sus propias manos en zonas peligrosas para localizar entierros clandestinos.
El perfil de la víctima también ha mutado hacia la juventud. Hoy se esfuman, en promedio, cuatro adolescentes de entre 14 y 18 años cada día. En los primeros 500 días de Sheinbaum, la cifra de mujeres adolescentes desaparecidas superó las 1.000, un salto alarmante frente a las 380 del periodo equivalente con López Obrador o las 58 con Felipe Calderón.
De las 1.030 chicas desaparecidas en esos primeros 500 días de la administración, 109 casos ocurrieron en Ciudad de México, sede de los Poderes Federales; 244 más en el Estado de México, la entidad más poblada, que rodea la capital como una herradura; 80 en Baja California, estado fronterizo con Estados Unidos, y 46 en Morelos, el otro estado vecino de Ciudad de México, donde hace unos días se encontraron dos estudiantes universitarias de 18 años muertas, previamente secuestradas y desaparecidas durante varios días.
Esta tragedia mexicana obliga a considerar la posibilidad de que buena parte de los 121.000 desaparecidos estén muertos, lo cual, de confirmarse, acabaría con cualquier percepción de mejoría.
Sheinbaum, primera mujer en alcanzar la Presidencia de México, suele repetir en las plazas públicas que ella no llegó sola al cargo. «Llegamos todas», asegura. Sin embargo, la realidad de las cifras contradice el eslogan. El porcentaje de mujeres desaparecidas creció cuatro puntos porcentuales respecto del inicio del período anterior, y el de las adolescentes, más de siete puntos.
Mientras el Gobierno se refugia en gráficas de descenso y celebraciones estadísticas, la tierra en México sigue hablando.
