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Internacional

Los caballos de Troya de Putin en Europa sabotean a la UE

La extrema derecha nacionalista de Hungría y Alemania, con buenos amigos en otros países, espía para el Kremlin

Los caballos de Troya de Putin en Europa sabotean a la UE

Imagen generada con IA.

Péter Szijjártó, ministro de Exteriores de Hungría, ha estado pasando durante los últimos cinco años información confidencial de la Unión Europea al responsable de Exteriores de Rusia, Sergei Lavrov. Lo contó The Washington Post: el ministro aprovechaba los descansos en las reuniones de dirigentes europeos para su labor de espionaje.

La primera reacción del húngaro Szijjártó fue decir que la información del diario estadounidense era falsa y que lo que quería el Post es respaldar al partido opositor Tisza, dirigido por el ahora eurodiputado conservador Péter Magyar, en las elecciones parlamentarias del 12 de abril en Hungría. La segunda reacción ha sido genial: el ministro ha confirmado que ha estado pasando sistemáticamente información a los rusos de lo que los líderes europeos hablaban a puerta cerrada. Su papel, asegura, «forma parte de la diplomacia normal».

Por su parte, el diario Politico cita a tres diplomáticos de la UE y cuatro parlamentarios alemanes para afirmar que «el acceso a documentos confidenciales de la UE por parte del partido Alternativa para Alemania (AfD), favorable a Rusia, está suscitando la preocupación de que las deliberaciones delicadas queden al alcance de Moscú».

Todos los diputados alemanes, recuerda Politico, «tienen acceso a una base de datos que contiene miles de documentos de la UE. Entre ellos se encuentran notas confidenciales de reuniones de embajadores en las que los diplomáticos del bloque debaten las posiciones de sus países sobre cuestiones geopolíticas, como los planes para financiar a Ucrania utilizando activos rusos congelados». Y Anton Hofreiter, diputado de Los Verdes y presidente de la comisión de Asuntos Europeos del Bundestag, asegura que «existen sospechas fundadas de que [AfD] filtra información a China o Rusia».

El primer ministro de Polonia, Donald Tusk, se ha tomado muy en serio el espionaje del Gobierno de Hungría: «La noticia de que el equipo de Orbán informa a Moscú con todo detalle sobre las reuniones del Consejo de la UE no debería extrañar a nadie. Hace tiempo que teníamos sospechas al respecto. Esa es una de las razones por las que solo intervengo cuando es estrictamente necesario y me limito a decir lo estrictamente necesario». Y un alto diplomático europeo citado por Politico coincide con Tusk: «En Bruselas estamos tomando todo tipo de precauciones para proteger las reuniones y la información sensibles», pero el acceso de AfD «deja un enorme agujero con forma de Putin en nuestras medidas de seguridad».

Que el objetivo de Putin, sobre todo desde su invasión de Ucrania —pero también antes, como ocurrió con su injerencia en los tiempos del procés en España—, es desestabilizar a los países europeos no necesita demostración. Desde otra perspectiva y, por desgracia, coincide en ello con el desprecio del presidente estadounidense hacia los antiguos aliados. Pero que las simpatías de los populismos de extrema derecha —y extrema izquierda— por Moscú lleguen hasta el punto de actuar como auténticos caballos de Troya del Kremlin dentro de la gran casa europea es un claro motivo de alarma.

El primer ministro húngaro ha utilizado su poder de veto en el seno del Consejo Europeo para bloquear o retrasar las decisiones sobre las sanciones a Moscú tras la invasión de Ucrania y sobre la ayuda militar del bloque comunitario europeo a Kiev. Orbán mantiene este veto al préstamo de 90.000 millones a Ucrania hasta que el petróleo ruso vuelva a llegar a Hungría a través del oleoducto Druzhba, la misma razón que invocó este miércoles para cortar el suministro de gas a Ucrania. Orbán y sus oligarcas han robado miles de millones a través de contratos públicos; España no está sola en la corrupción a gran escala desde el poder; el primer ministro húngaro justifica las guerras comerciales y los aranceles de Trump y se suma a los que sustituyen la diplomacia y las relaciones internacionales con la fuerza y el chantaje y ven la inmigración exclusivamente como un problema de seguridad. Es también la línea oficial de Vox: el pasado fin de semana Santiago Abascal fue a Budapest a apoyar a Orbán y al resto de la familia de Patriotas por Europa.

Por otra parte, las relaciones entre Alternativa para Alemania y la Rusia de Vladímir Putin son claras. Los extremistas alemanes tienen afinidades políticas, se oponen a la ayuda a Ucrania, piden el levantamiento de las sanciones económicas contra Rusia, viajan a Moscú, comparten el rechazo por la UE y la OTAN y han sido acusados de recibir dinero ruso. Razones suficientes para que el partido —que no deja de subir en los sondeos, aunque empieza a haber incomodidad entre sus miembros por el factor Putin— vea en el Kremlin un bastión de tradicionalismo muy útil para contraponerlo a los valores liberales europeos.

Bruselas acaba de pedir explicaciones al Gobierno de Hungría sobre la información de The Washington Post confirmada por el propio acusado. Poco se puede esperar de esta solicitud. A lo más que puede aspirar la Comisión, después de años de tensión con Orbán, es a que el resultado de las importantes elecciones húngaras del 12 de abril le sea adverso al autócrata. La victoria de Péter Magyar sería clave para desmontar la actividad antieuropea y prorrusa del Gobierno de Budapest.

La UE tiene una estrategia múltiple para neutralizar las maniobras desestabilizadoras de Putin que incluye 17 paquetes de sanciones y herramientas contra los ataques cibernéticos y la guerra híbrida, la manipulación de la información y el sabotaje de infraestructuras críticas. Además, aunque Orbán lo boicotea, Bruselas intenta utilizar los fondos rusos inmovilizados (entre 140.000 y 285.000 millones de euros) para ayudar a la defensa y reconstrucción de Ucrania.

Pero la clave es la unidad de los Veintisiete para que Rusia no explote las divisiones internas. Hasta ahora, la unanimidad que se exige para las decisiones importantes es la que ha estorbado esa unidad, porque los caballos de Troya la impiden. El asunto no es nuevo, pero ha llegado a un límite insoportable. Hay que cambiar este y otros elementos de una Unión construida sobre el consenso y que nunca ha expulsado a un socio de sus filas. Noble objetivo, pero cada vez más contrario a la eficacia de la UE, que está obligada a acelerar su integración. Con la muy argumentada fórmula de las dos velocidades, de países más y menos comprometidos con los valores y los intereses europeos, o con cualquier otra que permita que la UE funcione.

Si los Veintisiete no resuelven este dificilísimo reto, su horizonte político, económico, tecnológico, energético y de seguridad presenta un futuro débil y preocupante. Si el proyecto no avanza hacia la integración federal, Europa no será relevante en el nuevo mundo que se está configurando. Y aumentarán sus posibilidades de desaparecer como Unión.

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